Jaime de Althaus
El Comercio, 17 de enero del 2026
“El Estado se sostiene cobrándole y ajustándole cada vez más a los formales, ahogándolos, lo que genera a su vez informalidad”.
El Perú puede volver a dar un gran salto de desarrollo a partir del 2027 si el próximo gobierno ejecuta las reformas necesarias para resolver los problemas estructurales que nos lastran. Una entrada chocante a esos problemas es el contraste escandaloso entre el número de horas que trabaja al año un trabajador formal versus uno informal. El Perú es el país del mundo que “disfruta” de más días no laborables en el año, contando feriados y vacaciones. Pero, según la OCDE, el Perú es al mismo tiempo el país en el que los trabajadores laboran en promedio más horas al año. Y esto se debe al 72% de informalidad. Mientras el Perú formal descansa, el informal trabaja. El sector formal explota al informal.
Pero no porque el formal sea malvado, sino porque los costos no salariales del trabajo y los regulatorios son tan altos que no solo generan altísima informalidad, sino que ese sector formal necesita del informal para que le provea bienes y servicios baratos para compensar esos altos costos. Así, las empresas y hogares formales consumen transporte, servicios personales, comercio y hasta vivienda informales para reducir el costo de vida del trabajador formal y el costo operativo de la empresa formal.
El sistema consigue así un equilibrio de baja productividad a costa de la explotación de los informales. La principal reforma del próximo gobierno entonces debe apuntar a romper ese equilibrio perverso mediante una desregulación profunda para crear una formalidad inclusiva que permita el crecimiento acelerado de todos en la formalidad.
Porque hay además un agravante: los buenos precios de los minerales y las agroexportaciones producen un superávit comercial que genera un dólar barato, que se suma a los altos costos de la formalidad para acogotar la producción formal para el mercado interno, que no puede competir con las importaciones. Para que pueda hacerlo hay que bajarle costos regulatorios.
La altísima corrupción que vemos en los gobiernos subnacionales (y en el nacional) obedece a que los emprendimientos no pueden prosperar en el mercado formal, y entonces capturan el Estado para convertirlo en botín y vehículo de movilidad social ascendente. Y esos que así ingresan inventan más regulaciones y trabas para cobrar peaje, lo que a su vez genera más informalidad. Círculo vicioso.
Lo segundo entonces es implantar la meritocracia a todo nivel. Ingresar al Estado, permanecer y ascender solo por mérito y resultados. Porque hay otro agravante: si el sector formal explota al informal, dentro del propio sector formal el sector público explota al sector privado, pues las remuneraciones en el Estado son en promedio superiores a las del sector privado formal, y suben por encima de la inflación, sin que los servicios públicos mejoren. Al contrario, empeoran. Muchos servidores no producen nada, salvo impedimentos, o roban. Entonces no solo meritocracia, sino reducción del gasto improductivo y redundante.
Y reducir carga impositiva, porque con tanta informalidad, el Estado se sostiene cobrándole y ajustándole cada vez más a los formales, ahogándolos, lo que genera a su vez informalidad. Nuevamente circulo vicioso. Menores tasas impositivas para incluir, distribuir entre un mayor número la carga del Estado, y crecer más.
Eso es.






