Iván Arenas
Perú21, 13 de febrero del 2026
«Pero el silencio yanqui no podía continuar. Estados Unidos ha regresado a recuperar su influencia hegemónica en su “hinterland” por un motivo decisivo: los minerales críticos y sus líneas de suministro».
Oficialmente, Estados Unidos retira su influencia hegemónica de su “hinterland” latinoamericano la primera semana de noviembre de 2005 cuando en la “IV Cumbre de las Américas” en Mar del Plata en Argentina, la “pinza” Lula – Chávez se “baja” la propuesta de un mercado común llamado la Alianza de Libre Comercio de las Américas (ALCA); reunión a la que asistió el presidente y promotor del acuerdo, el republicano George W Bush. “Estoy un poco sorprendido por lo que pasó aquí” dicen que dijo Bush en reclamo al argentino Néstor Kirchner quien fue parte de la trampa. El ALCA se fue “al carajo”.
La agenda yanqui entonces se reenfocó hacia Afganistán, Irak y al Medio Oriente, parte de la llamada “Isla Mundial” en las tesis de Mackinder; y el antiimperialismo yanqui —germinado entre 1960 a 1990 debido a la revolución cubana— se redujo al mínimo con el también liderazgo de Chávez y sus petrodólares. Los yanquis se fueron.
En esa larga ausencia norteamericana de más de dos décadas, China desarrolló una estrategia de “ascenso pacífico” junto a una intensa relación protocolar hacia América Latina basada en el comercio de materias primas y minerales con excelentes términos de intercambio que “jalaron” los vagones de las economías nacionales.
Pero el silencio yanqui no podía continuar. Estados Unidos ha regresado a recuperar su influencia hegemónica en su “hinterland” por un motivo decisivo: los minerales críticos y sus líneas de suministro. En días previos, el nuevo traductor de la doctrina Monroe, Marco Rubio, convocó a sus aliados y firmó diversos memorandos de entendimiento comercial y de colaboración con países como Chile, Argentina y Perú, las denominadas “repúblicas del cobre”, con el fin de asegurar el litio, el cobre, el estaño o el zinc en línea a garantizar su independencia energética y para su industria.
El regreso yanqui viene con estridencia, “con el brillante coche en la noche” como aquel poema de Allen Ginsberg. El actual embajador en el Perú, Bernie Navarro no es un plenipotenciario de línea, sino un político y negociador cuyas formas le obligan a intervenir en fondo y forma en la agenda nacional. Sabe que el Perú es clave y ha venido a un lugar estratégico para los intereses comerciales chinos: puerto de Chancay y el “tren bioceánico” pivote de la Franja y la Ruta.
Jaime de Althaus sostiene que la nueva relación de yanqui con su “hinterland” sudamericano y en especial con el Perú podría organizar una nueva forma de “movimiento antiimperialista” olvidado hace décadas; sobre todo en un momento cuando la reputación china está por los suelos debido a la actuación de empresas no oficiales. Pero además en un momento electoral donde en apariencia los marxismos no tienen mayor posibilidad. Considero que Navarro no deba seguir el ejemplo del embajador yanqui Rocha quien logró aupar a Evo Morales cuando no era nadie. Evo diría luego que Rocha “fue su mejor jefe de campaña” y ganó las elecciones.






