Iván Alonso
El Comercio, 29 de agosto del 2025
“El año que viene, votemos por un candidato que, cuando menos, prometa mantener abierta la economía”.
En los libros de texto de economía internacional una economía pequeña y abierta es el paradigma de un país que importa lo que puede comprar más barato en el exterior y exporta lo que puede producir a menor costo que otros países, ateniéndose a precios internacionales que no puede controlar. Estas economías, dice la teoría, que no es más que una observación cuidadosa de la práctica cuando es una buena teoría, terminan especializándose en aquellos productos en los que tienen ventajas comparativas; es decir, productos en los que son más eficientes y por mayor margen que otros países.
El Perú era y sigue siendo una economía pequeña en el contexto mundial, pero es solamente a partir de 1994 o 1995 que puede considerarse una economía abierta. Hasta entonces, el coeficiente de apertura, que es la suma de las exportaciones e importaciones dividida entre el producto bruto interno (PBI), fluctuaba entre el 25% y el 35%. Ahora se mueve en el rango del 50% al 55%.
La apertura comercial comenzó con una reducción primero gradual y después drástica de los aranceles, que pasaron de representar el 1,9% del PBI en 1995 y el 1,7% en el 2000 al 0,2% en el 2020 y al 0,1% en la actualidad. Como fuente de recaudación, se han vuelto insignificantes; y está bien que así sea.
La reducción arancelaria siempre ha generado temores, algunos interesados y otros no, de que la libre importación “destruya” la producción nacional. Pero lo que sucede es, más bien, lo contrario: las exportaciones despegan y se diversifican porque el crecimiento de las importaciones propicia una mayor demanda de dólares que incentiva las exportaciones. En los últimos 30 años, nuestras exportaciones crecieron un promedio de 5% por año, el doble que en los 30 años anteriores. El número de partidas arancelarias exportadas, según Promperú, pasó de 2.633 en 1995 a 4.788 en el 2024.
La importancia de la apertura comercial para la prosperidad sin precedentes de las últimas décadas tiende a subestimarse. Más importancia se le da a la estabilidad monetaria y fiscal. Pero, si bien la estabilidad facilita el cálculo empresarial del que depende la inversión, la apertura comercial es tan o más importante porque obliga a calcular los ingresos y egresos con precios internacionales, guiando la inversión hacia aquellos productos en los que el Perú es más competitivo.
El año que viene, votemos por un candidato que, cuando menos, prometa mantener abierta la economía; y si promete reducir aún más los aranceles, mucho mejor. El cero es el límite.