Ismael Benavides
Expreso, 30 de enero del 2026
Así reza un titular del noticiero France 24, de notable tendencia caviar. Refleja la pésima imagen internacional de república bananera del Perú y por supuesto de su clase política, e indudablemente impacta en la economía.
El affaire chifero del Presidente Jerí ha vuelto a poner sobre el tapete una octava vacancia presidencial en menos de 10 años, y acentúa la creencia en el imaginario peruano que es democrático cambiar presidentes a cada rato, cuando pierde popularidad, comete errores e irregularidades reales o percibidas, o promovido por los medios de comunicación que arman campañas para sacarlos, a veces de la mano con violencia callejera, sin respetar la constitución y las leyes. Hay varias teorías sobre la génesis de esta tendencia en el Perú, pero lo cierto es que es una realidad que no solo refleja la precariedad de nuestra democracia, sino la falta de solidez de nuestras instituciones.
Se han juntado para vacar a Jeri, perro, pericote y gato, con 6 mociones de censura o vacancia, liderados como siempre por la irresponsable izquierda que solo busca desorden y caos, especialmente estando cerca de las elecciones, y seguramente con algún inconfesable propósito de fraude contra los líderes de las encuestas, López Aliaga y Keiko Fujimori. Sorprende que de manera poco reflexiva se una al coro de la izquierda, Porky y Renovación Popular.
El único partido que se ha pronunciado sobre el escándalo Jeri de forma responsable y ponderada ha sido Fuerza Popular, que, coincidiendo con distinguidos constitucionalistas, ha pensado en el país, ad-portas de un proceso electoral en menos de 3 meses. Se pronunció sin blindar a Jerí, y exigiendo el debido proceso y que se continué a fondo con las investigaciones hasta que se determine la responsabilidad del presidente, sin caer en una vacancia “exprés” como pretende la izquierda. Las consecuencias para el país de un manejo inadecuado y sin seguir la normativa constitucional y legal de este escándalo podría tener impactos graves en la política, y también en la economía que en estas circunstancias estaría más afectada por la incertidumbre y hasta podría gatillar una fuga de capitales adelantándose a resultados electorales negativos.
Recién se inicia el proceso electoral, y ya empiezan a volar las propuestas populistas, la mayoría de ellas incumplibles, como la del ex alcalde de Lima, Lopez Aliaga de trasladar la capital del Perú a Junín donde no existe la infraestructura, ni una carretera adecuada para llegar, y menos el ánimo de los peruanos para trasladarse, o la de Lopez Chau de saquear las reservas del Banco Central al estilo Boliviano. Como esa hay toda clase de ofertas, como en vitrina, y mientras tanto la apatía, la desconfianza y el desconcierto cunde en el pueblo peruano que ahonda más su escepticismo sobre la democracia.
El Perú llega al 2026 con una macroeconomía sólida, NO por una excelente gestión del Estado por los últimos gobiernos, con excepción del BCR, sino gracias a las pautas marcadas en la Constitución de Alberto Fujimori de 1993. Pero el país llega muy mal en seguridad ciudadana, pobreza, desempleo y corrupción. La responsable de esto es la inepta izquierda peruana que ha gobernado el país desde el año 2000 con la sola excepción del exitoso Gobierno de Alan García.
Llegamos a estas elecciones con 36 candidatos, engendrados por el malévolo cambio constitucional de Vizcarra y sus esbirros para confundir a los peruanos y diluir el voto de manera que casi cualquiera, con 10% o más de los votos pueda pasar a segunda vuelta. Lo positivo es que perversa leyenda creada por la izquierda contra el Fujimorismo se desvanece con la sentencia del TC, y podemos gozar, si tenemos el estómago, al Fiscal que acusó a Keiko y decenas de peruanos injustamente, lanzando diatribas incoherentes en su blog. También la vilipendiada derecha, acompañada de las ideas de la libertad y la prosperidad de los pueblos avanza en el mundo y la región, y candidatos como Keiko Fujimori, hoy limpia después de años de persecución, podrá tener la preferencia de gran parte de los votantes peruanos que la acompañaron en las elecciones pasadas.






