Ismael Benavides
Expreso, 6 de marzo del 2026
El repentino corte del suministro de gas natural de Camisea, y el alza del precio del petróleo como consecuencia de la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán que ha limitado el tránsito de los tanqueros petroleros por el estrecho de Hormuz, muy rápidamente ha golpeado los bolsillos de los peruanos que hoy tienen que pagar más por la gasolina y el petróleo y eventualmente por el GLP y el gas natural que ha sido racionado. Ha sido como se dice, la tormenta perfecta para provocar una crisis energética en el Perú, y ha desnudado las enormes debilidades de la política energética peruana que ha sido pésimamente mal manejada por los gobiernos de izquierda de los últimos 15 años.
Los peruanos hemos caído en la complacencia de tener energía eléctrica 24 horas al día sin la incomodidad de las voladuras de torres de Sendero Luminoso de hace 30 años. Tenemos gas para generar electricidad, la industria y los hogares y nuestras grandes exportaciones de minerales nos permiten tener los recursos para importar el petróleo y los combustibles que no tenemos. Sin embargo, esto a escondido una falta de política energética especialmente en los últimos 15 años que nos trae al momento que estamos viviendo y que puede resumirse y en pocos temas, pero cruciales.
Primero una alta dependencia del gas de Camisea para la generación del 45% de la electricidad que consume el Perú, y un solo ducto para transportarlo a la Costa. El estado debió haber exigido, tanto al Consorcio Camisea como a la dueña del ducto, TGP, las inversiones necesarias para asegurar el gas y tener un ducto más seguro.
En segundo lugar, la falta de desarrollo de energía eléctrica hidráulica que puede fácilmente sustituir la generación a gas cuando este recurso se agote, ya que solo quedan entre 15 y 20 años de reservas probadas. El último intento de promover centrales eléctricas hidráulicas en el río Marañón por el presidente Alan García fue saboteado por los ambientalistas y el Congreso Humalista en 2010, y a pesar de ello logró construir las centrales de Chaglla y Cerro del Aguila que fueron las últimas ejecutadas por capital privado.
Otro error de la política energética ha sido no desarrollar mayores yacimientos de gas que pudiesen extender la vida de Camisea o desarrollar nuevas áreas como en la Cuenca del Madre de Dios donde ya existe un pozo perforado por Mobil Oil con 14 trillones de pies cúbicos probables de gas, similar a Camisea, en el Parque Nacional de Candamo, cuyo desarrollo otra vez es impedido por la izquierda y los ambientalistas, que atacan a las empresas formales que cuidan el medio ambiente, mientras callan en todos los tonos la depredación de la minería ilegal en esa zona.
Finalmente, el otro gran error de la política energética ha sido la falta de promoción de la exploración y producción petrolera que nos ha llevado a tener que importar 220,000 barriles diarios de petróleo, o el 83% de lo que consumimos, colocándonos a merced de los vaivenes de los precios internacionales y posibles limitaciones de abastecimiento. En vez de ello, Humala y la izquierda promovieron la innecesaria y sobre valuada refinería de Talara que nada contribuye a las necesidades nacionales de petróleo y causa enormes pérdidas al país.
La izquierda ha tenido en una influencia nefasta sobre la política energética del Perú, empezando con la estatización del petróleo y la electricidad por Velasco, continuando con el activismo del alcalde cusqueño Daniel Estrada que logró paralizar Camisea por 15 años hasta que el presidente Alberto Fujimori lo destrabó y licitó para beneficio del Perú hasta el día de hoy. Pero a pesar del evidente fracaso de la inversión en la refinería de Talara promovida por Humberto Campodónico y Humala, y la calamitosa situación de las petroleras estatales en el Perú, Venezuela, México y Colombia, y otros países, la izquierda insiste en ahuyentar la inversión privada y estatizar las actividades energéticas de gas, petróleo y electricidad.
Guido Bellido, fracasado Premier de Pedro Castillo pretendió hacerlo con Pluspetrol y el Consorcio Camisea, y en el actual proceso electoral, Cerron, López Chau y los diversos personajes de la izquierda ofrecen lo mismo, volver a estatizar todas las actividades energéticas y regresar al pasado. La crisis que hoy vivimos es un anticipo de lo que puede pasar si los peruanos escuchan los cantos de sirena de la izquierda en las próximas elecciones.






