Entrevista a Gianfranco Castagnola
Perú21, 18 de enero del 2026
Fabiana Sanchez / Carlos Cabanillas
Uno de esos retos de la economía peruana está vinculado al populismo, y es que, según señaló, este no es solo un problema que incluye a la izquierda, sino que también hay una derecha que ha caído en este juego que impacta en la estabilidad fiscal del país.
El Perú tiene una serie de retos para este año, sobre todo porque empezamos un periodo electoral que podría definir cómo le irá al país en materia económica en los próximos años, Gianfranco Castagnola, presidente del directorio de Apoyo Consultoría, nos habla acerca de eso y del populismo que golpea al país.
El presidente del BCR, Julio Velarde, informó en diciembre que no se estaba viendo aún el impacto de las elecciones en la economía. ¿Cómo lo ven ustedes?
La economía peruana, luego de un periodo muy duro que empezó en la pandemia, siguió con el desastroso gobierno de Pedro Castillo y la mediocre gestión de Dina Boluarte. Ha tenido durante 2025 una recuperación muy importante que demuestra su resiliencia. La economía peruana entra al periodo electoral 2026 con un pie muy distinto al que entró en el año 2021. Algunas cifras para demostrarlo las vemos con la inversión privada, que creció 10%, una tasa que no veíamos, sin contar el rebote de la pandemia, desde 2012. El empleo formal privado también avanzó 6% en un momento en que logramos controlar la inflación al 1.5%. La moneda (sol) siguió fortaleciéndose, el déficit fiscal lo estamos controlando en 2.2% del producto bruto interno (PBI), aunque luego hablaremos de eso. El consumo de cemento, que es un buen indicador porque buena parte proviene de la autoconstrucción de las familias, en el último trimestre creció 13%. Estamos entrando a un 2026 con un entorno de precios favorables (metales).
También hay un tema de más confianza y mayor consumo, ¿verdad?
A fines de 2025, las familias que dicen que se sienten mejor que hace 12 meses son más que aquellas que señalan que se sienten peor. Es la primera vez que tenemos estos indicadores desde la pandemia. La confianza empresarial, que es un indicador que medimos en Apoyo con Ipsos, está en su máximo nivel en los últimos 10 años. Están dadas las condiciones para que la economía peruana agarre tracción y podamos tener un 2026, 2027 y 2028 mejores. Evidentemente, está el nubarrón de las elecciones. Estos comicios son realmente importantes, pero en el año 2026 y 2027, la inversión en minería e infraestructura va a crecer en 13%. Tenemos en minería nuevos proyectos como Tía María, ampliaciones como Cuajone, extensiones de vida útil como Antamina, Mina Justa. El otro motor importante son las asociaciones público-privadas a las que, en 2024 y 2025, se les dio un impulso que no veíamos desde hace una década. Felizmente, se ha simplificado el régimen de autorización.
¿Qué otros motores importantes se vienen para la economía?
Uno importante es el de la energía renovable. También tenemos la agroindustria, donde el Perú tiene un boom espectacular. Hemos exportado casi US$3,000 millones de arándanos, casi US$2,000 millones de uvas. Tenemos una serie de motores que, si los mantenemos, harán que 2026, 2027 y 2028 sean relevantes.
¿Qué puede frenar todo esto?
Más allá de un colapso de la economía internacional que nos pegue y que nosotros no lo controlamos, es que volvamos a elegir mal en las elecciones. Por eso, es tan importante, porque nos jugamos tanto en estos comicios. Este proceso electoral conlleva algunos riesgos. Uno de esos riesgos es que estamos en un proceso de pasar de la degradación de la política a la lumpenización de la política. Hay gente que entra al Estado a vivir del mismo, pero también a cometer actos de corrupción. Antes había congresistas que tenían temas de integridad; hoy hay una masa de potenciales congresistas que tienen estos casos.
¿Qué otros riesgos pueden observar?
El otro es la pérdida de estabilidad en el manejo de la economía. Creo que la batalla contra el populismo la estamos perdiendo por walkover. El Congreso, por ejemplo, aprobó la Ley de Reforma Previsional, y al poco tiempo —llevado de la nariz por un partido populista y muy destructor— aprobó el nuevo retiro (de los fondos de la AFP). ¿Quiénes se opusieron a eso? Tres medios de comunicación, entre ellos ustedes, 10 economistas sueltos por ahí y nadie más. No hubo ningún partido de derecha o de centroderecha que saliera a oponerse a este retiro. Lo mismo sucedió con todas las iniciativas de gasto fiscal que aprobó el Parlamento.
Es decir, no hay oposición a esta destrucción fiscal.
Esas iniciativas de gasto fiscal no las aprueba solo la izquierda, las aprueba junto con la derecha populista. No se aprueban solas. Hay alguien que les termina dando el visto bueno. Por eso es que digo que la batalla contra el populismo la estamos perdiendo, y estamos pasando esto por agua fría.
¿El populismo es tan peligroso porque viene de los dos lados, de izquierda y derecha?
Correcto. La sensación que uno tiene es lamentable. Sabemos cómo piensa la izquierda, pero hay una derecha populista que incluso tiene el apoyo de sectores empresariales, y esto es más destructivo que la izquierda. Yo a un partido que va a gobernar le pediría primero, integridad, respeto al Estado de derecho, o sea, la supremacía de la ley, separación de poderes, seguridad jurídica y respeto de los contratos. También le pediría sensatez en el manejo de la economía.
¿No ha habido esa sensatez en los últimos años?
Hoy sabemos que la izquierda de Pedro Castillo no fue íntegra, no respetó el Estado de derecho y fue absolutamente indiferente al manejo de la economía; pero la derecha populista no es tan distinta a eso. La derecha populista irrespeta el Estado de derecho y no muestra respeto al manejo de la economía. El sector empresarial no es consciente de eso y pasa por agua tibia todos esos irrespetos de esa derecha que yo la veo casi tan peligrosa como alguna fuerza de izquierda.
En el Congreso se sigue abriendo el caño a los gastos fiscales y el Ejecutivo, hasta el momento, no ha ido al Tribunal Constitucional para poner un freno.
Creo que este Gobierno (de José Jerí) tiene el capital político motivado por un estilo presidencial muy distinto al de Dina Boluarte y que le permite tener una aprobación cerca del 50%. Además, cuenta con la oportunidad de dejar por lo menos un par de legados para que lo recordemos bien. Cerrar el caño implica, evidentemente, no tenerle miedo al Congreso para ir al Tribunal Constitucional y lograr que este órgano diga lo que señala la Constitución: que el Legislativo no tiene iniciativa de gasto.
¿Por qué es tan necesario para el país hacer esto?
Parte de la sensatez económica implica no solo retomar la conciencia y la importancia del crecimiento económico, tan menguada por sectores intelectuales, de izquierda, etcétera, sino también retomar el manejo fiscal. En el uso de los recursos estamos dilapidando sin vergüenza. La planilla del Estado está creciendo 12% en 2026. Están subiendo los sueldos reales o metiendo gente de una manera irresponsable. El costo de la planilla del Estado entre 2019 y 2026 aumentó 70%. Yo le pregunto a la población, ¿la calidad de los servicios públicos en ese periodo ha mejorado en 70%? No. Estamos despilfarrando los recursos fiscales. Estamos despilfarrando la plata que este ‘boom’ económico nos está dando.
Y mientras tanto tenemos S/42,000 millones en obras paralizadas.
Eso significa que ese dinero que se destinó para esas obras no está sirviendo para darle ningún servicio al ciudadano. Hablemos de salud. El servicio de salud es un desastre, y es un desastre porque la gestión también lo es. Entonces, la economía funciona, lo que no funciona es el Estado, y para que funcione necesitas políticas públicas, funcionarios íntegros y eficientes que sean capaces de ejecutar esas políticas y esos recursos.
PETROLERA EN APUROS
Por otro lado, la situación de Petroperú es crítica. ¿Qué se puede hacer con la empresa?
El Estado ha metido S/17,600 millones y probablemente le termine inyectando S/4,000 millones más, porque son garantías que el Estado ha otorgado a préstamos que se le hicieron a la empresa. Pero esta es una compañía cuya situación es tan crítica que no está pagando a sus acreedores. Debe más de S/2,500 millones de impagos que se vienen acumulando desde agosto, a empresas grandes que le proveen petróleo que es vital para que siga produciendo. Pero también le debe a muchas empresas chicas, a proveedores en Talara, en Piura, en Lima. En estos tres años de salvataje tras salvataje no se ha hecho absolutamente nada para mejorar la gestión. En estas circunstancias, una empresa privada ya estaría entrando a Indecopi. En el caso de Petroperú, o se dejaba que los acreedores vayan a Indecopi o se buscaba una reestructuración liderada por el Estado y se incorpore al decreto legislativo 674.
¿En qué consiste eso?
Este es un decreto que viene de los 90 con el cual se reestructuraron muchas empresas y que da flexibilidad. Puedes reorganizar la empresa en bloques patrimoniales y en cada bloque incorporar capital privado, vender activos, dar la empresa con un contrato de gerencia, entre otros. Todo esto es hacer un Plan de Promoción de Activos que lo liderará Proinversión. Acá el reto es que implementar este plan tomará tiempo y tenemos a los proveedores que están con el agua al cuello, y si le dejan de proveer a Petroperú, la petrolera puede dejar de operar. El reto por eso es, mientras se ejecute el plan, qué hacemos con la empresa para que siga operativa. Ese es un camino.
Hay un sector de la izquierda que se opone a la reorganización de la estatal.
Y por eso que otro reto está vinculado a la oposición de algunos políticos de izquierda del Congreso en cuanto a los beneficios que pierden trabajadores de Petroperú, pero eso hay que combatirlo. No hay que tenerle temor a la palabra “privatización”. No hay que tener temor a la palabra “ajuste”. Se ha hecho un escándalo porque se podría estar reduciendo el número de trabajadores, pero si la empresa está cerca de la insolvencia, con serios problemas de liquidez y le sobran trabajadores, ¿por qué no ajustarlo? De no hacerlo, implica que nuestros impuestos se están yendo a pagar a trabajadores que no se necesitan.
Las personas en general no están muy de acuerdo con el gasto. Según una encuesta de Ipsos, un 84% considera que el apoyo a Petroperú se pudo usar para otra cosa.
Lo interesante de lo que está ocurriendo es que la población entiende lo que los políticos y economistas, populistas y de izquierdas no entienden, y es un concepto elemental en economía, que es el costo oportunidad. Esos casi S/18,000 millones que se han inyectado equivalen a nada. El monto es más de la mitad del presupuesto anual de salud, sector que está absolutamente olvidado. La mayoría de la población hubiera preferido que esa plata se gaste en educación, salud, seguridad. Ellos entienden lo que los políticos de izquierda no. Hay que sacar de la mesa palabras que son falaces como que es una “empresa estratégica” porque no lo es, es una empresa más que el sector privado podría manejar con más eficiencia.
Pero se usará a Petroperú como un caballito de batalla para las elecciones.
Sí, pero según la encuesta de Ipsos casi un 60% quiere que Petroperú se venda o se liquide; solo un 25% cree que el Estado le debe seguir regalando dinero. Ojo, en el corto plazo va a haber que hacer algo con los proveedores para que la empresa siga operativa, pero otra cosa es que sea un barril sin fondo, como lo fue de 2022 a 2025. Lo que teníamos en la anterior gestión, que fue tan nefasta que las calificadoras de riesgo han dicho que no van a poder calificarla porque no ha habido información transparente.
«LA IZQUIERDA ES LA PRINCIPAL PROMOTORA DE LA MINERÍA ILEGAL»
Este año también tenemos elecciones subnacionales y es cerca de la aprobación del presupuesto de 2027. ¿Ahí también habría que poner una mira?
Definitivamente. Cuando uno ve el nivel de ineficiencia de los gobiernos regionales es impresionante. Si uno ve solo salud, estuvo cuántos años el hospital de Cusco paralizado. En Tacna, el hospital regional desde hace 10 años que viene en reconstrucción y no se termina. ¿La gente qué servicios está recibiendo? Ese es el problema que se tiene que atacar y no la economía que funciona. Cuando viene la izquierda y pide el cambio de Constitución, y eso no implica que el Estado funcione mejor; cuando uno escucha a la izquierda y sus candidatos se oponen a la minería, pero hoy esa izquierda es la principal fuerza promotora de la minería ilegal.
¿Qué tan factible es sacar proyectos mineros formales con esa izquierda?
Quiero ser optimista y creo que hay un cambio en el estado de ánimo de la población. Creo que no hay un ánimo de salir a protestar, creo que la gente se ha dado cuenta de que ese discurso antiminero le ha costado a la población. Si las empresas mineras se manejan con inteligencia, con cercanía a la población, muchos proyectos deberían destrabarse.






