Fernando Calmell del Solar
Expreso, 10 de febrero del 2026
Había un país en el que los artistas escribían canciones que resaltaban el orgullo, el amor a la patria y a nuestra bandera. Canciones que describían la belleza de nuestra geografía y la calidad humana de nuestra gente. Había una vez un Perú con deportistas, periodistas y políticos que representaban un verdadero liderazgo y que, al mismo tiempo, representaban nuestra peruanidad.
Yo me pregunto, y ustedes seguramente también: ¿qué pasó con ese país? Es increíble que, en solo 25 años, el orgullo se haya transformado en vergüenza; que el compromiso se haya convertido en oportunismo; que la sinceridad haya sido derrotada por el cinismo; que hacer Perú y que nuestra causa sea el Perú haya pasado a ser solo mercantilista. ¿A dónde se fue ese país de líderes y de héroes?
Estamos a dos meses de las elecciones, pero la gran mayoría de la población está entre desorientada y desilusionada, porque ninguno de los postulantes logra la mínima identificación que necesita un candidato para lograr el respaldo que necesita un futuro presidente para, así, llevar adelante ese cambio que reclama el 80% de los peruanos.
Tenemos candidatos a la presidencia cuestionados por sus conductas, por su modo de hacer negocios, por su pasado judicializado; por estar acusados de evasión, corrupción, robo, hasta violencia familiar. Partidos cuyo único interés parece ser lucrar con el proceso electoral para recibir los millones que reparte la ONPE o, aún peor, que cobran cupos a cada uno de los que tienen inscritos en sus listas para ser diputados o senadores. Tal vez la solución sea cambiar el nombre y que, en lugar de ser elecciones libres, se llamen Mercaelecciones.
La realidad real es que, en gran parte, el culpable de todo esto es Martín Vizcarra, que modificó la ley electoral para que se produzca este desmadre. Y pensar que, cuando promulgó estas nefastas reformas en 2019, dijo: “Tenemos la oportunidad histórica de construir una democracia con instituciones eficientes y libres de corrupción, y con una ciudadanía empoderada y vigilante”. ¿Acaso tenemos menos corrupción? No. ¿Tenemos instituciones eficientes? No. ¿Acaso la ciudadanía está o se siente empoderada? No. Parece un chiste, pero no lo es.
Gracias a este cambio, tenemos 48 partidos, de los cuales 36 quedan en carrera, y, ojo, todos reciben plata: millones que pagamos todos los peruanos.
Lo cierto es que los opinólogos ya hablan de que el próximo gobierno será, una vez más, dominado absolutamente por el Congreso. Los futurólogos afirman que, a más tardar, en 2028 tendremos nuevas elecciones, porque la vacancia será inevitable. Lo concreto es que hoy ningún candidato obtiene más de un voto por cada diez electores y tampoco tendrá el respaldo de la opinión pública.
Amigos, nadie ha entendido a la ciudadanía. Nadie ha entendido que el cambio de ciclo no es solo una frase para el discurso. Pero les aseguro que yo estaré junto a ustedes, porque sabemos que la única salida que tenemos como país es un necesario cambio de ciclo.






