Alfonso Bustamante Canny
Perú21, 7 de enero del 2026
«Para que los candidatos serios y comprometidos con el desarrollo tengan una oportunidad de llegar a la segunda vuelta, se requiere financiamiento privado transparente».
La captura del requisitoriado dictador-narcotraficante Nicolás Maduro, que mantuvo a Venezuela sumida en la miseria, marca un punto de quiebre para las economías ilegales y para la vida política de la región. En un mundo paralizado por excusas y burocracias, corresponde reconocer el liderazgo y la determinación del presidente Donald Trump al enfrentar directamente a las estructuras criminales que sostienen regímenes autoritarios. Ahora, amparados por Estados Unidos, la tarea de los venezolanos, es recuperar su país y desmontar el sistema delincuencial que aún ostenta el monopolio de la fuerza.
En el Perú, a solo cuatro meses de las elecciones, este hito debe encender todas las alertas. Sin el soporte político y financiero de Venezuela, Cuba, Irán y Bolivia, y sin el mal uso de la cooperación internacional que durante años financió a la izquierda radical a través de ONG como el IDL, los órganos de control electoral deberán reforzar la vigilancia del financiamiento proveniente del narcotráfico y la minería ilegal a las candidaturas presidenciales y parlamentarias.
Con 36 aspirantes presidenciales, el proceso electoral es una lotería. Para que los candidatos serios y comprometidos con el desarrollo tengan una oportunidad de llegar a la segunda vuelta, se requiere financiamiento privado transparente. La ley electoral permite aportes de personas naturales y jurídicas, siempre que sean de origen lícito, bancarizados, plenamente identificados y dentro de los límites establecidos. No hay excusas para la inacción.
La democracia no se financia sola. Si el empresariado no asume su responsabilidad histórica apoyando a los candidatos que defienden la institucionalidad, la inversión y el crecimiento, el vacío será ocupado por el dinero sucio y agendas destructivas.
Económicamente, este 2026 se ve bien. La demanda global por cobre, oro y ahora plata —clave para microchips y paneles solares— impulsa una tendencia alcista sostenida. La agroexportación generó 648 mil empleos directos en 2025, incorporando a 48 mil peruanos a la Población Económicamente Activa (PEA) formal. Esa tendencia debe seguir creciendo, sin embargo, con un mal resultado electoral podemos perdernos este ciclo de oportunidad. No seamos indiferentes, sigamos apostando por el Perú.
* Empleo directo, indirecto e inducido en agroexportación en 2025: 1.89 millones






