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Lima-Perú, 17/01/2019 a las 09:01am. por Lampadia

Maduración, más que debacle

Se ajusta la industria de teléfonos inteligentes

Una reciente estadística ha generado cierta preocupación entre los inversionistas de los mercados de las tecnologías de información y comunicación (TIC). Según fuentes de The Economist (ver artículo líneas abajo), por primera vez en la historia de dicha industria, se estima que en el 2018 las ventas de teléfonos inteligentes registrarán una leve caída con respecto al año anterior.

Análisis

Este hecho se condice con una reciente caída en el precio de la acción en el orden del 10% de una de las compañías líderes en el rubro, Apple.

Si bien Apple concentra solo el 13% de los usuarios a nivel mundial, el valor de la compañía sigue siendo un buen indicador del desempeño de esta industria, ya que captura casi todas las ganancias de esta.

Ante esta realidad surge una pregunta inquietante, ¿Es este el fin del ciclo expansivo de los smartphones? Un producto que ha permitido el acceso a la información de forma universal.

Analicemos. En primer lugar, el hecho que se registre una caída anual en las ventas de una industria de consumo particular no implica necesariamente el inicio de su debacle. Ello puede deberse a múltiples factores tales como una desaceleración económica, un cambio de preferencias de los consumidores, saturación del mercado, un choque negativo de oferta que encarece los bienes y por ende se demandan menos, entre otras razones.

En el caso de los teléfonos inteligentes, la hipótesis que plantea The Economist es que se trataría más de un alargamiento de los ciclos de reemplazo de dichos productos. Dado que, en percepción de los consumidores, los nuevos modelos ofrecen solo mejoras marginales con respecto a los modelos anteriores, el período de tenencia de estos últimos se ha prolongado.

En este sentido, no se podría hablar de una menor demanda per se, sino por el contrario, se trataría de una estabilización, tras haber alcanzado un pico en las ventas en el 2017.

Otro argumento que rebatiría también la hipótesis de una posible “debacle” de esta industria, se puede ver a través de la penetración mundial de teléfono inteligente al 2018. Al día de hoy, el teléfono inteligente es el producto de consumo más grande que ha conocido la humanidad, con 4 mil millones de usuarios, el 70% de la población adulta mundial.

Es muy difícil hablar del fin del ciclo de este producto cuando aún prevalecen enormes brecha de infraestructura en materia de conectividad en grandes regiones del mundo. El teléfono inteligente les permite a las personas que viven en estos países, sin invertir muchos recursos, acceder a la comunicación global y a enormes volúmenes de información, factores cruciales en la toma de decisiones empresariales y de consumo en el día a día. Esto último impulsa el crecimiento y es un gran movilizador social.

Creemos al igual que The Economist, que dadas estas razones, el smartphone ha venido al mundo para quedarse, en tanto “mantiene su promesa como el dispositivo que hará que la computación y las comunicaciones sean universales”. Lampadia

 

¿Pico de los teléfonos inteligentes? Qué bien
La maduración de la industria de los smartphones es motivo de celebración

Son malas noticias para los accionistas de Apple, pero buenas noticias para la humanidad.

The Economist
10 de Enero, 2019
Traducido y glosado por Lampadia

Cuando Apple redujo su estimación de ingresos para el último trimestre de 2018 debido a la inesperada desaceleración de las ventas de iPhones, los mercados se convulsionaron. El precio de las acciones de la compañía, que había estado bajando durante meses, cayó un 10% más el 3 de enero, un día después de que saliera la noticia. Las acciones de los proveedores de Apple también se vieron afectadas. Esta semana, Samsung, el mayor fabricante mundial de teléfonos inteligentes, por volumen, que también vende componentes a otros fabricantes de teléfonos inteligentes, dijo que sus ventas fueron más débiles de lo esperado en el trimestre.

Los analistas estiman que la cantidad de teléfonos inteligentes vendidos en 2018 será ligeramente más baja que en 2017, el primer descenso anual de la industria. Todas estas son noticias terribles para los inversionistas que han apostado por un crecimiento continuo. Pero retroceda y mire la imagen más grande. El hecho de que las ventas de teléfonos inteligentes hayan alcanzado su nivel máximo, y parece que se está estabilizando en alrededor de 1,400 millones de unidades al año, es una buena noticia para la humanidad.

La gente ha votado con sus billeteras para hacer del teléfono inteligente el producto de consumo más exitoso de la historia: casi 4 mil millones de los 5,5 mil millones de adultos en el planeta ahora tienen uno. Y no es de extrañar. Conectan a miles de millones de personas a la gran cantidad de información y servicios de Internet. Los teléfonos hacen que los mercados sean más eficientes, compensan la infraestructura deficiente en los países en desarrollo e impulsan el crecimiento. Sí, pueden usarse para perder tiempo y difundir la desinformación. Pero lo bueno supera con mucho lo malo. Podrían ser la herramienta más efectiva de desarrollo en existencia.

La desaceleración no refleja desencanto; todo lo contrario. Es el resultado de la saturación del mercado. Después de una década de rápida adopción, hay mucho menos espacio para vender teléfonos a los compradores primerizos, ya que quedan muy pocos. Eso es lo que más afecta a Apple porque, a pesar de una cuota de mercado relativamente pequeña (13% de los usuarios de teléfonos inteligentes), captura casi todas las ganancias de la industria. Pero el dolor de Apple es ganancia de la humanidad. El hecho de que los beneficios de estos dispositivos mágicos estén tan ampliamente distribuidos es algo que debe celebrarse.

¿Qué pasa con las personas que todavía carecen de un teléfono inteligente? Las ventas de 1,400 millones de unidades al año implican 2,800 millones de usuarios que reemplazan sus dispositivos cada dos años, o 4,200 millones que los reemplazan cada tres años. La realidad está en algún punto intermedio, y los ciclos de reemplazo se están alargando a medida que los nuevos modelos ofrecen solo mejoras marginales. Muchos teléfonos se usan por más de tres años, a menudo restaurados o como de baja. Así que incluso con ventas planas, las brechas más largas entre las actualizaciones significan que la penetración general sigue aumentando. Las personas que ya tienen teléfonos también se benefician. Para todos, excepto para los fanáticos de los gadgets más obsesivos, la desaceleración de las actualizaciones viene como un alivio bienvenido.

¿Significa eso que la innovación se está desacelerando? No. Los últimos teléfonos contienen tecnología increíblemente inteligente, como escáneres faciales 3D y cámaras asistidas por inteligencia artificial. Pero al igual que con tecnologías maduras como los automóviles o las lavadoras, las campanas y silbatos adicionales ya no causan una profunda impresión.

Lo más importante es que los teléfonos inteligentes soportan innovación adicional en otras áreas. El despliegue de aplicaciones y servicios en una plataforma inmadura cuyas perspectivas son inciertas es arriesgado; en una madura no lo es. De este modo, los teléfonos inteligentes proporcionan una base para las innovaciones de hoy, como los pagos móviles y la transmisión de video, y para los futuros, como el control de electrodomésticos "inteligentes" o la robotaxis de llamadas.

A medida que las computadoras se vuelven más pequeñas, aún más personales y más cercanas al cuerpo de la gente, muchos técnicos estiman que los dispositivos portátiles, desde relojes inteligentes hasta auriculares de realidad aumentada, serán la próxima gran cosa. Aun así, encontrar otro producto con el alcance del teléfono inteligente es una tarea difícil. El teléfono inteligente mantiene su promesa como el dispositivo que hará que la computación y las comunicaciones sean universales. La reciente desaceleración de las ventas de teléfonos inteligentes es una mala noticia para la industria, obviamente. Pero para el resto de la humanidad es un signo positivo de que una tecnología transformadora se ha vuelto casi universal. Lampadia

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