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Lima-Perú, 05/05/2019 a las 09:05pm. por Lampadia

Tras una década del régimen autocrático del ex presidente Rafael Correa

Ecuador vira hacia un mejor futuro con Lenín Moreno

Desde que Lenín Moreno - ex vicepresidente del gobierno del entonces presidente Rafael Correa – asumiera la presidencia de Ecuador en 2017, nuestro país vecino ha experimentado un notable cambio de rumbo en todos los ámbitos de su política, incluida la política exterior. Respecto a este último aspecto, el detonante aconteció el pasado 11 de abril con la expulsión de Julian Assange de la Embajada de Ecuador en Londres, lo cual contravino una decisión tomada por el ex presidente Rafael Correa en el 2012 en razón de brindar asilo político a una persona que era alabada por las izquierdas globales y algunos medios de la prensa internacional como un verdadero ejemplo de libertad de expresión.

¿Por qué es importante esta medida, a la luz de las demás decisiones políticas económicas, sociales y culturales tomadas por el gobierno de Moreno en lo que va de su mandato?

En un reciente artículo publicado por Foreign Policy (ver artículo líneas abajo) se explica a profundidad cómo la decisión del asilo político de Assange fue determinante para el éxito de Correa dentro del ala partidista de izquierda. Se señala que dicha medida, en su momento, fue solo un señuelo sensacionalista para que Correa pudiese hacerse famoso como símbolo de la libertad de expresión mundial, lo cual lo ayudó a justificar su actuación de autócrata desenfrenado en los demás campos de la política. Un recuento de estas políticas incluyeron:

  • Capturó instituciones y programas de desarrollo que antes eran manejados por organizaciones de la sociedad civil.
  • Causó conflicto con comunidades indígenas por políticas en torno a la extracción de recursos naturales.
  • Frenó sobremanera a los partido de izquierda - sus propios simpatizantes que otrora lo hicieran llegar al poder - y aumentó sobremanera la regulación hacia las ONG.
  • Se hizo de gran parte de los medios de comunicación privados para atacar a sus principales adversarios y disidentes políticos.

Pero lo realmente grave de su mandato fue que la izquierda ecuatoriana nunca se pronunció en contra de tales excesos - solo semejantes a los emprendidos por un dictador en ciernes - por su retórica antiimperialista. Sólo cuando empezaron a dar cuenta que la existencia de sus propios partidos estaba en peligro decidieron dar un paso al costado. Así, el caso de Correa se constituye como un ejemplo más de cómo los líderes de izquierda terminando traicionando a sus propios partidarios en el denominado socialismo latinoamericano, como aliado de Chávez y Maduro. Otro ejemplo lo reflejó muy bien Fidel Castro con el Che Guevara, cuando este último fue expulsado de Cuba en los años 60 con el “encargo” de llevar a cabo la revolución marxista en los demás países de nuestra región, dejándolo a su suerte con una reducida milicia y siendo asesinado por el gobierno boliviano en 1967.

En conclusión, consideramos que los cambios introducidos por el presidente Moreno a partir del retorno de la democracia y salvaguardando la libertad de comunicación y los derechos de libre asociación para los movimientos sociales, fueron positivos y vale la pena profundizar en ellos.

Los buenos resultados que traerán estas políticas en unos años cambiarán la forma de pensar de la sociedad ecuatoriana, concretamente, el valor de la libertad - tan pisoteado por el régimen de Correa – se empoderará sobre sus mentes como el único camino - hasta ahora descubierto – para generar desarrollo. Así nuestro vecino del norte, Ecuador, virará hacia un mejor futuro. Lampadia

Para Lenín Moreno de Ecuador, el desalojo de Julian Assange es solo el comienzo

El presidente ecuatoriano está tratando de revertir ampliamente el legado de Rafael Correa

El Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, Luis Almagro (izquierda) escucha mientras el Presidente ecuatoriano Lenín Moreno habla en la OEA en Washington el 17 de abril (Brendan Smialowski / AFP / Getty Images)

Carlos de la Torre
Foreign Policy
22 de abril, 2019
Traducido y glosado por Lampadia

Después de casi siete años de protección diplomática, se agotó la buena voluntad de Julian Assange con Ecuador. El 11 de abril, Assange fue expulsado de la Embajada de Ecuador en Londres, donde el entonces presidente Rafael Correa le había dado asilo en 2012 para evitar las críticas internacionales de que su gobierno estaba restringiendo la libertad de expresión. Al proteger a Assange, Correa también se convirtió en un ícono de la izquierda política global.

Lenín Moreno, actual presidente de Ecuador, ex vicepresidente, protegido y sucesor de Correa, no solo expulsó a Assange de la embajada sino que también lo despojó de la ciudadanía ecuatoriana otorgada por el gobierno en 2017. Los izquierdistas de todo el mundo vieron la acción de Moreno como la culminación de su traición al legado de Correa.

Primero, rompió con Correa, y luego anunció un referéndum popular que se celebró en 2018, en el que los ecuatorianos votaron abrumadoramente para rechazar la posibilidad de la reelección de Correa. (Aunque Correa, que vive en Bélgica, es poco probable que regrese pronto, un juez ordenó su arresto en Ecuador por su presunta participación en el secuestro fallido de un político ecuatoriano de la oposición en Colombia). Correa y sus partidarios argumentan que la acción de Moreno muestra la reversión total de su política exterior. Pero la expulsión de Assange es solo un ejemplo de cómo Moreno ha revertido en gran medida los planes de Correa para Ecuador desde su elección en 2017.

Cuando Assange buscó refugio por primera vez en la Embajada de Ecuador, Correa había estado en el poder durante seis años y estaba liderando una carga para derribar a todas las instituciones políticas del país. Una asamblea constituyente participativa redactó una nueva constitución que mejoró varios derechos - e incluso otorgó derechos a la naturaleza - mientras concentraba el poder en manos de la presidencia. Correa puso al estado en el centro del desarrollo. Ecuador, miembro de la OPEP, cuenta con el petróleo como una de sus mayores fuentes de ingresos por exportaciones. Al cosechar los frutos de los precios del petróleo extraordinariamente altos, Correa tenía los recursos para aumentar el tamaño del estado, redistribuir los ingresos y reducir la pobreza. Sin embargo, al hacerlo también incrementó la dependencia económica del país en la extracción de petróleo y minerales, y justo a tiempo para la fuerte caída de 2014 en los precios del petróleo.

Aunque algunos izquierdistas de todo el mundo vieron en Correa un líder antiimperialista y progresista, una reputación que se reforzó cuando le dio asilo a Assange, su relación con la izquierda ecuatoriana y los movimientos sociales se deterioraron rápidamente.

Las principales controversias giraron en torno a cuestiones de autonomía: el estado se hizo cargo de las instituciones y los programas de desarrollo que antes manejaban los movimientos sociales, incluidos los programas que enseñaban idiomas indígenas. Correa también se enfrentó con grupos indígenas por sus políticas para la extracción de recursos naturales. Su administración criminalizó la protesta y acusó a cientos de líderes indígenas y rurales de terrorismo y sabotaje. Reprimió los partidos de la izquierda y aumentó drásticamente la supervisión de las organizaciones no gubernamentales. También se involucró en medios privados, utilizando el sistema legal para atacar a periodistas, caricaturistas políticos y propietarios de medios.

En el contexto de una confrontación aguda con los medios de comunicación, la protección que se extendió a Assange permitió a Correa desempeñar un papel, al menos a nivel internacional, como un faro de libre expresión. Correa invirtió recursos para representarse a sí mismo como un líder de izquierda ante audiencias internacionales. Por ejemplo, su gobierno invitó a celebridades internacionales a participar en una campaña para denunciar los daños ambientales de Chevron-Texaco. También organizó conferencias regionales para intelectuales y políticos de izquierda. Al desafiar simbólicamente a los países que condenó como imperialistas, se volvió menos atractivo para los izquierdistas nacionales e internacionales cuestionar sus políticas autocráticas en el país.

Sin embargo, a medida que el precio del petróleo se desplomaba y los movimientos sociales protestaban contra sus políticas, los sondeos de opinión mostraron que Correa podría no ganar en 2017. Para mantener su asiento ocupado mientras tanto por políticos amigos, puso a sus ex vicepresidentes, Moreno y Jorge Glas, en el boleto del partido y se aseguró de que sus candidatos ganaran, invirtiendo recursos estatales en la elección.

Una vez en el cargo, sorprendiendo a amigos y enemigos por igual, Moreno rompió con su mentor para liderar un retorno a la democracia en Ecuador.

En lugar de encubrir los escándalos de corrupción, el contralor y el fiscal del país investigaron y encarcelaron a muchos de los antiguos colaboradores de Correa, incluido Glas, que se desempeñaba como vicepresidente de Moreno. Moreno también propuso un referéndum popular para febrero de 2018, cuyos resultados pusieron fin a las perspectivas de reelección permanente de Correa y permitieron a Moreno desmantelar el control duradero del ex presidente del sistema judicial y otras instituciones.

La constitución de 2008 creó el Consejo para la Participación Ciudadana y el Control Social con el fin de garantizar la transparencia y dar a los ciudadanos otra voz en la gobernanza. En la práctica, el cuerpo de siete miembros estaba formado por personas designadas por Correa, quienes a su vez nombraron a la Contraloría General, al Fiscal General, al Defensor del Pueblo para los derechos humanos y a los miembros del Consejo Nacional Electoral. Después de que Moreno ganó el referéndum, se le dio el poder de nombrar un consejo de control social de transición de las listas de nominados presentadas por grupos de la sociedad civil. El consejo temporal se movió rápidamente para reemplazar a los nombrados por Correa, nombrando un nuevo ombudsman, fiscal general y nuevos miembros del Consejo Judicial y el Consejo Nacional Electoral.

Moreno prometió restablecer la democracia respetando la libertad de comunicación y los derechos de libre asociación para los movimientos sociales, rompiendo con el estilo de Correa, en el que actuó como la única voz legítima y autorizada de la gente. Muchos de los antiguos compañeros de viaje de Correa cambiaron su apoyo a Moreno y pretenden transformar el partido personalista de Correa en un partido de la izquierda democrática más amplia. Moreno también heredó muchos proyectos de infraestructura sin terminar, como refinerías de petróleo y represas eléctricas, así como la deuda externa de Correa. Moreno trató de evitar pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI), pero en febrero aceptó los préstamos del FMI, algo que Correa se negó a considerar.

Moreno también heredó el espinoso debate político sobre Assange, quien se estaba convirtiendo en un invitado más complicado de la embajada ecuatoriana en Londres.

Al comienzo de la administración de Moreno, la ministra de Relaciones Exteriores, María Fernanda Espinosa, le dio a Assange la nacionalidad ecuatoriana, el estatus diplomático, y trató sin éxito de enviarlo a la Embajada de Ecuador en Moscú. Pero a medida que la política exterior de Moreno cambió - por ejemplo, rompió con el presidente venezolano respaldado por Rusia, Nicolás Maduro, el antiguo aliado de Correa, para apoyar al líder opositor Juan Guaidó - la tenencia de Assange se estaba convirtiendo en un punto de controversia. Lampadia

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