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Lima-Perú, 04/11/2020 a las 09:11am. por Carlos Gálvez Pinillos

Adaptémonos a los tiempos

Oportunidades para la juventud

Carlos E. Gálvez Pinillos
Expresidente de la SNMPE
Para Lampadia

Si bien es cierto al Perú ya se le está agotando el bono de juventud, dando paso a una estructura poblacional que va transformando la pirámide tradicional, en un rombo que tendrá múltiples efectos. También es cierto que la inclinación vocacional de los jóvenes está reorientándose hacia actividades y educación más moderna, con una alta dosis de digitalización, que en apariencia no conectan con la actividad económica tradicional.

El Perú tiene entre sus fortalezas, actividades económicas como; la agroindustria moderna, la industria minera con la ejecución de sus proyectos, el desarrollo de la infraestructura de todo tipo y que tanta falta nos hace, la actividad pesquera y de piscicultura, la industria energética, cada vez más limpia, moderna y eficiente y una multiplicidad de industrias de transformación, donde aún tenemos amplios márgenes para el crecimiento y la eficiencia. Todo lo dicho, va amarrado a nuestra educación y formación técnica y profesional.

Este tema educativo, es un aspecto fundamental que debemos afrontar con mucha seriedad. Yo que tengo un espíritu burlón, no he podido contener ácidos comentarios, al ver algunos catedráticos con algún libro entre manos, antiguo y amarillo por el tiempo, preparándose para entrar a clase. La pregunta recurrente es, ¿estamos formando profesionales para los próximos 50 años o para el siglo pasado?

Los de la generación que se inició en las aulas universitarias con una Regla de Cálculo, pero que evolucionó pasando; primero a la calculadora mecánica, luego eléctrica , para llegar a la calculadora electrónica y finalmente saltar a la computadora personal con sus hojas de cálculo,  sabemos que ese fue un desafío generacional y que, a pesar de hacer nuestro mejor esfuerzo, nuestros hijos y nietos nos llevan en eso, gran ventaja.

Mirarnos en ese espejo, puede permitir una gran oportunidad para la juventud, pero que a su vez, es un gran desafío para los gobernantes, los maestros y autoridades académicas. Esta lamentable pandemia ha forzado al mundo académico, de todas las latitudes, a repensar todos sus planes, programas y sistemas de enseñanza. Se ha tenido que recurrir a la enseñanza no presencial y a desarrollar cursos completos, de distintas disciplinas, para un formato de esta naturaleza.

Me pongo a pensar en la oportunidad que se abre, si pudiéramos repensar nuestra educación universitaria, adquirir material académico de las mejores universidades, institutos técnicos y colegios del mundo. Estos, a su vez, podrían diluir el costo para sus instituciones educativas, si universalizan su enseñanza, comercializando sus cursos completos (enlatados) a nivel mundial, en lugar de destinarlo a unas pocas decenas o centenas de alumnos. ¿Se imaginan, que nuestros estudiantes, de todas las universidades peruanas, pudieran recibir sus clases, directamente de profesores; por ejemplo, de MIT, ¿Stanford, Harvard u Oxford? ¿Que los mejores profesores del mundo pudieran enseñar a nuestros estudiantes?

Hoy que la enseñanza se ha transformado en virtual, podríamos adecuar nuestras normas, formas, procedimientos y todo lo que haga falta, para poner lo mejor del mundo a disposición de nuestros estudiantes. ¿Nuestras autoridades serían capaces de imaginar ese “salto cualitativo”? ¿De facilitar y promover ese proceso? ¿Nuestros catedráticos serían capaces de cambiar su rol, para convertirse en facilitadores de una educación del más alto nivel? ¿Nuestros estudiantes serán capaces de asumir el desafío de internacionalizar su educación e ir al más alto nivel de exigencia académica?

Como se puede ver, podemos y debemos sacar las mejores oportunidades creadas a partir de una crisis universal, tal como el COVID-19. Muchas personas y empresas, lejos de amilanarse ante esta crisis, se han reintentado y han logrado un “salto cualitativo” de creación de valor.

En el Perú tenemos más de 140 universidades, entre buenas, regulares, malas y muy malas. Por supuesto que ninguna excelente, capaz de aparecer en un ranking universal, pero nuestros congresistas (altamente mediocres mentales y de espíritu) quieren, por un lado tumbarse el esfuerzo de la SUNEDU por hacerlas cumplir un estándar mínimo aceptable y por otro, aprovechando su ventana de oportunidades de año y medio para aparecer en una foto, crear 14 universidades más.

Cuando uno piensa en clases virtuales, deja de ser necesario tener más de un puñado de universidades, separadas sólo en función de las profesiones afines a gestionar. Una para medicina y ramas afines, otra para las ingenierías, otra para ciencias económicas, administrativas y contables, otra para derecho, ciencias sociales y políticas, una más para ciencias de la tierra y tal vez una última para tecnología de la información y comunicaciones. Ya con eso tendríamos un número suficiente, con educación estandarizada y calidad asegurada, no importa en qué lugar del planeta se encuentren, podrán educarse con los mejores profesores y sistemas del mundo.

Reduciríamos el costo de la burocracia universitaria, podríamos invertir esos recursos en laboratorios especializados de calidad, bajaría notoriamente el costo de una carrera y no habría profesionales “bamba”, aquellos que lograron un cartón, pero no aprendieron nada...

Los invito a pensar y debatir la idea, pues esa será la única oportunidad, para que nuestra juventud pueda ponerse en condiciones de competir en el mundo globalizado del siglo XXI. Lampadia

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