Miguel Palomino
La República, 28 de abril del 2026
Los políticos tienen a su disposición un enorme presupuesto; lo que falta es que expliquen cómo van a usarlo para mejorar nuestros servicios.
Durante las elecciones del 2021 hubo muchos temas de fundamental importancia para el país de los que en la práctica se dejó de hablar por la enormidad de la crisis entonces impuesta por la pandemia. Eran temas que se dejaron para más adelante, pero que nunca se retomaron, cuando fuera para hacerlos empeorar.
Entre estos temas se encuentran la educación y la salud, que no deberían verse con una óptica de izquierda ni de derecha. En ambos casos, la pandemia detuvo cualquier discusión de reformas críticas, aun cuando la misma crisis nos mostró lo vulnerable que era nuestro país en estos dos campos. En salud, todos los peruanos recordamos la ausencia de camas y oxígeno y el caos generado por las malas decisiones que llevaron a que el Perú fuera el país con la mayor mortalidad del mundo. Se estima que el número de peruanos que murieron en “exceso” durante este caos fue de aproximadamente 220,000. Es una cifra monstruosa que nos muestra el costo de hacer las cosas tan mal. En educación, los niños peruanos fueron de los que más sufrieron en el mundo por la pandemia, tanto medido en términos de días perdidos sin colegios como en la pérdida de logros en matemáticas y lenguaje.
Desde la pandemia, el Estado peruano ha mostrado total incapacidad para hacer algo en beneficio de sus ciudadanos en estas dos funciones prioritarias del Estado (y, de paso, tampoco en seguridad ni justicia). Entre el 2019 y el 2025 la satisfacción de la población con los servicios médicos públicos cayó de 45% a 30% y la satisfacción con las escuelas públicas pasó de 31% a 24%. Ambos indicadores están en su nivel más bajo desde que se tiene registro. En 2012, por ejemplo, la satisfacción con los servicios médicos era 48% y con las escuelas públicas, 54%.
Lo sorprendente es que, entre 2019 y 2025, el gasto del Sector Salud creció 75%, mientras que el gasto del Sector Educación creció 66%. Así, aunque el gasto anual en educación aumentó en 19,000,000,000 de soles y el gasto en salud anual aumentó en casi 14,000,000,000 de soles, aparentemente no se logró ninguna mejora en por lo menos la percepción de los usuarios. Recordemos, además, que resulta una verdad de Perogrullo decir que las condiciones de la salud y la educación pública se han venido deteriorando en los últimos años (tanto es así, que SuSalud dejó de medir la satisfacción de los pacientes para no avergonzarse).
Claramente, los recursos públicos no se están utilizando adecuadamente, lo cual no sorprende porque no ha habido ninguna política de salud ni de educación en los últimos años. ¿Alguien puede decir cuáles son (o eran) los principales objetivos operativos en salud y educación? ¿Siquiera se ha hablado de ello? Con la inestabilidad de ministros y viceministros, el único interés que se persiguió consistentemente fue el de aumentarse el sueldo a los trabajadores del sector. Entre el 2019 y el 2025 las remuneraciones en el sector Salud aumentaron 58% y en el sector Educación aumentaron 70% poniendo enormes presiones sobre el presupuesto nacional, presiones que se tornan permanentes.
Veamos el caso de la educación. La educación efectiva se paga sola: los aumentos en productividad que ocasiona son el motivo por el cual la educación pública se practica en todo el mundo. Todos apoyaríamos un fuerte aumento de sueldo a los maestros si este fuera dirigido hacia los que logran mejores resultados para nuestros niños; pero no ha habido ni siquiera una pretensión de relacionar el aumento y calidad de la enseñanza. El gobierno de Castillo se encargó de eliminar todo vestigio de meritocracia en la educación. Con un maestro mal pagado, cualquier mejora es difícil de conseguir; pero con un maestro bien pagado sin exigencias, no hay ningún incentivo a mejorar.
Las nuevas elecciones deberían llevarnos a pensar seriamente en cómo lograr que los aproximadamente 80,000,000,000 de soles que gastamos todos los años en educación y salud pública sean mejor utilizados. Sabemos que no se puede lograr un gran cambio en un corto periodo, pero al menos enrumbarnos hacia la dirección correcta es más de lo que se ha intentado hacer en los últimos seis años y es lo más valioso que se puede hacer.
Cualquier partido político debería contar con un pequeño equipo de especialistas en salud y educación que le permita señalar las grandes direcciones de políticas que planteará en su gobierno. Es más, así si no fuéramos a exigirlo, deberíamos exigirlo en el momento de votar. Eso es lo que debería ser nuestra preocupación más grande cuando está en juego el futuro de nuestro país. No tiene sentido prestarle mayor atención a promesas de construcción de colegios u hospitales cuando no nos explican qué piensan hacer con ellos una vez que existan. En la construcción de obras es donde están los intereses. La mejora de servicios es más importante, pero en vez de plantearse de una manera responsable, se utiliza como populismo.
Lo que planteo aquí no es que no se necesiten más recursos para educación y salud, sino que es necesario gastar mejor. ¿Cómo vamos a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos que son los que los mantienen a ellos y a su presupuesto de cerca de 270,000,000,000 de soles que les hemos confiado?
Con semejante presupuesto, cualquier equipo de gobierno, aunque sea mediocre, podría plantear objetivos claros y realistas que verdaderamente pongan primero el servicio al ciudadano. El estado de las cosas en estos sectores es tan precario y tan mal diseñado incluso en comparación con países vecinos que no hacen falta reformas demasiado sofisticadas o novedosas. Apenas un puñado de sentido común, algo de valentía y una pizca de visión. Tampoco es tanto pedir.






