Juán José Calle
Perú21, 27 de abril del 2026
Una refundación inteligente basada en metas compartidas aún es posible, sostuvo Juan José Calle.
El Perú vive una paradoja profunda: es un país inmensamente rico y, al mismo tiempo, estructuralmente entrampado. Rico en minerales, agroindustria, pesca y turismo; entrampado en una maraña legislativa desbordada, una burocracia ineficiente, una fragmentación política extrema y un profundo descrédito institucional.
A pesar de todo, el país crece. Muchas veces por encima del promedio regional. Eso demuestra que existe una fortaleza real: el Perú avanza no gracias a su sistema, sino a pesar de él. Pero esa contradicción no es sostenible.
La desconfianza se ha vuelto el rasgo dominante. No se cree en el Estado, ni en la justicia, ni en la política. A ello se suma una fractura interna persistente: entre Lima y el interior, entre costa, sierra y selva, entre formalidad e informalidad. Más que un país integrado, somos un país dividido.
Sin embargo, aún es posible construir un consenso mínimo. No sobre ideologías, sino sobre resultados. Es perfectamente viable acordar objetivos nacionales básicos: reducir la pobreza, mejorar salud y educación, desarrollar infraestructura, aumentar exportaciones, formalizar la economía —hoy con más del 70% de informalidad—, fortalecer la seguridad y garantizar justicia eficiente.
Nadie puede oponerse a estos objetivos. El problema ha sido otro: discutir los medios sin haber acordado primero los fines.
Aquí surge una nueva forma de entender el “borrón y cuenta nueva”. No como destrucción, sino como una refundación inteligente basada en metas compartidas. Y, sobre todo, como un proceso que no pertenece a ningún líder ni partido.
Un espacio como el Acuerdo Nacional podría convocar a actores políticos y sociales para definir esos objetivos y construir un “prompt nacional”: una formulación clara, medible y consensuada de lo que el país quiere lograr.
A partir de allí, la inteligencia artificial puede cumplir un rol clave. No para reemplazar la política, sino para mejorarla. Puede analizar qué legislaciones han funcionado mejor en el mundo, qué modelos han logrado mayor crecimiento con inclusión, qué diseños estatales han reducido burocracia y qué políticas han permitido formalizar economías masivas.
Este enfoque de benchmarking permitiría diseñar un marco normativo moderno y coherente, alineado con objetivos concretos. La lógica cambiaría: en lugar de adaptar lo existente, se construiría desde los resultados deseados.
La decisión seguiría siendo humana y democrática, pero estaría mejor informada.
Además, al ser un proceso colectivo, nadie sería dueño de la propuesta. Eso reduce resistencias y aumenta legitimidad.
“Borrón y cuenta nueva” no significa olvidar el pasado, sino dejar de estar atrapados en él. Significa pasar de un Estado acumulativo y confuso a uno diseñado con propósito. Menos normas, pero mejores. Menos burocracia, más resultados.
El Perú ya ha demostrado que puede crecer en condiciones adversas. La verdadera pregunta es cuánto podría lograr si su sistema institucional estuviera a la altura de su potencial.
Tal vez ha llegado el momento de intentarlo.
*Este artículo fue redactado con ayuda de IA.






