Carlos E. Gálvez Pinillos
Expresidente de la SNMPE
Para Lampadia
Empiezo a escribir este artículo, el martes 14 de abril 2026, cuando aún hay incertidumbre sobre quién acompañaría a Keiko en la segunda vuelta electoral o balotaje. Esta podría darse entre Keiko y Porky o entre ella y Roberto Sánchez, ya que la diferencia entre los posibles contendores está muy reñida y avanzando con un lento conteo, con visos de infarto.

En esta campaña, Keiko viene demostrando su experiencia y sensatez. Mientras que, lamentablemente, Porky ha seguido sacando a flote los rasgos más saltantes de su personalidad. Ya habíamos advertido públicamente que su falta de estabilidad emocional y su incapacidad para hacer trabajo en equipo, tratando como empleados dependientes a sus colaboradores, así como su incapacidad de reflexionar ante propuestas que difieren de sus pensamientos, lo llevan a pelearse hasta con aquellos que no le tenían animadversión. Esa actitud lo ha alejado de potenciales soportes y colaboradores.
Sánchez, por su lado, con la actitud taimada propia de su personalidad, no sólo le robó el partido a Yehude Simon, sino que, apoyándose en la estrategia que usaran para el partido del lapicito en el 2021, apareció con una votación inusitada proveniente de los rincones más alejados del país, a despecho de quienes no prestaron atención a esa parte del territorio nacional.
Estos comentarios iniciales me llevan a las siguientes reflexiones:
- Bien por Keiko, a quien sus 50 años de edad, con lustros de persecución fiscal, acompañados de año y medio de prisión injusta; le han brindado serenidad, madurez y aplomo, invocando a un comportamiento sereno a los otros candidatos y a una competencia limpia.
- Ha quedado claro que, a pesar de haber tenido una elección con 35 candidatos, la ciudadanía ha apreciado sus virtudes y le ha dado el más alto porcentaje de votos entre los participantes.
- Que, tal como anota el analista político Carlos Meléndez, la sociedad peruana ha movido su pensamiento político algo más hacia la derecha, coincidiendo con la línea de Fuerza Popular.
- Si bien eso es cierto, la ciudadanía no está dispuesta a los impulsos radicales de un imitador de Milei o Trump, aunque aprecia la imagen de un Bukele; por eso su acercamiento al pensamiento Fujimori de orden y seguridad.
A estas alturas, queda la preparación de dos posibles caminos, un balotaje con Sánchez o uno con Porky:
En el primero de los casos, el camino tendrá que pasar por la convocatoria a todas las fuerzas del centro a la derecha, que aprecian la libertad y la economía de mercado, ofrecer los mejores cuadros técnicos y políticos para sacar al Perú del estancamiento. Plantear planes y programas más eficientes, que permitan superar, en el más breve plazo, los problemas de nutrición, salud y educación de las clases menos favorecidas. Debemos demostrar que la derecha tiene habilidades y capacidad ejecutora que la izquierda jamás tendrá.
En el caso de un balotaje con Porky, es imprescindible que las dos fuerzas, del mismo sector político, sean capaces de estructurar un plan de una década. Asegurar que no estarán en confrontación, por el bien del Perú, y que sus estrategias van más allá del lustro 2026-2031, para asegurar por lo menos, una década de alineamiento, orden, reestructuración del aparato de gobierno y el establecimiento de políticas de Estado, con miras a encaminar nuestro país a la segunda mitad del siglo XXI, para entrar al grupo de países desarrollados.
Sería fatal una competencia como la del 2016 entre PPK y Keiko. La gran diferencia es que ni Keiko ni Porky están respaldados por la izquierda para llegar al poder, como sí ocurrió con PPK y que significó la ruina del Perú.
Me gustaría bajarle a Porky unos cuantos decibeles y pedirle que se tranquilice un poco. No puede pelearse con todo el mundo, lo que es su gran defecto.
Deberían tratar de establecer equipos de trabajo comunes e identificar a los técnicos que los debieran acompañar.
Deberían conciliar sus planes de gobierno y plantearse equipos ministeriales que puedan durar los cinco años de mandato.
Sólo así podremos satisfacer las justas demandas de las clases menos favorecidas.
El punto aquí, es que tenemos una magnífica Constitución, tenemos excelentes profesionales, contamos con empresarios audaces y resilientes, pero hemos tenido a la clase política más miserable conduciendo los destinos de la Patria.
Cuánto me alegra ver desaparecidos del espectro político a individuos como José Luna, César Acuña, Guido Bellido, Sigrid Bazán, Yonhy Lescano, Popi Olivera, aunque me temo que, estos, entre los que se cuenta Noblecilla y muchos indeseables más, son como las alimañas, que uno cree que ya desaparecieron, y reaparecen de la nada.
Gente que destruyó la confianza en el Perú, jugaron con las expectativas de la población más pobre, destruyeron los sistemas previsionales y arruinaron la solvencia de las finanzas públicas.
¡Nos merecemos una nueva oportunidad!
Lampadia






