José Ignacio Beteta
Expreso, 7 de abril del 2026
Da igual. Si pasan la valla electoral cinco o seis partidos, da igual. Mejor que sean menos. Da igual (lamentablemente) quién sea elegido presidente, podría durar meses. Da igual.
Lo que no da igual es que el Poder Ejecutivo, el Senado y la Cámara de Diputados sean copados por políticos y funcionarios que malgasten nuestros impuestos regalándole dinero a empresas estatales o a sindicatos mercantilistas que viven del Estado sin producir riqueza.
Lo que no da igual es que los parlamentarios y burócratas ministeriales, bajo la manoseada excusa de fortalecer al “Estado” (un Estado que casi no sirve), sigan creando normas que destruyen la libertad económica y afectan especialmente a los micro, pequeños y medianos emprendedores.
En este momento, ustedes se preguntarán, ¿cómo sus normas pueden afectar a pequeños y medianos emprendedores si supuestamente fortalecen el rol del Estado? Sencillo. Cada vez que una norma pide “fortalecer” la SUNAT, destruye un emprendedor. Cada vez que una ley pide “fortalecer” la SUNAFIL, destruye un emprendedor.
Cada vez que se impone una regulación ambiental, cultural, social, laboral o tributaria, con la excusa de defender los derechos de alguien (que no existe o que no necesita que lo defiendan), se destruye un emprendedor. Porque los micro, pequeños y medianos empresarios no tienen el privilegio que tienen las grandes empresas y grupos económicos de contar con decenas de abogados para defenderse de la maraña burocrática estatal.
Entonces, tanto el Poder Ejecutivo como los parlamentarios han venido poniendo reglas tan duras para el sector privado (y tan fáciles para el sector público) que solo los grandes pueden cumplirlas, concentrando el mercado y creando monopolios que luego critican.
No da igual que el presidente, los senadores y diputados que elijamos sigan creando leyes destructivas, cobren para aprobarlas, se suban el sueldo, se regalen bonos, contraten amigos, familiares o partidarios en entidades públicas con nuestros impuestos, o les regalen nuestro dinero a empresarios corruptos a través de licitaciones amañadas. Esto no da igual.
En conclusión, votemos por personas que tengan los principios claros. ¿Y cuáles son estos principios? Sencillo. Si Perú quiere ser verdaderamente próspero, sus líderes deben tener el coraje de defender un Estado pequeño pero fuerte en lo esencial, que garantice seguridad, justicia y reglas de juego estables; una economía libre donde el ciudadano —y no el burócrata— decida, invierta, emprenda y prospere; pocos impuestos simples y bajos que incentiven la producción en lugar de castigarla; respeto absoluto a la propiedad privada y a los contratos; y una reducción decidida de la planilla estatal y la sobrerregulación que asfixian al que produce.
No votes por aquellos que no crean en esto firmemente. Menos Estado donde estorba, más Estado donde importa. Menos privilegios para quienes no producen riqueza, más libertad para quienes arriesgan su dinero y emprenden. Menos control político, más libertad ciudadana. Ese es el camino —probado en el mundo— hacia el crecimiento y la verdadera dignidad de las personas.






