Carlos Neuhaus
El Comercio, 15 de marzo del 2026
“Para que el Perú salga adelante, se necesita un Estado ágil, fuerte, capaz y honesto”.
Una vez más, como sucede cada cinco años, el Perú tiene que decidir a quién le va a dar su voto el 12 de abril próximo. Dicho esto, no recuerdo un período electoral tan extraño ni una política tan plena de temas banales que terminan en censuras o vacancias de presidentes.
Voté por primera vez en 1978, cuando fui a las urnas para elegir a nuestros representantes para la Asamblea Constituyente. Fue luego de una dictadura militar que duró 11 años. Cuando fui a votar, lo hice con preocupación y pidiendo que Dios se apiadara de nuestro Perú, pero también noté que, mirando a mi entorno, pocos eran aquellos que compartían las angustias por el futuro. Terminé por ser el raro del grupo de amigos.
Con el tiempo vi cómo mi círculo de amistades iba cambiando de parecer, cuando se daban cuenta de que muchos de los que pusieron en el poder eran personas que no hubieran calificado para un puesto ejecutivo en cualquier institución, como director de un colegio o de una empresa de mediano tamaño. Peor aún, lo que perseguían no era dejar un legado, sino obtener beneficio propio.
Para que el Perú salga adelante, se necesita un Estado ágil, fuerte, capaz y honesto. Lamentablemente, esta conjunción de requisitos es difícil que se dé en un país como el nuestro, donde se han perdido los valores, la institucionalidad y donde los jóvenes han carecido de una formación adecuada en lo académico y en lo ético.
Nuestro país está sobrediagnosticado y subejecutado. Lamentablemente, estamos rodeados de “sabios” que opinan, pero carecemos de líderes que hagan las cosas, y las hagan bien.
Se necesita una reforma profunda en la educación, donde se apliquen las buenas prácticas de aquellos países que ya lograron superar la trampa de los ingresos medios.
Con una buena educación, donde la ciencia y la tecnología estén a disposición de nuestros jóvenes, las condiciones estarán maduras para salir de la trampa de los ingresos medios. Lamentablemente, lo que aquí escribo toma tiempo, pero el largo plazo se construye por la suma de las decisiones del corto plazo.
Sin embargo, todos tenemos claro que, si no se resuelve el tema de la seguridad –que viene acompañado de la reforma del sistema de justicia y carcelario, que es lo inmediato–, no podemos descuidar los asuntos trascendentales como: educación, salud, creación de empleo, reducción de trámites innecesarios, lucha contra la corrupción, redimensionamiento del aparato estatal y promoción de la inversión privada.
Todo este esfuerzo requerirá dos equipos que actúen de forma simultánea: uno para generar la tranquilidad pública y otro para darle viabilidad a la agenda pendiente del crecimiento, con el objetivo de crecer por lo menos 5% anual y reducir la pobreza al 10% al final del quinquenio de gobierno.
Lo planteado ya lo logramos antes, pero ahora depende de que la ciudadanía ejerza un voto responsable, no solo escogiendo bien a quien le vamos a encomendar nuestro futuro, sino también a quienes irán al Congreso.






