León Trahtemberg
Diario Correo, 13 de marzo del 2026
¿Qué tan tonto es un sistema educativo anclado en el siglo XIX? En una escala del 1 al 10, cualquier cifra alta acierta. Al comparar la educación peruana de ayer con la actual, solo cambió la escenografía. La lógica profunda permanece intacta. Renombramos asignaturas como competencias, pero mantenemos el modelo talla única y autoritario de siempre.
Persisten aulas alineadas y docentes exponiendo contenidos rígidos ante estudiantes entrenados para obedecer, no para pensar. El sistema prioriza el control administrativo sobre la curiosidad y el aprendizaje autodirigido. Seguimos enseñando como si el conocimiento fuera estable y las trayectorias lineales, mientras el mundo real exige adaptabilidad y criterio ante escenarios inciertos. La escuela hoy es una sala de espera de bajo estímulo intelectual.
La paradoja es brutal: ante un futuro incierto, el sistema responde con más rigidez, normas y burocracia. La gestión ya no sirve al aprendizaje, sino a su propia supervivencia. Llamamos modernización a usar tablets para repetir lo mismo que se hacía en papel. Es una estafa pedagógica: tecnología de punta aplicada a una pedagogía de lápices.
Cambiar nombres o plataformas no es reformar la educación. Es maquillar un modelo que ya no dialoga con el presente ni con el 2040. En este 2026, año de campaña electoral, las promesas de “más presupuesto” u “obras de cemento” resultan insuficientes. Los candidatos deben proponer una transformación real de la lógica escolar, no más maquillaje. Sin un cambio de paradigma, cualquier oferta electoral será solo otra etiqueta nueva para el mismo fracaso del ayer.






