Carlos E. Gálvez Pinillos
Expresidente de la SNMPE
Para Lampadia
El Perú, a pesar de todo, es el tercer productor de cobre del mundo, con un volumen de 2.8 millones de TM de cobre fino anual. Cerca del 14% de ese contenido fino, se vende como refinado, el resto, 2.4 millones de TM, se vende como concentrado de mineral.

Es aquí donde aparece el “caballito de batalla” de muchos (de izquierdas y derechas), que quisieran que el 100% sea exportado como cobre refinado, lo que, en principio, suena como un objetivo muy loable.
El primer enunciado típico es, que los mineros sólo deberían exportar refinado y no concentrados;
El segundo, que no se le da “valor agregado” al cobre y;
En tercer lugar, que no se generan oportunidades de trabajo para la mano de obra disponible.
Hay cosas que debemos de tener claras antes de avanzar:
- A la industria minera le corresponde la tarea de explorar y descubrir yacimientos, desarrollarlos técnicamente para contar con una operación minera económicamente explotable, que optimice el valor para la nación, en esa etapa.
- Al sector industrial le corresponde la tarea de transformación de esa materia prima, para colocarla en el mercado global con la mayor ganancia posible.
- A ambos sectores les toca evaluar sus mejores opciones, tomando en consideración todos los pro y contras.
El hecho de tener en el mundo, específicamente en China, una sobrecapacidad de refinación, que los ha obligado a reducir las maquilas (gastos de fundición y refinación, incluso la penalización de contaminantes) y, que otros países como India tengan un gran apetito por concentrados para sus refinerías, pero que impongan grandes aranceles al cobre refinado en el exterior, es materia de reflexión.
Hago estos comentarios, no porque no desee industrializar nuestro cobre, sino porque el proceso debe ser inteligente y no por impulso.
He escuchado, por ejemplo, a gente que, sin saber; afirma que cuando se vende concentrados de cobre, se paga sólo el cobre y todos los demás contenidos no serían reconocidos ni valorados. ¡Falso! Sí se reconocen y se pagan todos los metales incluidos en los concentrados.
También hay quienes reclaman que estamos desperdiciando un gran “valor agregado” al pasar del concentrado al refinado. Debo aclarar, que no hay más de 7% a 8% de valor agregado por el proceso.
Esto obviamente no descarta el interés por avanzar en la industrialización, pero debemos ser conscientes que el siguiente paso a la refinación, es el trefilado y la producción de alambrón. Este último proceso demanda alta inversión de capital, genera pequeño valor agregado y, siendo altamente mecanizado, demanda muy poca mano de obra; sin descartar que sigue siendo un “commodity”, que está expuesto a presiones de quienes dominan el mercado. Recordemos lo que pasa con la industria del acero y las acusaciones de “dumping”.
El proceso pues, debe seguir un camino distinto. Para que nuestro esfuerzo de industrialización del cobre sea efectivo, debemos hacer alianzas estratégicas con empresas y países que requieran de nuestro cobre, que nos permitan avanzar y pasar las etapas de refinación, producción de alambrón, fabricación de conductores eléctricos rígidos y flexibles y tubería de cobre, que nos facilite, en alianza con ellos, producir las partes y componentes para sus productos terminados, tipo vehículos eléctricos, transformadores, motores eléctricos, electrodomésticos, etc.
Creo que debemos trabajar alianzas con países como Alemania, Corea del Sur y Japón, entre otros. Países con los que tenemos buenos vínculos y a quienes podemos brindarle oportunidades de competir con nuestro cobre, nuestra energía eléctrica y las habilidades técnicas de nuestros trabajadores.
Ya el Perú viene progresando en fabricación de motores y transformadores, está avanzando en la industria naval (grandes demandantes de conductores eléctricos) que, de la mano de uno de los astilleros más grandes del mundo, podría tomar ventajas de esa alianza estratégica.
Como vemos, no se trata de “clamar por la refinación del cobre”, como ya ocurre en la campaña electoral; sino de desarrollar un plan que, identificando nuestras posibilidades de agregarle valor a nuestros aliados potenciales, nos permita avanzar en nuestra industrialización, minimizando los riesgos.
Para eso, debemos estar preparados a dar condiciones especiales, que atraigan gran inversión privada, con transferencia tecnológica al Perú.
Sugiero tomar casos de algunos aliados estratégicos e identificar, conjuntamente con ellos, qué valor podemos agregar en una alianza empresarial. Debemos cooperar para competir y crear valor para ambas partes. Lampadia






