Ian Vásquez
El Comercio, 20 de enero del 2026
“Para bien de los cubanos, los venezolanos y el continente, es menester desactivar la inteligencia cubana en Venezuela”.
Murieron 32 militares y agentes cubanos cuando las Fuerzas Armadas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro. Tanto el régimen cubano como el venezolano han negado durante años la participación de Cuba en la seguridad venezolana, pero la intervención militar no les dejó otra opción que reconocer las muertes oficialmente, aunque probablemente fueron muchas más.
Que Maduro contara con una guardia pretoriana extranjera dice mucho de la seriedad con que se tomaba su seguridad, así como de la falta de confianza del régimen en sus propias tropas venezolanas, señal inequívoca de la fragilidad del régimen. Pero la hazaña también delató la codependencia entre los dos regímenes y significa un golpe, quizá mortal, para la revolución cubana.
Estas observaciones las comparte María Werlau en un estudio que se publicó la semana pasada por Archivo Cuba, el centro de investigación independiente que ella dirige, y que resume y actualiza su libro “La intervención de Cuba en Venezuela” (2019). El cuadro que ella pinta es el de un país pequeño y empobrecido que llegó a colonizar y dominar a un país vecino numerosas veces más rico y grande.
Según Werlau, hay por lo menos “20.000 ‘colaboradores’ cubanos incluidos en la defensa, la inteligencia y la seguridad” de Venezuela. Esto no es nada nuevo. Desde el 2002, Cuba ha controlado la seguridad de la presidencia venezolana. Es más, “Cuba estableció una presencia controladora en todas las esferas de la sociedad venezolana, incluidas […] las Fuerzas Armadas, el aparato de seguridad, los ministerios, el servicio de inmigración y extranjería, la autoridad electoral, las telecomunicaciones, aeropuertos, puertos y cruces fronterizos, las industrias y empresas estatales –incluida PDVSA–, las notarías, el manejo de sistemas informáticos y bases de datos y la vigilancia cibernética”.
Los servicios cubanos militares y de inteligencia se proporcionaron a cambio de petróleo venezolano que, durante la bonanza de materias primas, llegó a representar un flujo de US$10.000 millones por año al régimen castrista. Para el 2012, se estima que había 45.000 cubanos participando en “misiones sociales”.
Esas misiones, dice Werlau, son “instrumentos para la implantación del modelo político-ideológico cubano, fichas del populismo para afianzar la lealtad y la dependencia al gobierno y una justificación oportuna para financiar a Cuba […]. En las filas de los ‘colaboradores’ civiles cubanos en Venezuela hay oficiales de la contrainteligencia y paramilitares entrenados; asimismo, todos los civiles –médicos, enfermeros, deportistas, maestros– están obligados a colaborar con los servicios de inteligencia, tienen órdenes de luchar por la revolución bolivariana y deben vigilarse entre sí”.
Desde el 2023, las exportaciones de petróleo venezolano a Cuba se redujeron en un 67% en la medida en que la crisis económica venezolana empeoraba. La presencia cubana en Venezuela también disminuyó, pero no antes de consolidar el modelo y control cubano sobre ese país.
Werlau documenta cómo fue que Fidel Castro diseñó la estrategia de largo plazo para dominar Venezuela. Supuestamente fue Maduro quien reclutó a Hugo Chávez cuando estuvo en la cárcel en los noventa. Castro entonces preparó a Chávez. Desde joven, Maduro fue formado por Cuba y, al ser manejable por La Habana, fue seleccionado para suceder a Chávez tras su muerte, a pesar de que el heredero constitucional del puesto le correspondía a otro.
Hoy, Maduro ya no está en el poder, se reporta la huida de algunos cubanos de Venezuela y los flujos de petróleo venezolano a Cuba se han detenido. Cuba está viviendo su peor crisis económica desde 1959. Para bien de los cubanos, los venezolanos y el continente, es menester desactivar por completo la inteligencia cubana en Venezuela y la enfermiza relación que esta engendró.






