Juan Stoessel
Perú21, 11 de enero del 2026
«Años atrás, Colombia recibía la mitad de turistas que nosotros. Hoy tiene el doble. No inventaron la pólvora, solo se dedicaron a construir aeropuertos, carreteras, muchísima infraestructura»
El año empieza con dos buenas noticias. La revista Forbes escogió Huaraz como uno de “10 destinos bucket list para el turismo de aventura el 2026” y el portal Wanderlust colocó el Gran Camino Inca de Áncash en el segundo lugar de su lista de “26 nuevos viajes para hacer el 2026”. Merecidísimo reconocimiento a unos destinos espectaculares que hasta hace poco tenían un perfil bajo para el turismo internacional, no por falta de atractivo, sino por falta de conectividad. Se pueden tener paisajes deslumbrantes, vestigios arqueológicos imponentes, lagunas majestuosas, pero si la infraestructura no acompaña, el turismo no despega.
Huaraz es un lugar maravilloso desde siempre, pero lo que marcó un verdadero antes y después ha sido el aeropuerto de Anta. Su inauguración puso a Huaraz en el mapa de los viajeros extranjeros, dando pie a todo un trabajo de puesta en valor del destino. Y, “al césar lo que es del césar”, esta obra que tantos beneficios trae al turismo y a la población fue impulsada por el sector privado.
Muchas veces se pierde de vista que los atractivos turísticos son solo una cara de la moneda. La otra es la conectividad, que el destino tenga acceso fácil y fluido. Por eso, el desarrollo de nuestro sector está estrechamente ligado a la labor del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), cuya performance, lamentablemente, deja mucho que desear. En el caso de Huaraz, por ejemplo, muy buena conexión aérea –gracias al sector privado– pero una conexión terrestre muy mala. El MTC esperó que el tramo Conococha-Huaraz se caiga a pedazos para recién actuar. Fueron cuatro años de vía en pésimo estado hasta que se iniciaron obras a mediados del año pasado. Por fin están culminando.
Ayacucho incrementó notablemente su flujo turístico desde que se concesionó el aeropuerto, pero la vía de Los Libertadores, que depende del MTC, es una calamidad. Y el caso más vergonzoso, la principal carretera turística del Perú, que lleva al Valle Sagrado, parece una trocha mal hecha, pero el Estado no mueve un dedo por repararla. Sin mencionar el caso del aeropuerto de Jaén, reabierto hace tres meses luego de casi cuatro años clausurado, y de Jauja, que cierra y abre sin cesar, ambos operados por Corpac.
Años atrás, Colombia recibía la mitad de turistas que nosotros. Hoy tiene el doble. No inventaron la pólvora, solo se dedicaron a construir aeropuertos, carreteras, muchísima infraestructura, lo que sentó las bases para su boom turístico. Es hora de que el MTC interiorice esta lección y haga su parte para que el Perú sea la potencia turística del continente.






