Alonso Rey Bustamante
Perú21, 9 de enero del 2026
«Eso es lo que vemos cuando, en nombre del ‘pueblo’, se decide que todo debe ser gratis, como si todos no lo pagáramos con nuestros impuestos».
Basta manejar por un tramo de la Panamericana Sur para ver los costos del populismo. Donde antes había una concesión privada y se pagaba peaje, hoy el Estado administra “gratis”: basura en el carril central, llantas reventadas al costado, desmonte y residuos arrojados por los propios conductores. Eso sí, no faltan los carteles triunfales: “Vía libre para ti”. Vía directa al deterioro, en realidad.
Carlo Cipolla, en su teoría general de la estupidez humana, recordaba que la probabilidad de encontrarse con un estúpido es independiente de cualquier otra característica. No hace falta mucha imaginación para entender de qué hablaba.
Eso es lo que vemos cuando, en nombre del “pueblo”, se decide que todo debe ser gratis, como si todos no lo pagáramos con nuestros impuestos. Se destruye un esquema que permitía prestar un servicio público, se pierde calidad de servicio y seguridad vial, se ahuyenta inversión privada y, al final, se termina gastando más desde el presupuesto para reparar lo que antes se financiaba con peajes. Es la ecuación perfecta de la estupidez: todos perdemos.
El problema no es solo una autopista mal gestionada. Es la misma lógica que ha deteriorado servicios básicos como justicia, seguridad, salud o educación: se prometen más “derechos”, pero se deja todo en manos de un Estado que administra mal, con incentivos perversos y sin rendición de cuentas. Basta mirar la salud pública para comprobarlo, Essalud es el caso típico, con ingresos importantes y más del 65% de ellos se van en salarios para personal que trabaja menos en favor de los trabajadores que requieren de la prestación del servicio.
Los populistas siempre encuentran una excusa noble para justificar sus decisiones: combatir abusos, “devolverle” a la gente lo que es suyo, como si fuera el propietario. Pero la experiencia regional es clara. En Venezuela, el chavismo arrasó con la propiedad privada y los servicios públicos en nombre de los pobres; el resultado fue más pobres y una inmigración impresionante. No conocemos gente que se vaya a vivir a Cuba o Venezuela, ¿por qué será? Ni los rojos locales.
La lección es sencilla: creer que el Estado, tal como funciona hoy, prestará mejores servicios que el sector privado solo porque no cobra directamente al usuario es una Gran Estupidez.
El verdadero acto de responsabilidad con los ciudadanos no es regalarles una “vía libre” por unos meses, sino garantizarles infraestructura que funcione y servicios que mejoren. Destruir lo que funciona, en nombre del “pueblo”, es: la versión más cara de la estupidez humana.






