Uri Landman
Para Lampadia
En esta serie de artículos, Elecciones 2026, he analizado brevemente el proceso electoral y el por qué tenemos más de treinta candidatos presidenciales. Luego, he dado mi opinión de cuáles son los candidatos, dentro de los diez primeros en las encuestas, por los que nunca votaría.
En este capítulo final explicaré por qué no le creo a las encuestas que se publican todas las semanas a pedido de medios de comunicación “imparciales” y finalmente comentaré por cuales candidatos no votaré de los que faltan por analizar.
Si alguno de ustedes se ha tomado el trabajo de leer las famosas “fichas técnicas” que toda encuestadora debe publicar, encontrará los siguientes datos técnicos: grupo objetivo, hombres y mujeres entre 18 y 70 años, ámbito nacional, tamaño de la población 23 millones de electores, tamaño de la muestra 1,200 personas, nivel de confianza 95% y margen de error +- 3%.
En un primer análisis todos estamos de acuerdo que la encuesta debería “reflejar” el sentir de las preferencias de la población por uno u otro candidato. Sin embargo, según el dicho: “el diablo está en los detalles”, es necesario tomar atención a los últimos parámetros de la ficha técnica.
No es mi intención hacer un análisis estadístico muy complicado, por lo que daré algunos ejemplos fáciles de entender. Si la encuesta tiene un nivel de confianza del 95% eso significa una alta certeza que el resultado obtenido refleja la realidad, pero siempre hay un margen de 5% de desconfianza en el resultado. Por otro lado, cuando la encuesta nos da un margen de error de 3%, eso quiere decir que el candidato A, con 10%, realmente tiene entre 7% y 13% de preferencia. Si a ello le sumamos que los tamaños de la muestra son bajísimos, 1,200 personas de un universo de 23 millones, empezamos a darnos cuenta de lo “confiable” que son estas encuestas.
Si los porcentajes de intención de voto de los candidatos están muy pegados, es muy fácil manipular los resultados para colocar a nuestro “candidato favorito” en el puesto que queremos.
Según la última encuesta de Datum, Keiko Fujimori tiene el 13.5%, Carlos Álvarez el 8.0% y Rafael López Aliaga el 7.6%, pero estos resultados solo reflejan la realidad en el 95% de los casos, o sea que en 5% están equivocados, y a eso hay que sumarle el margen de error de +- 3%. Si yo presento en un hipotético ejemplo los números de la siguiente manera: Keiko 10.5%, Rafael López Aliaga 10.6% y Carlos Álvarez 6%, sigo en lo correcto, ya que estoy dentro del margen de error estadístico.
Ahora creo que empiezan a entender por qué afirmo que las encuestadoras presentan los resultados a su conveniencia y lo que buscan es crear corrientes de opinión, ya que a los peruanos nos gusta votar por el que percibimos como ganador o para “no desperdiciar nuestro voto”.
Con respecto a los candidatos, no votaré por Jorge Nieto Montesinos del partido el Buen Gobierno, que en realidad se debería llamar del Buen Vivir. A Nieto, quien no tiene una empresa o trabajo fijo, no se le conoce cómo puede vivir de la manera holgada como lo hace con casas en Miraflores, en Punta Hermosa, un predio en Lurín, una casa en Ciudad de México y otra en Acapulco, que en conjunto suman conservadoramente unos dos millones de dólares.
A la luz de los hechos, Nieto Montesinos, como buen caviar, ha cambiado sus convicciones políticas para acomodarse donde está la mermelada. En la década de los setenta fue miembro del Partido Comunista Revolucionario del Perú. En los noventas, fue asesor de confianza en la cancillería del gobierno de Fujimori, en los años 2011-2014 fue presunto asesor de confianza de la corrupta Villarán donde habría cobrado 129,000 dólares de OAS, en el año 2016 fue ministro de Cultura y Defensa del gobierno de PPK, en el año 2021 fue candidato al congreso por el partido de George Forsyth.
No creo que votaré por Carlos Álvarez (lo digo en condicional) ya que considero que no entiende lo qué es ser un político y lo que ello implica. Álvarez se presenta como un “outsider” de la política al haber sido toda su vida un comediante de profesión. Sin embargo, durante los últimos años del gobierno de Fujimori trabajó en el canal 7 en un programa cómico que ridiculizaba a los opositores al gobierno, formando así parte de la política peruana.
Por otro lado, Álvarez ha querido mantener en secreto su supuesta homosexualidad (tema que en sí mismo no tiene que ser tabú y no afecta mi perspectiva como candidato) alegando que es parte de su vida privada y que tiene que mantenerse en esa esfera. El candidato ignora de esta manera que la vida privada de un político se convierte en pública desde el momento en que él decide participar en política. A Álvarez no le conozco ideología o planes de gobierno más que su ofrecimiento de mano dura contra la delincuencia.
Tampoco votaré por Keiko Fujimori, a pesar de haber votado por ella en las elecciones pasadas, ante el peligro que representaba la elección del corrupto de Castillo.
No pretendo arrogarme el derecho de decirles por quién votar. Pero si quiero pedirles que al momento de hacerlo piensen en el Perú como en su propia casa. ¿A quién elegirían para que administre su casa durante los próximos 5 años?
Yo votaré por una persona con experiencia administrando empresas, que ha sido exitoso en su vida profesional, que tiene suficiente dinero para vivir y no necesita entrar al gobierno para robar; que nos ha demostrado ser eficiente en la gestión pública, que respeta mi derecho a la libertad, que considera el servicio al país como un sacrificio más que un privilegio y que ama a su patria.
A buen entendedor pocas palabras.
Lampadia






