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Richard Webb

Piso

Por: Richard Webb

Lima-Perú, 27/10/2020 a las 11:10am. Por Richard Webb

Por: Richard Webb

Nadie construye sobre un piso que se mueve. Esa lógica elemental es la razón de ser de un banco central, una lógica que, como funcionario del BCR en distintas etapas de mi vida, he tenido siempre muy presente. Si la economía es un edificio, un valor estable del dinero es el primer piso, base primordial para los cálculos que luego justifican los atrevimientos comerciales y productivos.

Ese ABC de la banca central recordé hace unos días escuchando una presentación reciente de Julio Velarde, presidente del BCR. Dirigiéndose a un público de ahorristas e inversionistas que en gran parte viven en provincias, invitados por la empresa financiera Diviso, Velarde repasó las cifras que miden la actual extraordinaria firmeza del piso financiero del país. No eran novedades. Se trató de información que hoy es reportada con frecuencia, pero, quizás por eso mismo, su trascendencia no es apreciada. Me refiero a las numerosas dimensiones de la solidez financiera actual de nuestra economía, tanto las cifras que miden resultados ya logrados, como otras que más bien son las notas que nos pone el resto del mundo.

Un dato principal es el resultado inflacionario en lo que va del siglo. Perú, El Salvador y Panamá han dado la pauta para el nuevo milenio en cuanto al control de la inflación, con tasas de inflación casi insignificantes, de apenas 2.4 o 2.6 por ciento al año, cifras que antes el Perú alcanzaba en apenas un mes o semana, y desataban estampidas hacia la compra de dólares. El dato complementario de la inflación es el de la desdolarización: el pánico a la inflación llegó a ser tan fuerte y duradero que el público peruano entró al nuevo milenio con un nivel de dolarización de su liquidez de 70 por ciento. Hoy, la cifra es apenas 30 por ciento, cifra que indica un enorme aumento de confianza en nuestro sol, y, además, en un país notorio por su desconfianza en las autoridades. Esa percepción interna es secundada por el mundo financiero externo que nos pone una nota llamada “riesgo país,” y hoy nos asigna el riesgo más bajo de Latinoamérica, tratándose de una evaluación basada no sólo en subjetividades o percepciones sino en una diversidad de datos concretos. Entre ellos, peso especial tienen el excepcional nivel de las reservas internacionales del BCR así como el manejo fiscal responsable de años anteriores. Más aún, esos ahorros y buena fama están jugando un papel crítico en este momento de lucha contra la pandemia, dando margen para una expansión excepcionalmente grande de gasto fiscal y de liquidez.

Más allá de la solidez de las altas finanzas, el piso sólido de las últimas dos décadas ha contribuido a un desarrollo más democrático a través de la creación y gran expansión del microcrédito. Una multiplicidad de iniciativas microfinancieras han prosperado gracias a la reducción en las tasas de interés que ha sido posible en un mundo de baja inflación. Desde los primeros esfuerzos durante los años noventa, el costo promedio de esos créditos se ha reducido desde niveles de entre 80 y 100 por ciento, a sus actuales niveles del orden de 30 por ciento, haciendo posible una fuerte expansión en su volumen con niveles aceptables de riesgo.   

Sin embargo, el mundo da vueltas. Nuestra historia tiene mucho de montaña rusa, con giros entre bonanza y colapso y con la ausencia de un efectivo banco central. Ciertamente, la ley y el profesionalismo del BCR han venido evolucionando hacia su actual calidad y estrictez, pero la fuerza de cualquier ley está limitada por el respeto a las leyes en general en el país. La “informalidad” no se limita a los ambulantes. Con todo, mantengo el optimismo en cuanto a nuestra maduración y al creciente reconocimiento de la primera regla de la arquitectura económica – la necesidad de un buen piso.

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