Paola Lazarte
Correo, 7 de abril del 2026
El puerto de Chancay ha despertado expectativas que van mucho más allá de la provincia de Huaral. Se le mira como una pieza clave en la reconfiguración logística del Pacífico sudamericano y como una oportunidad histórica para el Perú. Sin embargo, mientras la infraestructura portuaria avanza, el territorio que debe sostener su desarrollo permanece atrapado en una parálisis difícil de justificar.
El Plan de Desarrollo Urbano de Huaral, instrumento básico para ordenar el crecimiento de la ciudad y de su entorno, sigue sin aprobarse. Puede parecer un asunto técnico o administrativo, pero en realidad es una decisión estratégica. Sin ese marco, la planificación de servicios, la localización de industrias, la expansión urbana, las vías de acceso y las zonas logísticas quedan suspendidas en una suerte de limbo.
Detrás de esta demora se mencionan diferencias políticas, cálculos locales o disputas de poder. Pero cualquiera que sea la causa, el efecto es el mismo: el territorio que debería prepararse para recibir inversiones, empleo y actividad económica permanece sin reglas claras. En otras palabras, el país construye un puerto de escala mundial mientras mantiene incierto el ordenamiento de la ciudad que lo rodeará.
Mientras tanto, el mundo no espera. Otros países de la región avanzan con rapidez en corredores logísticos, zonas económicas y plataformas industriales. Cada mes de retraso reduce la ventaja que el Perú podría tener en esta nueva geografía del comercio.
El tiempo, en desarrollo territorial, también es infraestructura. Y el que dejamos pasar hoy puede ser el que mañana nos falte para competir.






