Maite Vizcarra
El Comercio, 5 de marzo del 2026
“Las IA tienden a reproducir estereotipos, a menos que las corrijamos u orientemos. Y esa tarea corresponde tanto a hombres como a mujeres, aunque el uso funcional de la IA de parte de las mujeres aún esté en desventaja”
Cada 8 de marzo recordamos que la igualdad entre hombres y mujeres sigue siendo una tarea en progreso. Y en el 2026, la conversación tiene un nuevo protagonista: la inteligencia artificial. Porque, si las mujeres no participan activamente en esta última revolución, los algoritmos podrían terminar aprendiendo de viejas desigualdades.
Hay fechas que obligan a detenerse un momento y mirar el mundo con cierta perspectiva. El Día Internacional de la Mujer es una de ellas. Desde hace más de 90 años, mujeres de distintos continentes lo utilizan para reflexionar sobre un camino que ha sido largo, complejo y, a veces, sorprendentemente persistente en sus obstáculos. Hoy, sin embargo, el escenario tiene nuevos desafíos, como la inteligencia artificial y su capacidad inmersiva de invadirlo todo.
La inteligencia artificial ya no es una herramienta reservada a laboratorios universitarios. Está en camino de ser un actor central en la forma en que aprendemos, trabajamos, tomamos decisiones e incluso imaginamos el futuro. Por ello, es relevante reconocer que, con todo, diversos estudios recientes muestran que los sistemas de inteligencia artificial no siempre son tan neutrales como nos gustaría pensar.
Las IA tienden a reproducir estereotipos, a menos que las corrijamos u orientemos. Y esa tarea corresponde tanto a hombres como a mujeres, aunque el uso funcional de la IA de parte de las mujeres aún esté en desventaja.
Esto no es un detalle menor, porque quien diseña y usa la tecnología también la define. Si los equipos que desarrollan algoritmos, plataformas o sistemas de inteligencia artificial no reflejan la diversidad de la sociedad, existe el riesgo de que esos sistemas reproduzcan una mirada incompleta del mundo. Por eso, la participación femenina en tecnología no es solo un tema de igualdad de oportunidades. Es también un tema de calidad democrática en la era digital.
En ese contexto, el próximo lunes 9 de marzo tendré la oportunidad de compartir algunas de estas reflexiones ante la Comisión de Ciencia, Innovación y Tecnología del Congreso de la República, en el marco de las actividades por el Día Internacional de la Mujer. La invitación busca abrir un espacio de conversación sobre el papel de las mujeres ante la irrupción de la IA y cómo hacer que esta no reproduzca viejos sesgos de comportamiento.
Y la conversación llega en un momento oportuno, considerando que en todas las esferas de poder y de decisión global se reconoce que hemos empezado una nueva era en la humanidad, en la que los algoritmos ya modelan de manera muy profunda decisiones educativas, laborales, económicas e incluso políticas; al punto de reemplazar parte de nuestras responsabilidades tradicionales.
Si la mitad de la población participa poco en la construcción de esos sistemas tecnológicos, el resultado podría ser una realidad digital menos diversa de lo que ya vivimos.
Tal vez por eso el Día Internacional de la Mujer sigue siendo necesario. No solo para recordar las desigualdades del pasado, sino también para anticipar las del futuro. Después de todo, en la era de la inteligencia artificial, la igualdad también se programa. Y conviene que haya muchas más mujeres escribiendo ese código.






