Luis Carranza
Perú21, 12 de abril del 2026
«Nuestro Perú se encuentra muy golpeado. Estas elecciones no son simplemente un cambio de mando, sino la oportunidad de redefinir el contrato social que el Perú necesita”.
¿Cuáles son las características que debería tener nuestro próximo presidente? En todo caso, estimado lector, ¿qué características del candidato por el que ha decidido votar le parecen más importantes? Nos encontramos en una encrucijada histórica. Después de varios años de deterioro económico y fragmentación política, nuestro Perú se encuentra muy golpeado. Estas elecciones no son simplemente un cambio de mando, sino la oportunidad de redefinir el contrato social que el Perú necesita. Recuperar la brújula que hemos perdido. En esa línea, nuestro futuro presidente debería tener cinco características fundamentales. Por cierto, estas son características del político profesional y no tienen que ver con las características de honestidad de las personas que deberían ser condiciones necesarias para dedicarse a la política.
La primera y más importante característica es la capacidad de unir a los peruanos bajo una bandera de prosperidad compartida. Durante demasiado tiempo la política peruana se ha planteado como un juego de suma cero donde el beneficio de unos se percibe como la pérdida de otros. Cuando en verdad es exactamente lo contrario, todos podemos ganar. Pero si el insulto y la confrontación reemplazan al diálogo y la discusión, entonces la búsqueda del bien común se vuelve esquiva.
Nuestro presidente debe tener la capacidad de consolidar un discurso unificador, de construir un proyecto donde todos nos sintamos incorporados, donde cada ciudadano sienta que el crecimiento económico tiene un impacto tangible en su mesa y en su seguridad.
Una segunda característica debe ser la visión de futuro; que no sea un político que se queda como rehén del corto plazo, con miedo a hacer las reformas por los potenciales costos políticos, que en buena cuenta son solo tigres de papel. El Perú arrastra problemas estructurales en salud, educación, seguridad, infraestructura, justicia y formalización que no se van a resolver en el corto plazo, pero que requieren medidas inmediatas para encarrilar las soluciones y lograr las transformaciones profundas que necesitamos.
El tercer pilar fundamental es el respeto irrestricto por la institucionalidad y la meritocracia. El aparato público ha sido capturado por el clientelismo, convirtiendo a los ministerios y las instituciones en agencias de empleo para partidarios. El próximo presidente debe romper con esta dinámica política destructiva. Un gobierno que premia el talento y la capacidad sobre la afiliación partidaria no solo es más eficiente, sino que recupera la confianza del ciudadano en el Estado, lo cual ayuda en la cohesión social.
En cuarto lugar, nuestro presidente debe poseer una mínima capacidad analítica para entender cómo funcionan la economía y los mercados, y no caiga en trampas ideológicas que destruyen la estabilidad macroeconómica y los fundamentos microeconómicos que generan mercados eficientes. Los sesgos ideológicos llevan a malinterpretar ciertos principios que, a su vez, conducen a tomar malas políticas que terminan sobrerregulando los mercados o simplemente destruyéndolos. El principio básico que se debe tener en cuenta es que la inversión privada genera crecimiento y que ese crecimiento llevará al bienestar económico de toda sociedad. Caer en populismos puede ser atractivo en el corto plazo, pero genera pobreza y miseria en el largo plazo.
Finalmente, nada de lo anterior es posible sin un fuerte liderazgo político y una capacidad de comunicación excepcional. Alinear los incentivos de la población, calcular los costos políticos de las reformas y convencer a la población de cuál es la ruta a la prosperidad es una característica fundamental que debe tener el próximo presidente.
El liderazgo político consiste en construir consensos en un Congreso fragmentado y en saber explicar a la ciudadanía por qué ciertas medidas, aunque difíciles, son necesarias. Será fundamental explicarle a la población por qué los populismos no solucionan los problemas.
¿Qué pasa, estimado lector, si el nuevo presidente elegido no cumple estas condiciones? Tal como nos ha venido ocurriendo los últimos años. ¿Seguiremos sentados viendo cómo nos cargan otros casos desastrosos como Petroperú o que sigan copando las instituciones públicas con militantes iletrados pero leales al partido o, peor aún, intentar cambiar la Constitución para eliminar la independencia del Banco Central y permitir que le preste plata a Tesoro Público?
No deberíamos permanecer indiferentes ante la falta de un buen liderazgo. No debemos seguir con la apatía y debemos empezar a jugar el papel que todo individuo que se siente parte de una sociedad debe ejercer, hacer escuchar su voz a través de un proceso de deliberación pública, canalizando las propuestas y resaltando los errores a través de los gremios, las cámaras, los colegios profesionales, la academia y otras organizaciones sociales. No podemos seguir sentados. Hay que ponerse de pie, empezar a caminar todos juntos hacia la prosperidad. Hay que ponerse de pie y cantar todos juntos Contigo, Perú.






