“El verano de este año se mantendrá relativamente dinámico”
Entrevista a José Carlos Saavedra
Perú21, 6 de enero del 2026
Nicolás Castillo Arévalo
El economista de Apoyo Consultoría explica por qué la mejora económica no se traduce en bienestar ciudadano.
Pese a la mejora del empleo y de los ingresos reales, la mayoría de peruanos no percibe una sensación de progreso. Para José Carlos Saavedra, socio y economista principal de Apoyo Consultoría, la explicación está en el deterioro de la seguridad ciudadana y de los servicios públicos, factores que opacan el crecimiento económico y condicionan las expectativas hacia un 2026 marcado por el proceso electoral.
¿Cuáles son las razones por las que los peruanos no perciben una sensación de progreso?
Actualmente, cerca de la mitad de la población percibe que el país está retrocediendo; solo un 9% siente que está progresando. Esto ocurre a pesar de que en 2025 el empleo formal privado creció a su mayor tasa desde el 2012 (descontando la pandemia). Lo que está detrás, en nuestra opinión, es el deterioro de otros aspectos que son muy relevantes para el bienestar de la población: la seguridad ciudadana y la calidad de los servicios públicos. El origen de ambos es un sistema político disfuncional que ignora las demandas ciudadanas.
Lo que menciona es un problema que también estuvo presente el año pasado…
El 2025 estuvo marcado por un contraste. Por un lado, hubo una mejora en la capacidad adquisitiva de la población debido al incremento de los salarios reales y del empleo. Por otro lado, se dio un marcado deterioro de lo público, donde están la inseguridad ciudadana, obras paralizadas y el avance de las economías ilegales, entre otros factores.
Si bien la percepción de progreso no despega, el informe de Apoyo Consultoría da cuenta de que la percepción de retroceso ha disminuido. ¿Cómo se explica ello?
Hace exactamente dos años, el 75% de la población percibía que el país estaba retrocediendo; un porcentaje muy alto que no se veía desde 1991. Ahora esa cifra ha bajado al 52%, aunque sigue por encima del promedio previo a la pandemia y, sobre todo, antes de que se iniciara la alta rotación de presidentes en el 2016.
La disminución en la percepción de retroceso de los últimos dos años se ha dado principalmente en los segmentos de la población más afectados por la recesión y el fenómeno de El Niño que ocurrieron en 2023, quienes han visto en el 2025 algo de normalización en su situación económica. Este es el caso de la población de la costa norte, mujeres, jóvenes y hogares de menores ingresos.
¿Cómo explica que haya tres veces más personas que sienten que su economía personal ha mejorado frente a las que creen que el país está mejor?
Desde el año pasado viene ocurriendo que la mejora gradual de las condiciones económicas, luego del desastre del gobierno de Pedro Castillo y de la recesión del 2023, es percibida como un logro individual y no colectivo. Así, hemos visto que la percepción y las expectativas relacionadas con la propia situación familiar mejoran más que la evaluación a nivel país. Esto seguramente tiene que ver con el contraste que mencioné anteriormente, hay mejoras económicas que se han sentido de manera más generalizada, sobre todo en 2025, pero ocurren a la par de servicios públicos que empeoran.
El ritmo de crecimiento también tiene que ver…
En el ámbito puramente económico, este contraste entre la mejora individual y la colectiva de los últimos dos años también está relacionada a la intensidad del crecimiento económico que hemos tenido y a su composición. Un crecimiento de 3% es insuficiente para reducir la tasa de pobreza o de incrementar la clase media a una velocidad significativa.
A la vez, si bien el crecimiento ha sido cada vez más generalizado, en el 2025 ha sido muy jalado por sectores puntuales como la minería, el agro moderno y la pesca, sectores que tienen una concentración regional marcada. El sector comercio que es más descentralizado ha tenido un crecimiento muy cercano al promedio del PBI total (3%). Nos hace falta crecer a tasas más altas y de manera más generalizada para que se perciba como una mejora más colectiva.
¿Cómo hacemos para que ese tercio que siente que su situación económica ha mejorado suba a más de 50%?
Una lección importante que surge de los resultados de esta encuesta es que la población diferencia muy bien lo que es, por un lado, “mejora en condiciones económicas” y, por otro, “mejora en condiciones de vida”.
Lo primero está relacionado al crecimiento económico, creación de empleo y estabilidad macroeconómica para asegurar que los salarios no pierdan valor.
El segundo, si bien incluye el componente económico, toma en cuenta aspectos adicionales como la sensación de seguridad, la capacidad de emprender un negocio, la dignidad con la que a uno lo atienden en una posta médica o, en general, la sensación de que el sistema político responde y atiende con eficiencia las necesidades más básicas de la población.
El primer aspecto, el económico, ha venido mejorando. El segundo claramente está empeorando. Así, creo que es muy difícil que la sensación de progreso mejore sin un cambio significativo en el equilibrio político actual, que no representa ni rinde cuentas. El proceso electoral que tendremos este año, 2026, es una oportunidad para cambiar este equilibrio.
¿Cuáles son los sectores que se perfilan como los más dinámicos para la inversión privada este 2026?
El 2026 estará marcado por las elecciones presidenciales y de gobiernos subnacionales. Al día de hoy es imposible saber si el próximo gobierno fomentará reformas adecuadas, buscará mejorar servicios públicos o ahuyentará la inversión privada.
Lo que sí sabemos al día de hoy es que las expectativas empresariales sobre el 2026 son optimistas, pese al periodo electoral. Lo vemos en la confianza para invertir y en sus expectativas de crecimiento en sus ventas. Eso de alguna manera anticipa que el verano de este año se mantendrá relativamente dinámico. El resto del año ya dependerá del resultado electoral.
¿Cuáles son las proyecciones de Apoyo Consultoría para este año?
Es posible que el entorno internacional sea favorable para la economía peruana a lo largo del año, debido al debilitamiento esperado del dólar y a los elevados precios de los metales que exportamos.
A su vez, hay algunos grandes proyectos de inversión minera y de infraestructura que ya están encaminados y que serán una fuente de dinamismo este año. Por eso, si se asume una transición política ordenada y un gobierno que no ahuyenta la inversión privada, el escenario base es que la economía peruana podría sostener una tasa de crecimiento cercana o algo mayor al 3% en el 2026.






