Iván Arenas
Perú21, 10 de abril del 2026
«Hay en aquellos que ahora promueven la campaña #PorEstosNo mucho de maniqueísmo, de entender el mundo entre blancos y negros, nada de matices, tampoco de grises».
Desde algunos años atrás en el Perú hay un sector de la política que se reserva para sí todos los valores que van desde la justicia hasta la ética, y que pasa por poseer el monopolio de la dignidad, la cultura y hasta las buenas costumbres. Aunque absolutamente nadie les ha dado semejante potestad, este sector político en las últimas semanas promueve y llama a un voto contra lo que ellos también denominan como “pacto mafioso”; y que se sintetiza en la frase #PorEstosNo, campaña que circula por las redes sociales.
Es justamente aquí —en las redes sociales (catapulta pregonera de todo tipo de sujetos)— que estos propagandistas, al saber que tal campañita no ha dado los resultados esperados, ya no llaman, sino que imploran a la unidad de tres o cuatro candidatos presidenciales que representan lo que ellos dicen que son: el último bastión de la ética, la atalaya de la moralidad.
La campaña #PorEstosNo me recuerda entonces a San Agustín de Hipona, quien antes de ser santo del catolicismo romano fue maniqueo, doctrina liderada por Manes para quien había dos principios divisores: el bien y el mal. Agustín, quien luego sería santo y fundaría lo que se denomina ahora como “agustinismo político”, diría después que solo podía existir la justicia y la virtud en un Estado que sea cristiano (lo que se llama la Ciudad de Dios), lo que le llevó a decir que el Estado romano jamás existió por pagano. La Ciudad de Dios contra la Babilonia. Carl Schmitt recogería todo lo anterior en su “ellos contra nosotros”. Política y religión.
Hay en aquellos que ahora promueven la campaña #PorEstosNo mucho de maniqueísmo, de entender el mundo entre blancos y negros, nada de matices, tampoco de grises. Es cierto también que el actual Congreso poca defensa tiene y que no es una cueva de absolutos intelectuales, pero así como hay “mochasueldos”, hay también congresistas cuya reelección bien vale la pena.
A veces se nos olvida que la política está hecha por personas. Luis Alberto Sánchez, que algo sabía de historia y de política, llegaba a repetir que la política la hacen los hombres y no los ángeles. Todo ello para tener bien presente que toda obra humana no está exenta de errores o pecados y que los intereses —personales o grupales— podrían primar, incluso a costa de la nación. Pero incluso en los hombres con peores costumbres se pueden encontrar lecciones de buena política.
Lo que causa repulsión es que quienes promueven la campañita son los mismos que apoyaron también proyectos que acabaron en fracaso y corrupción que aquí no vale describir. La política es pacto, es llegar a acuerdos con quien no es igual a uno; todo lo demás es guerra, es maniqueísmo, es hipocresía.






