Iván Arenas
El Comercio, 27 de enero del 2026
“La actual clase política continúa en la ‘luna de Paita’. […] En los próximos años habrá un déficit de cobre”.
Es 22 de mayo del 2025. Atentos con esa fecha. Bernardo Navarro, cubano estadounidense, con esposa de origen peruano, es designado por Donald Trump embajador plenipotenciario en el Perú. Van a pasar un puñado de meses –hasta diciembre– para que Navarro asuma las funciones de su nuevo puesto debido al rígido protocolo estadounidense. Su designación –en mayo– es un mensaje cifrado de la administración republicana, no solo a la clase política peruana, sino para todo el ‘hinterland’ sudamericano. Navarro, cuya historia personal y familiar de exiliados cubanos representa línea a línea el llamado “sueño americano”, es además amigo leal de Marco Rubio, un halcón cuyo protagonismo hoy es indudable. La designación de Navarro, conocedor del Perú, es un movimiento político y estratégico de la administración. Rubio es el ‘factótum’.
Ese mayo del 2025, toda la clase política peruana –que incluso ahora no ha logrado captar el mensaje cifrado trumpista– aún le daba soporte a una Dina Boluarte con 3% de aprobación. Meses antes –en diciembre del 2024– Xi Jinping llegó al Perú en el marco de APEC y, acompañado por Boluarte, inaugura el puerto de Chancay. El mensaje cifrado republicano se lee en lenguaje geopolítico: la administración Trump y Estados Unidos miran con detenimiento lo que sucede en su ‘hinterland’. Esa palabra la van a leer de manera frecuente.
Hoy la clase política peruana –como en mayo del 2025– está entretenida en el futuro de José Jerí, presidente interino cuyo cartel de presentación parece haber sido escrito por empresarios informales chinos ajenos –oficialmente– a la embajada china. Días atrás, antes de destaparse el escándalo, el gobierno de Jerí entregó (a un grupo empresarial chino) el proyecto para la construcción de un tren que unirá las estratégicas operaciones cupríferas del sur peruano con el puerto de Chancay (US$420 millones). Si uno es mal pensado, diría que el guion del ‘Chifagate’ lo escribió uno de los espías de John Le Carré. Pero aquí no lo somos.
Cobre, China, geopolítica, líneas de suministro, “tierras raras”, son palabras dentro del mensaje cifrado de Trump. Estados Unidos –bajo la batuta de Rubio– ha citado a sus aliados a una reunión el 4 de febrero, la primera Cumbre de Minerales Críticos; entre ellos a Argentina, el Perú y Chile, las “repúblicas del cobre”. La preocupación de Estados Unidos es seria. Aunque tienen identificados reservas por más de 42 millones de toneladas de cobre, tardarían 19 años en ejecutar los proyectos. En el Perú –según el IPE– echar a andar un proyecto minero tarda –en promedio– más de 40 años. Otro dato: China controla el 49% del refinado cuprífero mundial.
Trate usted de amarrar todos los nudos, todos los hechos recientes y no tan recientes y hallará cierto orden en el caos de la geopolítica y la coyuntura actual. EE.UU. ya ha movido fichas en línea al ‘Corolario Trump’ basada en la Doctrina Monroe. China –en diciembre– también publicó su propio documento de seguridad hacia América Latina y el Caribe. En una parte del extenso documento, dice: “China debe firmar documentos de cooperación [con América Latina] para asegurar las cadenas industriales y de suministro”. Ate nudos.
Pero la actual clase política continúa en la “luna de Paita”. Atentos también a estos datos. La libra de cobre ya se cotiza por encima de US$6 y la tendencia es que aumente. El precio del cobre ha entrado en una fase de ‘backwardation’ (el precio ahora es mayor que el futuro). Ya ha comenzado un superciclo. Esta vez no es China la que impulsa, sino la IA, energías renovables, vehículos eléctricos, el rearme militar europeo y redes eléctricas. Les pongo este ejemplo: los centros de datos convencionales pueden consumir hasta 15.000 toneladas de cobre, pero los centros de datos de hiperescala de IA necesitan alrededor de 50.000. En los próximos años habrá un déficit de cobre. Se habla de 300.000 toneladas para este año. Un último documento de Cochilco dice que el Perú dejará de producir 200.000 toneladas al 2030. Marco Arana y los antimineros saltan en un pie.






