Iván Alonso
El Comercio, 6 de febrero del 2026
“Si el verdadero Kevin Warsh es el de los últimos años o el de los últimos meses solo lo sabremos una vez que sea confirmado por el Senado y tome las riendas de la política monetaria”.
Kevin Warsh ha sido, como el presidente Donald Trump, que lo acaba de nominar para ser el próximo presidente de la Fed (abreviatura de la Federal Reserve Board, el banco central estadounidense), un feroz crítico de esa institución, aunque por razones distintas. Trump quiere que la Fed baje su tasa de interés para impulsar la economía. Warsh ha dicho lo mismo en estos últimos meses, mientras esperaba para saber si era el elegido, pero su postura a lo largo de casi 20 años ha sido exactamente la opuesta.
Warsh fue miembro del directorio de la Fed entre el 2006 y el 2011, cuando su entonces presidente, Ben Bernanke, puso en marcha el “relajamiento cuantitativo”, una política agresiva de compra de bonos del tesoro estadounidense. El objetivo de esta política era reducir las tasas de interés de largo plazo para estabilizar la economía después de la crisis financiera internacional. Warsh discrepaba en privado porque pensaba que el relajamiento cuantitativo implicaba una expansión monetaria desmesurada que amenazaba con desatar la inflación. Si la inflación no se desató fue porque la Fed adoptó otras medidas para inmovilizar la moneda que acababa de crear.
Cuando dejó el directorio, Warsh siguió criticando a la Fed en público. Pero sus críticas iban más allá del manejo de la tasa de interés. Decía en aquel entonces que la expansión monetaria llevaría a la inversión por caminos equivocados. Cuando el crédito abunda, algunos sectores lucen más atractivos de lo que, en realidad, son. Decía también que el objetivo de estabilizar la economía se había convertido, en la práctica, en un objetivo de estabilizar los mercados financieros. Hay que pasar la plata de Wall Street a Main Street, para usar su frase efectista. En otras palabras, si la Fed no se hubiera empeñado en mantener a flote la bolsa, hoy habría más crédito para financiar la producción.
Más efectista aún –e ilusa, a nuestro entender– es su opinión de que en este momento una reducción de la tasa de interés de la Fed no atizaría la inflación porque la inteligencia artificial y la desregulación de la economía que se estaría llevando a cabo limitarían cualquier alza de precios. Una opinión con la que aparentemente pretende reconciliar sus críticas pasadas al relajamiento cuantitativo con lo que Trump espera de la Fed.
Si el verdadero Kevin Warsh es el de los últimos años o el de los últimos meses solo lo sabremos una vez que sea confirmado por el Senado y tome las riendas de la política monetaria. La independencia, como el movimiento, se demuestra andando.






