Iván Alonso
El Comercio, 10 de abril del 2026
“Los incentivos tributarios para la contratación de jóvenes crean tantos empleos como los que destruyen”.
Ser candidato a la presidencia en el Perú es lo más fácil del mundo: todo se resuelve con incentivos tributarios. Trece candidatos, según la revisión de los planes de gobierno hecha por el diario Gestión, prometen algún beneficio tributario para incentivar la contratación de jóvenes. Otros dos ofrecen subsidios sin intermediarios. Primero La Gente, por ejemplo, incorporaría no menos de 37.500 jóvenes a la planilla del Estado. Ya después se verá qué van a hacer y cuánto va a costar. Como quien dice, Primero Metemos A La Gente.
Los candidatos asumen que hay un problema de desempleo juvenil porque la tasa de empleo es mayor en ese grupo de edad que en otros. En efecto, según las últimas cifras del INEI, la tasa de desempleo en Lima Metropolitana es de 13.5% en el rango de edad de 15 a 24 años, 5.8% entre los 25 y los 44 años y 4.7% entre los mayores de 45 años. Pero ese patrón es típico alrededor del mundo. Salvo en Norteamérica, donde la diferencia es de 5 puntos porcentuales, las tasas de desempleo juvenil suelen estar 8 o 10 puntos por encima del promedio. Esas diferencias no se deben a la falta de oportunidades ni a las fallas del sistema educativo. Se deben, por un lado, a que los jóvenes suelen tener menos responsabilidades y menos urgencia, por lo tanto, de encontrar un trabajo permanente; y, por otro lado, a que todavía están –ellos y sus potenciales empleadores– en una etapa de descubrimiento de sus habilidades e intereses laborales.
No es, pues, sensato sacrificar ingresos fiscales para incentivar la contratación de jóvenes. Trabajo van a encontrar en su momento. No serán los mejor pagados al principio, pero con el tiempo mejorarán sus habilidades y, con ellas, sus ingresos. Hasta los gerentes más experimentados fueron en algún momento trabajadores sin experiencia.
Los incentivos tributarios para la contratación de jóvenes crean tantos empleos como los que destruyen. Si no hay mayores diferencias de productividad entre un joven de 29 años y otro de 30, las empresas tomarán el subsidio y contratarán al primero, prescindiendo del segundo. Difícilmente van a contratar a ambos a la vez. El candidato, ya convertido en presidente, podrá decir más adelante que su propuesta fue un éxito, señalando la cantidad de jóvenes de 29 que fueron contratados gracias a los incentivos tributarios; pero no nos dirá cuántos de 30 fueron despedidos.






