«[El principal riesgo] es el populismo económico, que esta vez es propio de la izquierda y de la derecha”
Entrevista a Daniela Ibañez
Analista Política
El Comercio, 6 de enero del 2026
Víctor Reyes Parra
La analista política considera que ambos espectros ideológicos apelarán a un “votante medio” de cara a las elecciones generales de abril. Señala que es vital que los candidatos respondan no solo sobre sus planteamientos, sino también sobre sus estrategias para aplicarlas en un eventual gobierno.
Para la analista política Daniela Ibáñez, la campaña electoral de cara a las elecciones del próximo 16 de abril estará marcada por los intentos de los candidatos de posicionarse como los más capaces para hacer frente a la inseguridad ciudadana y por propuesta populistas en lo económico, tanto desde las candidaturas consideradas de izquierda como las de derecha.
-¿Cuál es la principal lección sobre la política peruana te dejó el 2025?
Hay varias, pero si una pudiese resumir el año pasado es que la historia es cíclica. La vacancia de Dina Boluarte se dio con pocos días de diferencia respecto la de Martín Vizcarra años antes. A diferencia de Vizcarra, ella era muy impopular, y entró una nueva gestión con un personaje mayormente desconocido, que aprendió de las lecciones del pasado. Mientras Boluarte no aprendió de Vizcarra, Jerí sí aprendió de la lección de Merino. Desde el primer día, ya estaba haciendo gestos para persuadir a la población de su legitimidad. Como parlamentario, era desconocido para la mayoría, lo que fue una oportunidad para él. Fue como un lienzo en blanco para la mayoría, pudo construir su imagen desde cero y sigue manteniendo una popularidad que desde hace muchos años, los presidentes no gozan en el Perú. La lección es que, si uno aprende de las lecciones del pasado, te puede ir mejor.
-¿Y cómo ves ahora el panorama político para el año electoral 2026?
Será un año bastante complicado, en el cual se van a configurar muchas cosas, aprendiendo también del pasado. Creo que ningún analista serio podría decir quién va a pasar a segunda vuelta en este punto. En los tres meses anteriores a la primera vuelta, las perspectivas pueden cambiar muchísimo. Entonces, quienes son punteros ahora puede que no lo sean después y puede que surja alguien. Históricamente, la izquierda en el Perú empieza a subir en esos tres últimos meses. Además, la derecha y la izquierda tienen una dinámica distinta en estas elecciones: la derecha más conservadora, y hasta mercantilista en lo económico, está poniendo énfasis en armar aparato partidario, pero vienen con propuestas que se acercan, más que al libre mercado, al populismo en lo económico.
-¿Ves una influencia de figuras como la de Donald Trump en esa derecha que mencionas?
Puede ser, aunque el gobierno de Trump es más proteccionista. Esta es una derecha se muestra asistencialista, que puede decir que quieren crecer al 6 o 7% o reducir el gasto fiscal, pero la “letra chica” de sus planteamientos supone, en realidad, un incremento del gasto. Y por el lado de la izquierda, tras el derrumbe de Pedro Castillo, Perú Libre y la izquierda progresista de Verónika Mendoza, ha hecho que muchos migren a otros partidos para sobrevivir. La izquierda viene dispersada y la derecha también, pero con un aparato partidario más consolidado.

-A propósito de Donald Trump, ¿lo ocurrido en Venezuela tras la detención de Nicolás Maduro será un factor en la campaña electoral?
Todo indica que sí. La mayoría de los candidatos se ha posicionado rápidamente frente al tema. El posicionamiento de los candidatos ante la detención de Nicolás Maduro responde, en gran medida, a líneas ideológicas y afinidades regionales. Aquellos candidatos ubicados en la derecha e incluso en la centroderecha se pronunciaron a favor de la salida de Maduro del poder, mientras que los candidatos afines a la izquierda rechazaron la intervención de Estados Unidos. No debe pasarse por alto que algunas figuras políticas de izquierda que participarán en las próximas elecciones fueron invitadas por el régimen de Maduro a presenciar las elecciones de 2024, cuyos resultados él desconoció de manera fraudulenta. El debate sobre Venezuela, en general, estará muy presente durante la campaña electoral, considerando que alrededor de 1.5 millones de venezolanos viven actualmente en el Perú. En el discurso político local, la situación venezolana suele estar estrechamente vinculada al tema de la seguridad ciudadana. Existe una percepción extendida en la opinión pública —aunque no siempre respaldada por la evidencia empírica— de que el incremento del crimen se debe principalmente a la inmigración venezolana, pese a lo que indican las estadísticas oficiales. A ello se suma que el World Values Survey señala que el Perú es, culturalmente, un país con valores proteccionistas y tradicionalistas, con una menor predisposición al cosmopolitismo y a la apertura al mundo.
La mayoría de los candidatos presidenciales es consciente de estas inclinaciones del electorado y, por ello, aprovechará los acontecimientos en Venezuela para plantear propuestas de corte populista. Si bien algunos candidatos podrían celebrar la salida de Maduro del poder, no debería sorprender que, acto seguido, aparezcan propuestas para abrir corredores humanitarios o para incentivar el retorno de la población venezolana a su país de origen, pese a que en 2022 la mayoría de migrantes venezolanos manifestaba su intención de establecerse en el Perú a largo plazo. Asimismo, se reforzará la narrativa de que la expulsión de delincuentes extranjeros es una solución eficaz frente al crimen, aun cuando su impacto real solo aborda una de las múltiples aristas del problema de la inseguridad (…) Para la derecha —con la posible excepción de la centroderecha— cualquier escenario que cuente con el aval del gobierno estadounidense facilitará un discurso favorable. Para la izquierda, ocurrirá lo contrario, dada su afinidad con el chavismo y su histórica hostilidad hacia el rol de Estados Unidos en la región, especialmente bajo la administración de Donald Trump.
-¿Qué tipo de candidatos puede obtener mayor rédito político de lo ocurrido con Maduro?
Los candidatos de derecha tienen, sin duda, una oportunidad para posicionarse a favor de la caída del régimen de Maduro y de una transición democrática liderada por la oposición venezolana. Existen candidatos de este sector que, aunque aún no figuran entre los primeros lugares de las encuestas, podrían utilizar este posicionamiento para enviar señales claras a un electorado que busca alternativas distintas a las figuras tradicionales. Se trata de votantes que rechazan las dictaduras de izquierda en la región y a los mandatarios que han respaldado al régimen chavista durante años. Además, no debe olvidarse que el chavismo ha apoyado en el pasado a candidatos presidenciales en el Perú, incluso de manera financiera —el caso de Ollanta Humala en la campaña de 2011 es ilustrativo—, lo que evidencia que quien gobierna en Venezuela no está completamente desvinculado de la política interna peruana.

Sin embargo, el rédito político de este tema es limitado. La mayoría de ciudadanos venezolanos en el Perú no se encuentra regularizada ni tiene derecho a voto en elecciones nacionales. Si los aproximadamente 300 mil venezolanos residentes en el país pudieran votar, el respaldo a la salida de Maduro podría convertirse en un verdadero game changer, considerando que la mayoría de venezolanos en el exterior apoya el fin del régimen dictatorial y que, en las dos últimas elecciones presidenciales, las diferencias de votos en segunda vuelta han sido de apenas 40 mil votos. En un escenario de polarización entre derecha e izquierda en la segunda vuelta, la posibilidad de que la población venezolana vote en el Perú incrementaría de manera significativa las probabilidades de triunfo de un candidato de derecha.
-¿Cuál es el principal riesgo político al que nos enfrentamos de cara al año que empieza?
Definitivamente, (el principal riesgo político) es el populismo económico, que esta vez no es algo propio de la izquierda, sino también de la derecha. Habrá propuestas, que pasarán desapercebidas, que supongan más gasto. El Consejo Fiscal ha advertido que podemos entrar a un déficit fiscal en los siguientes cinco a diez años, lo cual es preocupante. Por el lado de la izquierda, hay candidatos que quieren violar la autonomía del Banco Central de Reserva. En la derecha, preocupa la narrativa sobre las ‘concesiones ociosas’ de la minería, quizás buscando justificar o ver una alianza con quienes pueden ser fuentes de ingresos importante: la minería ilegal. Esta vez la minería ilegal quiere entrar de frente al Congreso, quieren ser congresista. Vemos a mucho Reinfos inscritos en diversos partidos. También hay populismo relacionado a estrechar al máximo al rol subsidiario del Estado, diciendo que el Banco de la Nación puede comprar deudas o que debe haber intervencionismo del Estado en la banca. Hay varias propuestas que preocupan dentro del paraguas del populismo, en especial en lo económico.
-¿A qué crees que se deba este tránsito en la derecha hacia el populismo?
Creo que es un diagnóstico de la derecha para acercarse al votante medio, que en el Perú suele ser un votante indeciso. Estuve viendo cifras de Ipsos sobre el voto indeciso (blanco, viciado, ninguno) a estas alturas de la campaña, y es el doble o triple que en el proceso anterior. Lo que veo también es que, en los últimos tres meses, en el sur el voto blanco y viciado va bajando, mientras que el “no precisa” va diciendo. Eso quiere decir, a mi parecer, que hay un voto oculto: muchas personas en el sur no quieren precisar por quién van a votar, no lo quieren decir a las encuestadoras.
-¿Será importante el factor Pedro Castillo? Él apoya directamente a Roberto Sánchez, pero también hay aires castillistas en otros partidos como Podemos Perú o Venceremos
Será importante, aunque está disperso. Muchos castillistas han migrado a otros partidos. El reto para la izquierda conservadora será captar ese voto. Por ejemplo, vemos a Podemos Perú con Raúl Noblecilla, el exabogado de Betssy Chávez, y con Guido Bellido, pero también tienes a José Luna hablando de libre mercado y de liberalizar cosas. Tratan de capturar al votante medio, que es algo que tal vez la izquierda y la derecha se están dando cuenta: que tienen que ir al votante medio y el votante medio es populista, por falta de información, lamentablemente. Ojalá eso vaya cambiando con el tiempo.

-A cuatro meses de las elecciones, ¿por qué ningún candidato logra despegar?
Hay mucha fragmentación dentro de los espacios de derecha e izquierda y una gran insatisfacción hacia la clase política en general. Aunque vemos caras nuevas en las candidaturas, muchas vienen respaldadas por políticos que llevan muchos años, lo que genera rechazo en la población (…) En este punto, los candidatos se presentan desde lo personal y lo positivo porque eso puede tener un efecto de anclaje. Conforme pasen los meses, veremos mensajes más negativos y de polarización entre candidatos. Son mensajes impactantes, pero se desvanecen de la memoria muy fácilmente, por lo que tienen que ser más cercanos al momento del voto. Además, con tantas candidaturas, el candidato se pregunta contra quién polariza, es difícil ubicarse.
-¿Crees que la mayoría está esperando un ‘efecto Pedro Castillo’ para despegar en las últimas semanas?
Es posible. Hay muchos candidatos que no quieren salir en medios por eso, porque quieren hacer una campaña al estilo de Castillo: no mediática, de a pie. Por ejemplo, Carlos Álvarez parece estar apostando por esa estrategia de no ir mucho a los medios. Su candidatura se ha desinflado un poco vamos a ver si esa estrategia le rinde.
-Esa estrategia puede ser efectiva para lo electoral, pero también resulta peligroso que termine ganando un candidato al que la mayoría del país hasta hace solo unas semanas no conocían…
Por supuesto. Hay algo curioso: hay candidatos que ponen en sus planes de gobierno cosas increíbles, pero luego si les preguntas en específico sobre algunas propuestas, sus respuestas son distintas a las que están en el papel (…) Es muy importante que se hagan preguntas a los candidatos sobre sus tácticas políticas, sus reflejos políticos. Uno no va a tener información sobre eso viendo solo su plan de gobierno.

-¿Cuál será el eje discursivo principal de la campaña? ¿Una cuestión ideológica, izquierda contra derecha o un aspecto más pragmático?
Discursivamente, nadie dice que es de derecha o de izquierda, están rechazando esas etiquetas. Están rechazando incluso querer inspirase en políticos del extranjero. La polarización no creo que se dé explícitamente, por parte de los candidatos en decir ‘yo soy más de derecha, yo soy más de izquierda’. Tal vez podría ser ‘yo no soy de izquierda, yo no soy de derecha’, pues en el Perú la política es la antipolítica. Eso sigue siendo igual en los últimos años. Creo que uno de los principales ejes de discusión va a ser la legitimidad sobre quién puede combatir la inseguridad ciudadana. En muchos planes de gobierno, el principal acápite es la inseguridad. Muchos candidatos hablarán de inseguridad, muchos podrán capturar la indignación frente a la inseguridad, pero otra cosa es la credibilidad que la población asigna a quienes combaten la inseguridad, qué actor refleja no solo mi preocupación e indignación, sino quién realmente creo que va a poder combatirla.
-¿El rechazo a la coalición que gobierna el Congreso y que sostuvo a Dina Boluarte será un factor de peso en estas elecciones?
Tal vez no. Cuando Manuel Merino asume la presidencia por unos días, muchos analistas decían que Acción Popular se acabó, que no iban a sacar nada y (en el 2021) sacaron varios congresistas. La narrativa de la coalición que ayudó a sostener el gobierno a Dina Boluarte no necesariamente va a ser factor decisivo en estas elecciones, en especial porque ella ya no está acá. Hubiese sido un problema si hubiese estado hasta ahora, pero las personas ya olvidaron a Dina Boluarte, ahora es José Jerí. La memoria política es frágil para los votantes.

-Se dice que el próximo Senado será el que concentre la mayor cantidad de poder, un Senado superpoderoso. Más allá de los candidatos presidenciales, ¿los electores deberían preocuparse tanto o más por su voto para el Senado?
Por supuesto. Además, la candidatura al Senado es particularmente difícil. En la cédula de votación se dividirá en dos: tienes que votar el distrito único y el distrito múltiple, un senador de tu región y un senador nacional. Es muy importante evaluar quiénes serán los senadores (…) Muchos tienen la expectativa de que este sea un Senado como en los noventas, reflexivo, con eruditos, pero si vemos quiénes están postulando ahora al Senado, estamos muy distantes. Debió ser un Senado de distrito único para simplificar la votación, esa fue una falla en el diseño. También es importante ver quiénes serán los vicepresidentes, porque vemos mucha discrepancia, a veces ideológica, entre los candidatos a presidentes y vicepresidentes. Si algo nos enseña la historia reciente es que debemos tener cuidado con ellos, porque tal vez logren tener el poder más tiempo que los propios presidentes,
-¿Cuál debe ser el principal norte del ciudadano en estas elecciones tan complicadas, luego de tanta inestabilidad política en la última década?
Va a ser complicado porque el votante tiene una oferta política bastante limitada. Con la complejidad de nuestra cédula de votación, si uno vota por un presidente y vota igual para el Congreso, eso podría quizás incrementar las posibilidades de que haya un mandato con un presidente y congresistas que lo acompañen, reduciendo la posibilidad de inestabilidad y de un recambio de gobierno pronto. También (hay que hacer) una evaluación a la seriedad de las propuestas, por quién se acompaña el candidato y cómo manifiesta que va a desenvolverse al llegar al gobierno.
-Es una tarea fuerte para el votante…
Sí y que muchos no lo van a hacer. La mayoría decidirá su voto una semana o unos días antes. Un reto extremadamente importante en estas elecciones es cómo el votante digiere la información excesiva que habrá por la cantidad de candidaturas. Eso nos dice que no habrá un análisis costo-beneficio por parte del votante, que es un análisis utilitarista, de un votante racional. El votante vota por por impulso, simpatía o afección hacia el candidato. Ojalá haya una confluencia entre la simpatía y la competencia, a nivel de la seriedad de las propuestas del candidato, sería lo ideal, pero muchas veces no es así. Muchas veces, el simpático, el que tiene la personalidad más arrolladora, no la tiene muy clara en términos de propuestas o puede ser un populista peligroso.






