Daniela Ibañez de la Puente
El Comercio, 11 de febrero del 2026
“Esto demuestra que el referéndum del 2018 no fue un veredicto definitivo contra el Senado, sino el resultado de un contexto político específico”.
Algunos candidatos han rechazado el retorno al sistema bicameral –con senadores y diputados– por dos razones principales. Unos lo hacen por convicción a favor del unicameralismo; otros sostienen que el actual Congreso desconoció la voluntad popular expresada en el referéndum del 2018, cuando se rechazó la bicameralidad.
Quisiera responder a este segundo argumento, porque revela una incomprensión sobre la naturaleza de la opinión pública. Esta no es fija ni objetiva: es dinámica, sensible al contexto y altamente influenciable por liderazgos políticos y por la forma en que se plantean las preguntas, tanto en referéndums como en encuestas. Las respuestas no reflejan “actitudes puras”, sino que dependen del nivel de atención del ciudadano, su motivación, las ideas que tiene en mente al momento de responder y su grado de sofisticación política.
Por ello, un resultado electoral de hace algunos años no puede considerarse inamovible. Cuatro meses antes del referéndum del 2018, el respaldo a la bicameralidad era mayoritario. En setiembre de ese año, el 53% de los encuestados por Ipsos apoyaba el retorno al Senado; para diciembre, esa cifra cayó a menos del 10%.
¿Qué explica un cambio tan drástico en tan poco tiempo? Identifico al menos tres factores. El primero fue la postura del entonces presidente Martín Vizcarra, quien, con altos niveles de popularidad, se opuso públicamente a la reforma. Muchos ciudadanos pudieron guiarse por una “heurística del aval”; es decir, utilizar la opinión de un líder de confianza como atajo cognitivo para decidir, en lugar de construir un juicio propio. A esto se sumó la campaña del “sí, sí, sí, no”, que incentivó respuestas casi automáticas y poco deliberadas.
Un segundo factor fue el encuadre mediático. La reforma política estaba liderada por la congresista Rosa María Bartra, quien pertenecía a la bancada de Fuerza Popular, y tanto Vizcarra como diversos medios asociaron la bicameralidad con el fujimorismo. Así, el rechazo a un actor político específico pudo trasladarse injustamente a la propuesta institucional.
El tercer elemento fue el diseño mismo del referéndum. La pregunta sobre la bicameralidad apareció al final de la cédula, y la literatura muestra que el orden influye: las preguntas previas funcionan como anclajes interpretativos. Justo antes se consultaba sobre la prohibición de la reelección congresal, un tema cargado de desaprobación hacia el Legislativo. Es probable que esa emoción negativa condicionara la respuesta posterior.
Además, se preguntó por el retorno a la “bicameralidad”, un término técnico que pudo dificultar la comprensión. Estudios de Ipsos y del IEP en el 2022 revelan que, cuando se consulta por un sistema de “senadores y diputados”, el apoyo es significativamente mayor.
Todo esto demuestra que el referéndum del 2018 no fue un veredicto definitivo contra el Senado, sino el resultado de un contexto político específico, de atajos cognitivos y de un diseño comunicacional específico. Usarlo hoy como argumento absoluto ignora cómo realmente funciona la opinión pública.






