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Anthony Laub

Dejen competir a las energías renovables (RER)

Por: Anthony Laub

Lima-Perú, 24/04/2018 a las 05:04pm. Por Anthony Laub

Por Anthony Laub, Socio de Laub & Quijandría Energy Group
Gestión, 24 de abril de 2018

La energía fósil (conjuntamente con la industrialización) ha permitido alimentar a miles de millones de personas y doblado la expectativa de vida (incremento de la salud), ha sacado a millones de la pobreza (generación de riqueza) y ha reemplazado el uso del músculo humano con máquinas poniendo fin a la esclavitud, emancipando a la mujer y educando a los niños (efecto liberador).

La abundante, confiable y barata energía fósil permite que la gente aproveche la noche (productividad, educación y entretenimiento), viva donde quiera hacerlo (libertad), cuente con alimentos de todo tipo (acceso a la despensa mundial), esté protegida del clima (calor y frío), y que mucha otra pueda viajar y conocer el mundo (cultura y más libertad). Cualquier costo en polución y pérdida de hábitats deben ser evaluado versus todos los beneficios que brinda contar con energía.

De acuerdo con data oficial del Ministerio del Ambiente, la industria eléctrica en el Perú aporta, únicamente, el 6.9% del total de emisiones de CO2. Así, contar con energía eléctrica abundante, confiable y barata que promueve desarrollo y que beneficia a casi todos los peruanos, y que es generada en gran parte con hidrocarburos (energía fósil), supone emisiones que son casi 10 veces menores a aquellas producidas por la agricultura, el uso de suelos y la silvicultura, que en conjunto emiten el 66% del total de CO2 producido en el país.

Gracias a la abundancia del recurso hídrico y a la energía fósil (gas natural, carbón y petróleo), pasamos de un 48% de población mal atendida (energía por horas) a fines de los ochenta (correlato cercano con los niveles de pobreza de ese entonces) a un 90-92% que es hoy bien atendida (casi las 24 horas), lo que supone un salto cuantitativo y cualitativo en el bienestar y desarrollo de la población.

La energía abundante, confiable y barata genera desarrollo y mejora la calidad de vida de las personas. Para seguir en esa ruta debemos contar y usar aquellas fuentes de energía que nos garantizan esas condiciones, como es el uso de gas natural (energía fósil), el agua, el carbón, el diésel y las RER que sean competitivas.

El mundo vive un estado de euforia con las RER y países como China, India, Alemania , California en los EUA, Perú, entre otros, las promueven activamente, destinando para ello miles de millones de dólares en subsidios de los usuarios eléctricos a favor de unos pocos promotores de las RER; cuyas características son: la intermitencia (no operan todo el día) y la poca confiabilidad (no controlamos al sol, las nubes o al viento), lo que motiva que requieran del respaldo constante de la energía fósil (única energía que “obedece” al hombre).

En cualquier lugar del mundo, por cada unidad de demanda a ser cubierta con una unidad RER se requiere del respaldo de una unidad de generación adicional de energía fósil (otorga seguridad frente a la intermitencia de las RER). Es como estar frente a una suerte de “oferta perversa” de lleve 1 pero pague por 2 (1x2).

Pese a esto, la idea de usar las RER ha sido asimilada por la clase política a nivel mundial. En el Perú, se impuso la obligación (Decreto Legislativo 1002 – Ley RER), de cubrir hasta el 5% de la demanda nacional con RER a precios subsidiados, habiendo destinado recursos de los usuarios eléctricos (a la fecha) a favor de las RER por unos dos mil millones de soles, monto que seguirá incrementándose hasta agotar los contratos a precios fijos que fueron conferidos por el Estado a esos proyectos (10 a 15 años más de subsidios). Este subsidio que pagamos todos los usuarios (pobres o ricos), es un impuesto indirecto y ello pese a que nuestra industria energética es muy limpia.

En los últimos meses hemos leído declaraciones en medios y redes sociales de funcionarios de empresas promotoras de las RER en el Perú (reciben subsidios y ventajas legales); del presidente de la Sociedad Peruana de Energías Renovables y de un exviceministro de Energía (creador de Ley RER y hoy promotor de las RER), señalar que los costos de estas son ahora competitivos e incluso mejores que los de las energías convencionales.

De ser así, estamos ante una gran noticia, ya que ello supone que las RER ya no requieren de más subsidios ni de ayudas legales y pueden competir con las energías convencionales. Recordemos que las RER gozan de un despacho privilegiado (desplazan hidroenergía eficiente), no hacen estudios de impacto ambiental y el Estado les asigna demanda a precios y plazos fijos, lo que equivale a no tener riesgos comerciales o riesgos de negocio. Es pues un muy buen negocio: fácil y sin riesgo, pero con alto costo para el usuario.

De acuerdo con esas declaraciones, las RER están en capacidad de competir en el negocio energético bajo reglas de mercado; es decir, sin subsidios ni ayudas legales. En consecuencia, corresponde que el Ministerio de Energía y Minas solicite al Congreso, o que este lo haga motu proprio, la derogación de la Ley RER y demás normas conexas.

No permitir que las RER compitan libremente en el mercado eléctrico, solo encontraría justificación en que unos pocos quieran seguir beneficiándose o enriqueciéndose ilegítimamente a costa de todos los millones de usuarios eléctricos. Dejemos pues que las RER compitan sin subsidios (bajo las reglas actuales solo sirven para enriquecer a sus promotores) ni ayudas estatales como bien lo vienen propugnando sus principales promotores, cuando señalan que hoy son competitivos.

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