La libertad genera más trabajo
Jaime de Althaus
Para Lampadia
Es extraordinario ver cómo avanza la revolución liberal en Argentina. El último hito ha sido la aprobación de la reforma laboral en las cámaras de senadores y diputados, que hoy debe ser confirmada en el Senado. El proyecto original sufrió algunas mermas producto de la necesidad de consensuar en un Congreso en el que La Libertad Avanza no tiene mayoría absoluta, pero lo que se ha aprobado de todas maneras representa un avance significativo.
La prueba es la resistencia de los poderosos sindicatos argentinos, que convocaron a un paro nacional y realizaron protestas violentas. Nada de eso impidió la aprobación.
El argumento de los voceros del gobierno era muy claro:
No entendemos como la Confederación General del Trabajo (CGT) y otros sindicatos defienden un ordenamiento legal laboral que mantiene a más de la mitad de los trabajadores en la informalidad, sin derechos, y con bajos salarios.
Y cómo es posible que se opongan a una legislación que ha de permitir que más trabajadores de incorporen a las planillas con derechos y que los sueldos mejoren porque habrá más demanda de trabajo.
Es que en la Argentina de Milei se da la batalla política, la batalla de los argumentos. Y al final, si se habla claro, la gente entiende.
Lo que ocurre es que la nueva legislación, sin ser lo radical y avanzada que podría ser debido a concesiones que hubo que hacer para aprobarla,
-
- no solo facilita la contratación y
- reduce en alguna medida el costo del despido, y
- flexibiliza la jornada de trabajo,
- sino que elimina la obligatoriedad de la cuota sindical por convenio colectivo si es que no se está afiliado al sindicato y, sobre todo,
- permite que las negociaciones sean por empresa y ya no solo por rama.
Los sindicatos, por supuesto, han sentido que estas dos últimas medidas minan su poder, pero no solo son justas, sino que perfectamente lógicas y racionales.
La negociación colectiva por rama beneficia a los trabajadores de las empresas grandes del sector, pero los acuerdos adoptados resultan simplemente insostenibles para una empresa mediana o pequeña. De allí la alta informalidad.
En el Perú no tenemos negociación por rama obligatoria felizmente, pero si tenemos algo que ni siquiera en Argentina, con todo su poder sindical, había:
estabilidad laboral absoluta, en virtud de una sentencia del Tribunal Constitucional del 2002.
O el Tribunal modifica su jurisprudencia con ocasión de algún caso que le llegue, o el próximo Congreso realiza una modificación constitucional para precisar algo que en realidad está claro, pero ha sido mal interpretado.
En realidad, la legislación peruana debería ir hacia un esquema flexible como el de la agroexportación, que ha demostrado ser el que más empleo formal genera.
Según un informe del Banco Central de Reserva (BCRP),[1] en la última década el empleo formal en ese sector fue de lejos el que más creció: lo hizo a una tasa promedio anual de 7.1%, casi 2.6 veces superior al promedio total. Extraordinario.
[1] https://www.bcrp.gob.pe/docs/Publicaciones/Notas-Estudios/2026/nota-de-estudios-14-2026.pdf

Y debemos reducir costos no salariales del trabajo. La proliferación normativa alcanza a las 2 mil páginas. Eso tiene que ser drásticamente recortado. La CTS debe convertirse en un seguro de desempleo, limitándola a 6 aportes de la empresa intangibles.
Lo ideal sería ir al sistema nórdico que permite el despido sin expresión de causa, pero con un seguro de desempleo acompañado de capacitación para el reciclaje laboral.
En Dinamarca por eso no hay prácticamente desempleo. Trabajadores prefieren incluso salir de un empleo para buscar otro mejor calificado luego de una capacitación. Entonces las empresas mismas se preocupan de tratar, pagar y capacitar bien a sus trabajadores.
Es el círculo virtuoso que genera la libertad. A eso debemos ir.
Lampadia






