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Lima-Perú, 10/01/2020 a las 09:01am. por Fausto Salinas Lovón

Los riesgos de la elección del 26 de enero

Pactar contra el gobierno y luego contra el Estado

Fausto Salinas Lóvon
Desde Cusco
Exclusivo de Lampadia

Pablo Casado, líder del Partido Popular español, le ha dicho a Pedro Sánchez, el líder socialista recientemente investido como Jefe de Gobierno de ese país, que primero pactó con independentistas, antimonárquicos y comunistas para censurar a Mariano Rajoy y que ahora, para conseguir la investidura y perpetuarse en el poder ha pactado con estos mismos para destruir o censurar al Estado español, poniéndolo a merced de los independentistas, los republicanos y los comunistas. Lo más grave es que Pablo Casado ha revelado que este pacto, que podría convertir a España en un archipiélago de regiones intrascendentes en el contexto europeo y mundial, no era la única alternativa con la cual contaba el socialista para llegar al gobierno, ya que el  Partido Popular y Ciudadanos (las dos formaciones de centro y centro derecha) le habían ofrecido un acuerdo de Gobierno sobre la base de 11 pactos de Estado para España que hubieran permitido mantener la unidad española y evitar convertir a comunistas e independentistas en los protagonistas de la destrucción del Reino Español.

Santiago Abascal, el líder de VOX, ha calificado nítidamente el gobierno de Sánchez, como un gobierno surgido de la mentira y el fraude.

Tanto Casado, como Abascal se encuentran a más de 9,000 km de distancia del Perú, sin embargo, ¿sus afirmaciones son ajenas a la realidad política latinoamericana?

Para nada.

Lo que está ocurriendo en España tiene que ver directamente con lo que sucede en América Latina o, mejor dicho, es consecuencia de lo que sucede en esta parte del mundo. El populismo es un producto de exportación latinoamericana que esta semana ha llegado por fin al poder en España, colocando a Pablo Iglesias, el líder de PODEMOS como vice presidente de ese país.  4 años atrás, habíamos dicho: “es posible afirmar que no estamos ante una propuesta novedosa para el electorado español, ya que se trata simplemente de un comunismo travestido y de la mera importación a España del populismo autoritario de izquierda que han impulsado Hugo Chávez en Venezuela y sus secuaces en Ecuador, Cuba, Argentina y Bolivia.” https://lampadia.com/opiniones/fausto-salinas-lovon/podemos-exportar-el-populismo/

Lo que ocurre en España está directamente vinculado a lo que sucede en Bolivia, donde diplomáticos españoles del gobierno de coalición PSOE - PODEMOS han pretendido extraer por la fuerza a ex miembros del gobierno de Evo Morales que se hallan asilados en la residencia de la embajada mejicana y conocen las relaciones, los recursos y los vínculos de Pablo Iglesias, Iñigo Errejón, Monedero y otros miembros de la cúpula de ese partido, con el dinero sucio de Venezuela y Bolivia.

El pacto contra el Estado en España que denuncia con mucha nitidez la derecha y centro derecha españolas tendrá consecuencias en la posición de ese país frente a Venezuela y no será de extrañar que muy pronto tenga que honrar sus deudas con el chavismo y entreguen a Leopoldo López, actualmente asilado en la embajada española de Caracas, para que vuelva a prisión en VENEZUELA.

Lo que sucede ahora en España lo estamos viendo también en los últimos años en el Perú. Vimos cómo se pactó para censurar primero al gobierno y a renglón seguido, como se pacta para destruir el Estado con tal de mantenerse en el poder. El pacto contra el gobierno parece ser solamente el primer paso en un propósito mayor, la destrucción del Estado y sus instituciones.

Martín Vizcarra, que parece ser también en medio de su indefinición política un émulo de Sánchez en nuestro país, primero pactó con fujimoristas y los del partido de la “plata como cancha” para traicionar a su mentor PPK y desembarcarlo del gobierno en marzo del 2018. Pactó en contra de su propio gobierno, al cual había llegado como vicepresidente y Jefe de Campaña. Luego pactó con la izquierda para traicionar el programa que había ganado las elecciones y pasó a gobernar con anti mineros, con gobernadores regionales ultras y con las calles, en contra de la ley y en contra de la inversión. 

Sin embargo, como ha sucedido en España, no le bastó pactar contra el gobierno. Para mantenerse en el poder y no llegar a un acuerdo político acorde al mandato electoral del 2016 que le implicaba compartir el poder (como no lo ha querido hacer Sánchez en Madrid), pactó con aquellos que buscan destruir las instituciones esenciales del Estado como la independencia de poderes, la separación de funciones, el respeto a la autonomía de los órganos constitucionales y contra la supremacía constitucional, para acabar finalmente con la Constitución y el Estado de Derecho. Destruyó la independencia de poderes con la grosera injerencia sobre la Fiscalía de la Nación y el Poder Judicial. Pactó para destruir la supremacía constitucional al impedir la elección del nuevo Tribunal Constitucional por parte del órgano llamado a hacerlo. Pactó para destruir la división de poderes al disolver el Congreso sin causal válida en alianza con sectores de la prensa, la izquierda radical y el aplauso de muchos.

Vizcarra, como Sánchez en España, una vez producida la elección parlamentaria que se avecina, no dudará en pactar con quienes estén en contra de la Constitución, a la cual están convirtiendo paulatinamente en la falaz enemiga con la cual confrontar. Pactará con aquellos que la quieran destruir con tal de mantenerse en el poder y seguramente forzar una reelección inconstitucional.

El reto está en impedirlo. En España, como sucede en el Perú, la complicidad de la prensa, la indiferencia de las clases medias y la actitud de los “políticamente correctos”, los ha llevado al borde del abismo. En el Perú (como en Bolivia y el resto de América Latina), donde vemos las consecuencias del populismo, estamos obligados a impedir pactos contra el Estado y la Constitución que se avecinan si los aliados de Vizcarra toman el control del Congreso este 26 de enero. De no impedirlo, nuestro destino podría ser el mismo que el de España. Lampadia

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