La superioridad intelectual de la izquierda | Lampadia
  • Objetivo: Lograr que los peruanos optemos por una Sociedad de Libre Mercado​
  • Viernes 28 de Enero 2022
  • Lima - Perú
MENÚ
Política < regresar

Lima-Perú, 12/01/2022 a las 10:01am. por Pablo Bustamante Pardo

Tomaron el control en 10 años

La superioridad intelectual de la izquierda

Pablo Bustamante Pardo
Director de Lampadia

El siguiente documento de la Fundación para el Progreso es suficientemente extenso, como para agregar nuestro comentario. Solo queremos recomendar encarecidamente a nuestros lectores que no dejen de leerlo, pues encierra una explicación nítida sobre la fuerza de la palabra de las izquierdas y el drama del vacío de los agentes productivos en la formación del pensamiento político.  

 Fundación para el Progreso - Chile
Pablo Paniagua

Publicado en El Líbero, 10.01.2022

Hace casi 90 años el marxista italiano Antonio Gramsci (1891-1937) reconoció el rol fundamental de los intelectuales en cambiar el clima cultural de un país y así poder ejercer hegemonía política (Lettere dal carcere, 1947). En palabras de Gramsci: “la conquista del poder cultural es previa a la del poder político y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales llamados ‘orgánicos’ infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios”. Gramsci —que era un periodista de oficio— sabía muy bien el poder que tienen las palabras y la cultura en poder cambiar la opinión de un país, al reconocer que “el que controla las palabras controla la realidad”. Esto condujo a Gramsci a fundar en 1919, uno de los periódicos socialistas más influentes de su época, el famoso “L’Ordine Nuovo”, con el objetivo de ejercer hegemonía cultural. Inmediatamente después en 1921 nace el Partido Comunista Italiano, cambiando así la correlación de fuerzas políticas y culturales de la península.

De manera similar, hace 10 años en Chile, surge la llamada movilización estudiantil, las que corresponden a una serie de manifestaciones realizadas por universitarios y secundarios. Uno de los principales rostros de ese movimiento estudiantil, que puso en cuestionamiento la iniciativa privada, el proceso de modernización chileno y el proceso de privatización de la educación, fue un joven universitario llamado Gabriel Boric Font. Justo después de la movilización estudiantil, Boric se presentó como candidato a integrar la mesa directiva de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh) —hoy, es el flamante presidente electo de Chile. Este meteórico ascenso de Boric en la conquista del poder, que en una década pasó desde ser un estudiante vociferando contra la privatización en las calles de la Alameda, hasta la Moneda, se puede explicar a través de la visión de Gramsci con respecto al rol clave de los intelectuales y de los medios culturales en forjar “el clima cultural” y crear así hegemonía ideológica, para luego poder ejercer el verdadero “poder político”.

Cabe aclarar que la hegemonía cultural de Gramsci no necesita de “teorías conspiracioncitas”, o de creer que existen personas maquiavélicas que organizan —desde las sombras— una conspiración marxista o una “acción concertada” a gran escala para poder permear, junto con los intelectuales de izquierda, todos los medios de comunicación, y expresión culturales e intelectuales. Dicho supuesto nivel de coordinación marxista existe solo en las paranoicas teorías conspirativas. Más bien, dichos procesos culturales, ocurren de forma espontánea (sin planificación central) y casi orgánica o descentralizada. Lo que sí es verdad, es que estos procesos de hegemonía cultural requieren muchos esfuerzos diseminados y van generando poco a poco un efecto de red (network effect) en el cual se crean externalidades culturales de redes, en donde la masa crítica original de los primeros intelectuales y sus ideas son fundamentales. Dicho en otras palabras, la superioridad intelectual de la izquierda es algo que se construyó con una década de arduo y mancomunado trabajo y de innumerables esfuerzos intelectuales y culturales dispersos por el país.

Veremos ahora en este ensayo un pequeño repaso o lista de aquellos elementos clave que contribuyeron a la conquista del poder cultural de la izquierda en Chile desde el 2011 en adelante, para luego pavimentar la hegemonía política que culmina con Gabriel Boric de presidente en el 2022. La intención de este repaso no es el de juzgar o criticar las ideas y los aportes intelectuales de distintos actores de izquierda, sino más bien solo constatar una realidad del clima cultural en el país y su evolución, que bien asemeja a lo que Gramsci llama “la conquista del poder cultural”.

El rol de los intelectuales en la formación de los jóvenes

Primero, sin duda está el rol de los intelectuales y el de los profesores universitarios en Chile que jugaron un rol catalizador en imponer el debate normativo en torno a cuestionar el modelo económico de la transición democrática y en promover las ideas de la izquierda, que fundaron las bases intelectuales del movimiento estudiantil y del Frente Amplio.

Por ejemplo, como bien lo destaca Alfredo Jocelyn-Holt en su libro La escuela tomada, Fernando Atria (en aquella época militante del Partido Socialista desde el 2010) jugó un rol clave en la formación ideológica e intelectual de los jóvenes del movimiento estudiantil del 2011. Desde el 2011 en adelante Atria entra en el debate público como un verdadero torbellino, publicando nada menos que una seguidilla de 6 libros que generaron un profundo impacto en los jóvenes universitarios, en particular aquellos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile en donde imparte clases y Gabriel Boric estudiaba. En concreto, desde el 2011, Atria publica 6 obras clave: 

1) La mala educación (2012); 

2) Veinte años después: neoliberalismo con rostro humano (2013); 

3) La Constitución tramposa (2013), en ese mismo año además es coautor del influyente libro

4) El otro modelo: del orden neoliberal al régimen de lo público (2013); 

5) Derechos sociales y educación: un nuevo paradigma de lo público (2014); y 

6) La forma del derecho (2016). 

No por nada, El Mostrador catalogó a Atria como el “ideólogo del movimiento del 2011”. Incluso Giorgio Jackson, que bien podría terminar siendo la mano derecha del futuro presidente, prologó en el 2012 el libro La mala educación. Giorgio Jackson en dicho prólogo señala que, durante las manifestaciones, Fernando Atria “me acompañó literalmente, pues yo andaba con sus columnas impresas en la mochila, corcheteadas y subrayadas”. Es difícil no reconocer el profundo impacto que las ideas de izquierda y anti-mercado de Fernando Atria causaron en los jóvenes chilenos en la década pasada. Vale la pena señalar que Atria es además Profesor de Introducción al Derecho de la U. de Chile, desde el 2001 a la fecha, por lo que ha tenido un gran impacto también en la formación ideológica de cientos de jóvenes abogados del país.

De la misma forma, el caso del intelectual Carlos Ruiz Encina es muy parecido al de Atria. Desde su retorno al país desde el exilio en 1990, Ruiz ha jugado un activo rol ideológico y político desde la academia y la Universidad de Chile. Carlos Ruiz ha estado estrechamente vinculado a las luchas políticas de izquierda, y es gran formador de dirigentes sociales y organizador de algunos de los más importantes referentes políticos e intelectuales de la izquierda chilena, como la SurDA, la Izquierda Autónoma y el Frente Amplio. Si bien sus libros son menos conocidos que aquellos de Atria, Ruiz también ha causado un profundo impacto en contribuir a la “hegemonía cultural” de la izquierda en Chile al publicar 5 libros: 

1) Conflicto social en el neoliberalismo avanzado (2013); 

2) Los chilenos bajo el neoliberalismo (2014); 

3) De nuevo la sociedad (2015); 

4) La política en el neoliberalismo (2019); y 

5) Octubre chileno (2020). 

Además, Ruiz es uno de los fundadores del think tank de izquierda “Fundación Nodo XXI” creado en el 2012, justo después del movimiento estudiantil. El Mostrador catalogó a Ruiz como “el intelectual clave de la izquierda extra-Concertación”. Vale la pena señalar que este es además un activo profesor de sociología de la Universidad de Chile y fue incluso el director del Departamento de Sociología de dicha universidad en el 2014-2018.

Guardando las proporciones, tenemos finalmente el rol del polémico intelectual Alberto Mayol. Desde el 2011 en adelante, Mayol ha jugado un rol activo en el debate público nacional y en la política de la izquierda chilena. Como bien lo reconoce Peña en su libro Pensar el malestar (2020), Alberto Mayol es uno de los principales contribuidores al debate normativo en torno a cuestionar el modelo de desarrollo chileno. De hecho, Mayol es una de las voces anti-mercado más críticas de nuestro proceso de desarrollo, y este empezó a escribir en contra del modelo de la Concertación ya desde el 2012, con su libro No al lucro: de la crisis del modelo a la nueva era política, en donde analiza los procesos de transformación asociados a los movimientos sociales desde 2011. De hecho, este ha causado un gran impacto cultural dentro de los jóvenes chilenos, contribuyendo a la “hegemonía cultural” de la izquierda al publicar nada menos que 7 libros de gran popularidad e influencia en el público: 

1) No al lucro: de la crisis del modelo a la nueva era política (2012); 

2) El derrumbe del modelo (2013); 

3) El Chile profundo (2013); 

4) Economía política del fracaso: la falsa modernización del modelo neoliberal (2015); 

5) Autopsia: ¿de qué se murió la elite chilena? (2016); 

6) Frente Amplio en el momento cero (2017); y 

7) Big bang. Estallido social (2019). 

Cabe mencionar además que, desde el 2013 hasta la fecha, Alberto Mayol es profesor de la Universidad de Santiago (USACH), y pertenece al departamento de Gestión y Políticas Públicas de la Facultad de Administración y Economía de dicha universidad. Desde enero del 2019, es además Vicedecano de Docencia, por lo que ha tenido un gran impacto en la formación ideológica de cientos de jóvenes economistas del país.

En síntesis, si uno revisa los grandes logros académicos y políticos de estas tres figuras de la izquierda chilena contemporánea, podemos notar que, solo entre estos tres individuos desde el 2012-2019, tenemos nada menos que casi 20 libros de gran divulgación e impacto político e ideológico, y que además están dentro de los más leídos entre los jóvenes chilenos en la última década (esto equivale a una producción de 2.5 libros anuales). Como si fuera poco, estas tres figuras llevan décadas en las grandes esferas académicas y dentro de las universidades más importantes del país (U. de Chile y USACH), en donde han formado a un sinnúmero de jóvenes y miles de futuros líderes políticos del país; todo esto, solo considerando apenas a tres intelectuales de izquierda como ejemplo. Además de las Facultades de Derecho y de Sociología, casos similares ocurren en otras facultades de la U. de Chile como la FACSO, la FAU, el INAP y la Facultad de Filosofía. Dinámicas ideológicas análogas, en donde intelectuales de izquierda han jugado un rol clave en la formación de las nuevas generaciones, ocurren en varias otras universidades del país. En definitiva, no existe ninguna universidad liberal o ‘de centroderecha’, ni ninguna figura intelectual en la derecha —o un grupo de estos— que haya tenido similar impacto en el espacio público y en la formación de jóvenes a través de las universidades y la academia durante la última década. No es para sorprenderse entonces la hegemonía que ejerce la izquierda hoy en la cultura y en los jóvenes del país.

El rol de los medios culturales en la producción de conocimiento

Como bien lo entendiera Gramsci, el rol de los intelectuales de izquierda no sería nada sin el rol fundamental y complementario de los medios de comunicación y de expresión cultural, que ayudan a sustentar y fomentar el proceso de hegemonía cultural de la izquierda. Pues bien, esto es lo que ha ocurrido en Chile en la última década con el nacimiento de nuevos e importantes periódicos y de nuevos medios culturales de expresión, donde los intelectuales de izquierda han podido publicar sus ideas y diseminarlas al resto de la población. 

Cabe destacar, por ejemplo, que desde el 2011 la mayoría de los libros de los tres autores mencionados anteriormente han sido publicados en casas editoriales emergentes con un claro sesgo de izquierda: Editorial LOM, Editorial Catalonia, Editorial El Desconcierto y los esfuerzos editoriales de CLACSO, el Fondo de Cultura Económica y Fundación Nodo XXI, por nombrar solo a los más influyentes.

Solo para dar dos ejemplos breves, la Editorial Catalonia fue fundada en el 2012 y tiene un claro sesgo progresista y de izquierda, en donde se han publicado libros clave de: Alberto Mayol, Fernando Atria, Daniel Matamala, Daniel Jadue, Mariana Mazzucato, Baltasar Garzón, Pedro Cayuqueo, el Senador (de la retroexcavadora) Jaime Quintana y muchas otras figuras públicas. De la misma manera, la Editorial LOM, fundada en 1990, posee un claro sesgo político hacia la izquierda. De hecho, la Editorial LOM publica en español la “Revista Actuel Marx Intervenciones” que es una revista intelectual marxista cuyo “objetivo es la reconstrucción teórica del pensamiento crítico vinculado al marxismo”, editada por la Dra. María Tijoux (profesora de la FACSO de la Universidad de Chile). Además, Editorial LOM ha publicado trabajos de figuras clave de la izquierda como: Carlos Ruiz Encina, Alberto Mayol, Fernando Atria, Kathya Araujo, el político y exmilitante comunista Jorge Arrate, Tomás Moulian, entre otras importantes figuras de la izquierda. Asimismo, el medio de comunicación El Desconcierto, fundado en el 2012, ha contribuido también con esfuerzos editoriales al publicar trabajos de Alberto Mayol y de Hassan Akram (economista vinculado con el Frente Amplio).

Similares roles al de las editoriales emergentes han cumplido otros polos culturales e intelectuales como: La Editorial del Fondo de Cultura Económico (FCE), Flacso, Facso, Le Monde Diplomatique, El Ciudadano, CIPER, la Radio Universidad de Chile, The Clinic, El Mostrador, Gamba, la Revista Nueva Sociedad, y un sinfín de otros esfuerzos intelectuales vinculados con el mundo de la izquierda y de los jóvenes universitarios. Con todo, existen al menos cinco casas editoriales privadas y de gran peso comercial relacionadas con el mundo de la izquierda en Chile. Por otro lado, las únicas casas editoriales de ‘centroderecha’ apenas relevantes en el país son la “Editorial IES” y los incipientes esfuerzos de la FPP.

Con todo, el rol de estas emergentes casas editoriales y de estos medios de comunicación no puede ser desestimado y han contribuido, no solo a ofrecer un espacio de alta calidad editorial y de impresión en donde intelectuales como Atria y Mayol puedan tener el espacio necesario para poder diseminar sus ideas, sino que también han ofrecido una vitrina comercial única con la cual se ha podido ir consolidando la hegemonía cultural de la izquierda en Chile. En simple, basta con darse una simple vuelta por las principales librerías del centro de Santiago, desde la librería del GAM en el Metro Universidad Católica, pasando por las librerías del Barrio Lastarria, hasta la librería del Fondo de Cultura Económico en el Metro Universidad de Chile para constatar la profunda hegemonía cultural e intelectual de la izquierda en Chile.

El rol divulgativo de los think tanks y centros de estudio de izquierda

Finalmente, cabe destacar el importante rol que han jugado los centros de estudios o los llamados think tanks relacionados con el mundo de la izquierda en contribuir con la formación intelectual de los jóvenes académicos y políticos chilenos. Los centros de estudios sin fines de lucro y centros de pensamiento relacionados con el mundo de la izquierda han jugado un rol importante en la conquista gramsciana por el “poder cultural” en dos grandes sentidos: 

Primero, han proporcionado un espacio importante para la formación intelectual y el fogueo de jóvenes para que den sus primeros pasos en la academia y en el debate público —para que así continúen luego sus estudios de posgrado en el extranjero o sirvan luego de consejeros de las candidaturas presidenciales—. 

Segundo, han proporcionado el espacio para articular ideas y pensamiento, de más largo aliento y desarrollo, en donde pueden madurar los conceptos, ideas, papers académicos y los libros que después van a contribuir a forjar las visiones de país que alimentan los proyectos políticos como los del Frente Amplio. 

Aquí han jugado un rol importante innumerables centros de estudio de izquierda como: Espacio Público, Fundación Nodo XXI, Fundación Sol, OPES, Horizonte Ciudadano, Fundación La Casa Común, RED, Chile 21, Chile Sustentable, Saber Futuro, entre muchos otros.

Por el lado de las instituciones de investigación con cierta orientación progresista o de centroizquierda que han surgido dentro de las universidades, podemos destacar al Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (ICSO) de la UDP, en donde destacan profesores como Claudio Fuentes y Alfredo Joignant; el Centro de Estudios del Conflicto y Cohesión Social (COES) donde destaca la economista Claudia Sanhueza y Jorge Atria y el Instituto de Estudios Avanzados USACH, donde se encuentra la académica Kathya Araujo. Todos estos centros de estudios, gracias a su calidad de investigación y preparación académica, reciben constantemente fondos públicos de Fondecyt, para poder seguir produciendo investigación y doctores.

Por el lado de la divulgación, hay que destacar el rol clave que ha jugado la Fundación Sol en los debates y su masiva aparición en los medios de comunicación y en la televisión. La Fundación Sol se estableció en el 2007 y se autodefine como un centro de “investigación y acción, que busca generar conocimiento crítico y acciones para potenciar las luchas sociales y sindicales”. Sus temas de especialización y de batalla son “especialmente: las pensiones, la educación y la disputa capital-trabajo”; que, dicho sea de paso, han sido las temáticas clave de los movimientos sociales desde el 2011 hasta la fecha. La Fundación Sol cuenta hoy con 12 investigadores de alto nivel académico y la mayoría posee postgrados y maestrías en el extranjero. Para poner las cosas en perspectiva, solo la Fundación Sol tiene más investigadores y académicos preparados con maestrías y postgrados que todos de los centros de estudio de centroderecha reunidos (si sumamos a todos los investigadores de los centros de estudio de centroderecha con posgrado en el IES, Idea País, la FPP y Horizontal, estos suman apenas 11 personas). 

Asimismo, la Fundación Nodo XXI, ha jugado un rol clave en generar las ideas que orientaron al Frente Amplio en la última década. Dicha Fundación ha sido la plataforma a través de la cual Carlos Ruiz Encina (considerado el ideólogo del Frente Amplio), ha publicado la mayoría de sus libros e investigaciones. Además, Nodo XXI, publica una revista académica trimestral llamada “Cuadernos de Coyuntura” en donde invitan a investigadores jóvenes a publicar sus trabajos y a foguearse intelectualmente. Según la fundación, esta “es una revista cuyo propósito es el análisis y discusión de los conflictos sociales y políticos producidos al calor de casi cinco décadas de ininterrumpida hegemonía neoliberal en Chile”. La Fundación Nodo XXI cuenta con 12 investigadores de alto nivel de preparación. Nodo XXI es considerado como el “brazo intelectual” del Frente Amplio. Un rol emergente y similar, pero desde el lado de la economía y la economía aplicada, está cumpliendo el nuevo centro de estudios OPES (Observatorio de Políticas Económicas), en el cual Javiera Petersen (economista del equipo de Daniel Jadue) es la directora ejecutiva. OPES cuenta hoy con 10 investigadores jóvenes de alto nivel y la mayoría ya posee maestrías en economía aplicada.

En síntesis, si sumamos solo a los investigadores de apenas tres centros de estudios de izquierda que utilizamos como ejemplo (Fundación SOL, Nodo XXI y OPES), tenemos nada menos que un total de 34 investigadores de alto nivel educacional y de preparación académica, sobre todo en materias sociológicas y económicas, casi la mayoría de estos con posgrados en el extranjero y maestrías. Por el otro lado, todos los centros de estudio de centroderecha juntos o reunidos en el país no deben llegar ni siquiera a 20 investigadores en total. 

La asimetría intelectual, cultural y de producción de investigación es apabullante y ayuda a explicar la profunda derrota intelectual de la derecha en Chile.

Lecciones para la hegemonía del mañana

En esta simple revisión cultural hemos podido advertir la excelente tarea y el trabajo de hormiga que ha hecho la izquierda chilena en poder establecer —de forma no planificada ni coordinada, pero sí perseverante, creativa y empeñosa— un sinnúmero de nodos culturales e intelectuales desde las universidades, los departamentos de ciencias sociales, los centros de estudios, las editoriales y desde los medios de comunicación, para poder formar así, en una década de trabajo, una red intelectual amplia que promueva una sólida hegemonía cultural que resulta hoy apabullante e imparable. Dicho en simple, la izquierda en Chile y todos sus distintos actores intelectuales y emprendedores culturales, se tomaron muy en serio las palabras de Gramsci (“la conquista del poder cultural es previa a la del poder político”), e hicieron muy bien la pega cultural-intelectual e invirtieron recursos, hace ya más de diez años, con el objetivo de construir poder cultural que hoy ve sus primeros frutos de poder político con el flamante Presidente electo Gabriel Boric —que es, en cierta manera, un “hijo cultural” de aquella hegemonía que hemos examinado—.

Para concluir, no me queda nada más que felicitar a la izquierda chilena en general, y a todos los intelectuales y empresarios culturales de izquierda en particular, por la apabullante hegemonía cultural que han forjado a pulso con loable esfuerzo en el país. En apenas una década lograron, no solo formar una rotunda hegemonía cultural e intelectual entre los jóvenes y en las universidades del país, sino que además lograron construir un nuevo y exitoso poder político, traducidos hoy en una Convención Constituyente (que representa muy bien dicha hegemonía) y en el flamante presidente electo Gabriel Boric.

Todo esto, dándole además una verdadera cátedra cultural e intelectual a la derecha chilena que todavía no entiende lo que pasó en la última década y que hoy ve su pasada hegemonía de papel derrumbarse ante sus ojos. A estas alturas hay que preguntarles honestamente a los intelectuales conservadores, a los académicos liberales, a los empresarios y a los intelectuales públicos pro-mercado: 

¿dónde estaban ustedes y sus esfuerzos durante la última década, mientras todo esto acontecía delante de sus ojos? Lampadia

Palabras Clave

Artículos Relacionados

Comentarios