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Lima-Perú, 27/10/2020 a las 10:10am. por Pablo Bustamante Pardo

Con la ayuda del silencio

El poder de la Palabra es inmenso

Pablo Bustamante Pardo
Director de Lampadia

Que difícil es interpretar los tiempos presentes, especialmente cuando son cambiantes y turbulentos.

Veamos el caso de Chile, un país que se convirtió en el modelo de desarrollo, no solo en América Latina, sino en el mundo entero, incluyendo a los países de la ex órbita soviética.

Veamos primero las realizaciones objetivas de Chile con su Constitución:

  • La inflación  alcanzó un pico de más del 500% en 1973, cayó por debajo del 10% en la década de 1990 y por debajo del 5% en los años 2000 (Banco Mundial 2019).
  • Entre 1975 y 2015, el ingreso per cápita en Chile se cuadruplicó hasta alcanzar los 23,000 dólares, el más alto de América Latina.
  • Desde principios de la década de 1980 hasta 2014, la pobreza se redujo del 45% al 8%.
  • En 1982 sólo el 27% de los chilenos tenía un televisor. En 2014, el 97% lo tenía.
  • Lo mismo ocurre con los refrigeradores (del 49% al 96%), lavadoras (del 35% al 9%), los automóviles (del 18% al 48%).
  • La esperanza de vida aumentó de 69 a 79 años.
  • El hacinamiento en las viviendas se redujo del 56% al 17%.
  • La clase media aumentó de 23.7% en 1990 a 64.3% en 2015.
  • la pobreza extrema se redujo del 34.5% a 2.5%.
  • El acceso a la educación superior se multiplicó por cinco, beneficiando principalmente al quintil más bajo, cuyo acceso a la educación superior se multiplicó por ocho.
  • Entre 1990 y 2015 los ingresos del 10% más rico crecieron un total de 30%, los ingresos del 10% más pobre experimentaron un aumento del 145%.
  • El índice de Gini cayó de 52.1 en 1990 a 47.6 en 2015.
  • La desigualdad de ingresos dentro de diferentes generaciones, tuvo una mayor la reducción.
  • El índice de Palma, que mide la desigualdad de ingresos del 10% más rico en relación con el 40% más pobre, se redujo de 3.58 a 2.78 mientras que la relación entre los ingresos de los quintiles más bajos y los más altos disminuyó de 14.8 a 10.8.
  • La OCDE (2017) mostró que Chile tenía mayor movilidad social que todos los demás países de la OCDE.
  • Chile también ocupaba la posición más alta entre las naciones latinoamericanas en el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas.

Ver fuente en Lampadia, en el ensayo de Axel Kaiser, publicado en el Cato Journal: La paradoja del bienestar y la furia - La Caída de Chile.

Por otro lado, Darío Paya, Presidente del Leadership Institute de Chile, nos dice que:

  • Si ves las generaciones como la mía y posteriores, los niveles de desigualdad en Chile nos ponen en el sétimo lugar de la OCDE, equivalentes a Francia.
  • La verdad es que nos estábamos haciendo más iguales, generación por generación; pero la izquierda repite y repite lo contrario al punto que gente de la derecha lo empezó a repetir. 
  • En política, las cosas que son falsas, pero que la gente cree que son ciertas, producen el mismo efecto que producirían si fueran ciertas.
  • Entonces al final nosotros hemos llegado a donde llegamos por una mezcla de mentiras y falta de coraje y perseverancia de la gente que sabía que no era verdad, una espiral de silencio.
  • La crisis estalla no tanto por la desigualdad, si no por una sensación de desconfianza en la que se piensa que no te va bien porque alguien es culpable.
  • Se construyó una narrativa de que algunos pocos controlaban todo y se aprovechaban de tu suerte.
  • Piñera en su primer gobierno hizo suya esta agenda anti abusos y la validó políticamente.

Ver en Lampadia: Chile al borde del abismo.

¿Qué nos dice Kaiser (Presidente de la Fundación para el Progreso – Chile) sobre esa contradicción entre un país que prosperó como pocos en el mundo y el ensañamiento de las hordas destructoras de la paz en Chile?

  • Parte de la explicación de la rabia mostrada por la población chilena tiene que ver con el colapso de la confianza pública en las instituciones cívicas y estatales tradicionales, incluyendo la democracia. 
  • Chile también ha experimentado un descenso sistemático en la percepción de corrupción.
  • La ineficiencia crónica contribuyó a la pérdida de legitimidad de las instituciones estatales.
  • La reciente disminución de la confianza pública en el sector privado y en las instituciones estatales de Chile contribuyó al clima de descontento y frustración.
  • Pero esto por sí solo no puede explicar la salida de Chile de la fórmula de libre mercado que lo hizo tan exitoso. Si las élites y la población general de Chile entendieran realmente que las instituciones de libre mercado son cruciales para que el país continúe su camino hacia la prosperidad, entonces grandes grupos entre los manifestantes y las élites políticas e intelectuales, no estarían exigiendo cambios drásticos en lo que se denomina despectivamente como el sistema “neoliberal” de Chile.
  • La igualdad material, la vieja obsesión de la izquierda, se convirtió en el credo de la mayoría de la clase política e intelectual de Chile.
  • Los resultados de esta narrativa igualitaria fueron cambios institucionales graduales que, a lo largo de los años, llevaron a la disminución de las tasas de crecimiento económico. 
  • Debido a la persistencia de la narrativa igualitaria a lo largo de los años, gran parte del público compró la idea de que el neoliberalismo había llevado a más desigualdad e injusticias a pesar de que la desigualdad de ingresos estaba disminuyendo. 
  • La centroderecha tampoco se dedicó a una fuerte defensa de los principios de mercado.
  • El poder de las ideas e ideologías es mucho mayor que el atractivo de los hechos.
  • Chile confirma la vieja lección liberal clásica de que no hay esperanza para la supervivencia del libre mercado sin el argumento moral de la libertad económica. Dicho caso moral y cultural a favor de la libertad económica, que debe ser aceptado por el público, debe ser ante todo generado —al menos en parte— por la élite intelectual, política y económica.

Ver en Lampadia: La paradoja del bienestar y la furia - La Caída de Chile.

El caso de Chile, por la contundencia de sus realizaciones económicas, sociales e institucionales es el mejor ejemplo de que todos los logros se pueden opacar con el inmenso poder de la palabra, si se logra introducir una narrativa persistente y efectiva. Algo que requiere tiempo, por supuesto, y dos socios importantes: el silencio de los intelectuales,  académicos y empresarios conocedores y partícipes del desarrollo, y la debilidad de los tontos útiles que terminan asumiendo el lenguaje de las narrativas interesadas, como en Chile, con la persistencia de la prédica de la desigualdad, que fue asumida incluso por el empresario presidente Sebastián Piñera.

Lamentablemente, los gobiernos liberales y de centro derecha, a diferencia de los gobiernos de izquierda, no se caracterizan por promover la difusión de sus logros, como lo hacen los segundos. Llegando a los casos extremos de las izquierdas más radicales y empobrecedoras, que viven de la mentira, que viven reescribiendo la historia, e inventando enemigos.

En el Perú ya hemos sido víctimas de narrativas perversas, como las referidas a la explotación de los recursos naturales, con el verbo del pos-extractivismo, que han parado buena parte de nuestros proyectos productivos.

Ningún país, por más exitoso que sea, puede dejar de comunicarse con su población y de educar a sus jóvenes sobre las ideas fuerza de sus caminos de prosperidad. Veamos sino, los traspiés de EEUU con Trump y del Reino Unido con el Brexit.

Analicemos pues con cuidado el caso chileno. No nos dejemos llevar por las envolturas mediáticas ni por el aprovechamiento político de fenómenos complejos. Lampadia

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