Pablo Bustamante Pardo
Expresidente de IPAE
Fundador/Director de Lampadia
Como hemos explicado desde hace 10 años, intereses subalternos han exagerado voluntariamente los posibles impactos del llamado cambio climático.
No se niega el aumento de la temperatura global, pero la manipulación política, mediática y científica han llevado a la humanidad a forzar políticas públicas equivocadas y cuyo análisis costo-beneficio nunca resistieron el escrutinio de personalidades independientes, como la de Bjorn Lomborg.
Ver convocatoria de la Fundación para el Progreso de Chile, sobre la conferencia de Axel Kaiser & Bjorn Lomborg: Apocalipsis climático – El fin de un mito.

Aprovecho esta publicación para llamar a los ciudadanos, especialmente a los jóvenes, sobre la necesidad de aguzar su capacidades de análisis crítico, para no caer en las inercias de las olas de ‘temas’ políticamente correctos que suelen aparecer desde fuentes supuestamente confiables, como ha sido el caso de incontables agentes científicos con el tema climático.
Muchos jóvenes siguen creyendo a ciegas en la alerta climática
¡Hay que estar muy alerta!!!
Una verdad incómoda a los 20 años
La falsa profecía de Al Gore
16 billones de dólares gastados con beneficios prácticamente nulos
El verdadero legado de «Una verdad incómoda»

El exvicepresidente Al Gore asiste a una sesión de firma de libros de «Una verdad incómoda» en una librería de Tokio, Japón, el 14 de enero de 2006. (Koichi Kamoshida/Getty Images)
Veinte años después de Una verdad incómoda, las funestas predicciones de Al Gore no se han cumplido.
Los desastres no aumentaron como se esperaba.
Los osos polares no desaparecieron; de hecho, su población se ha duplicado con creces desde la década de 1960.
Las muertes relacionadas con el cambio climático han disminuido un 97 % en el último siglo.
La riqueza, la tecnología y la adaptación marcaron la diferencia. Las sociedades más ricas gestionan mejor los riesgos climáticos de lo que sugieren los discursos alarmistas.
Mientras tanto, la política climática ha tenido dificultades.
Se han gastado más de 16 billones de dólares, pero las emisiones siguen aumentando.
Los combustibles fósiles aún suministran el 81% de la energía mundial.
Las energías renovables suelen encarecer las inversiones, con un impacto mínimo en las temperaturas globales.

(Agencia Internacional de Energía, Statista)
En un artículo de portada para la revista National Review, Lomborg emite un veredicto claro: el alarmismo es costoso e ineficaz. ¿El camino más inteligente?
Centrarse en la innovación, la adaptación y la prosperidad. Si bien no resultan tan gratificantes moralmente como las exhortaciones de la película de Gore, en realidad funcionan.
Ver en Lampadia el artículo de Lomborg en National Review
Una verdad incómoda a los 20 años
La falsa profecía de Al Gore
Algunos apuntes del artículo:
El filme, con sus impactantes imágenes y alarmantes advertencias, transformó el problema, de una preocupación ecológica marginal a una crisis de primera plana.
Los líderes mundiales de los países ricos comenzaron a calificarlo como una «amenaza existencial» y dominó las agendas internacionales.
El mensaje de Gore caló hondo e inspiró a toda una generación de líderes de opinión, activistas y responsables políticos.
Gore pintó un panorama de un mundo asediado por inundaciones, sequías, tormentas e incendios forestales, con la humanidad al borde del abismo.
Los datos cuentan una historia diferente.
Es momento de reflexionar no solo sobre su impacto, sino también sobre su veracidad.
La película de Al Gore advirtió sobre la desaparición de los osos polares, sin embargo, la realidad es muy diferente:
Las poblaciones de osos polares han aumentado de alrededor de 12,000 en la década de 1960 a más de 26,000 en la actualidad,
La principal amenaza histórica fue la caza excesiva, no el cambio climático.
Los datos globales de satélite muestran en realidad una ligera disminución en la frecuencia de los huracanes desde 1980.
Los incendios forestales siguen un patrón similar.
La exageración mediática sugiere un planeta en llamas, pero la superficie global quemada ha disminuido un 25 % desde 2001, según datos de la NASA.
En 2025 se registraron las emisiones más bajas de la historia en la era satelital, con una reducción de 3 gigatoneladas respecto a los niveles de principios de la década de 2000, lo que equivale a eliminar las emisiones anuales de Brasil e Indonesia juntas.
A principios del siglo XX, casi el 4 % de la superficie terrestre mundial se quemaba anualmente, el equivalente a dos Indias. Hoy en día, se ha reducido casi a la mitad, al 2.2 %, lo que evita que casi una India se incendie cada año.
Tras el documental de Gore, los medios de comunicación y los activistas se han esforzado por presentar cada fenómeno meteorológico como «sin precedentes», pero la evidencia demuestra que la humanidad está más a salvo que nunca de los desastres climáticos.
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