Jaime de Althaus
Para Lampadia
El extraordinario operativo de captura y extracción de Nicolás Maduro para ser juzgado en Estados Unidos debe ser visto como el primer paso para poner fin a un régimen de opresión y represión que ha destruido Venezuela y la vida de millones de venezolanos, y dar paso al restablecimiento de la democracia.

Pero ha sorprendido la frialdad realista del plan norteamericano.
Fue chocante la manera como se descartó, por lo menos por el momento, a Edmundo González y María Corina Machado, para anunciar que se trabajará directamente con la presidenta encargada Delcy Rodríguez y, por lo menos por ahora, con toda la cúpula chavista integrada por personajes que también están buscados por la justicia norteamericana.
La lógica es absolutamente pragmática: se trata de asegurar el control de la fuerza a fin de prevenir el caos anárquico derivado del vacío de poder y se trata, sobre todo, de tener un gobierno que “tome las decisiones correctas”, que pueda hacerlo porque tiene precisamente el control de la fuerza y de los resortes del poder.
¿Cuáles son esas “decisiones correctas”?
El control del narcotráfico -lo que paradójicamente supondría una auto restricción de la propia cúpula-,
Que Venezuela deje de ser usada por enemigos de Estados Unidos, y
Permitir el acceso a empresas norteamericanas a los recursos petroleros (que “les fueron robados”) para generar los ingresos que beneficien ante todo a los venezolanos -dijo Trump- y no a países contarios a los intereses norteamericanos.
Aquí hay que decir que en la actualidad la empresa con mayor participación en la producción petrolera venezolana es una estadounidense, Chevron, con alrededor del 30% del petróleo extraído. Luego hay una empresa china que produciría aproximadamente la mitad de Chevron, una rusa, Repsol y otras. Por supuesto, hay un abandono de campos petroleros cuya reactivación vía reingreso de empresas que fueron expropiadas hace 20 años, sin duda tomará un tiempo.
Mientras tanto, hay dos efectos geopolíticos posibles derivados del bloqueo petrolero vigente:
una eventual caída de la dictadura cubana y
el agravamiento de la situación económica rusa al eliminar el blanqueo petrolero en Venezuela que Rusia al parecer ejecutaba para evadir las sanciones, lo que podría llevar a ese país a aceptar un acuerdo sobre Ucrania.
Es claro que la principal motivación del gobierno de Trump es afirmar su poder en su zona de influencia directa, América Latina, expulsando o reduciendo la influencia de intereses extra hemisféricos antinorteamericanos.
Eso es lo que el “Corolario Trump de la doctrina Monroe” expone explícitamente en la nueva “Estrategia de Seguridad” estadounidense. En ella queda claro que eje dominante de la geopolítica global para Estados Unidos ya no es ideológico, sino económico y de poder, derivado del interés primordial de ese país de mantener la hegemonía económica (y, consecuentemente, política), conseguir la autosuficiencia estratégica y contener el ascenso chino. Allí Estados Unidos renuncia al evangelio de la democracia y los derechos humanos. El concepto clave es “realismo flexible”.
Eso es exactamente lo que está ocurriendo con Venezuela. Y por ello no sorprende que no se mencione como parte de las “decisiones correctas” que se le exige al gobierno venezolano lo primero que reclama Edmundo Gonzales: la liberación de los presos políticos, y que la palabra democracia como destino final de la transición, aunque está claramente implícita, haya sido pronunciada solo por Marco Rubio. Respondiendo a una pregunta, Trump ha dictaminado que no se puede celebrar elecciones en el corto plazo porque primero el país tiene que recuperarse.
Para eso, pero sobre todo para asegurar los objetivos geopolíticos de Estados Unidos, Trump cuenta con que el (abyecto) gobierno venezolano “coopere”. Y ya la propia Delcy Rodríguez ha correspondido llamando al gobierno de Estados Unidos a “cooperar”.
Esperemos, sin embargo, que la tentación geopolítica no lleve al gobierno de Trump a trabajar indefinidamente con una cúpula chavista domesticada. Sería inaceptable y moralmente repudiable. Estamos seguros de que no será así. Lampadia






