Narrativas equivocadas
Jaime de Althaus
Para Lampadia
Circula en las redes una entrevista en la que el entrevistado sostiene que Keiko Fujimori, consciente de que no puede ganar una elección presidencial porque pierde siempre en segunda vuelta, entonces ha diseñado la bicameralidad dándole más poder al Congreso y al Senado para gobernar desde el Parlamento.

La tesis no deja de ser astuta, pero tiene dos errores.
El primero es que Keiko Fujimori realmente piense que está a condenada a perder siempre. En realidad, en anti-voto por ella ha bajado de 62% el 2021 a 48% en febrero de este año, según Datum. Todavía es alto, pero a la baja.
Y el segundo error es que el Congreso bicameral diseñado tiene más poder que el unicameral que aún nos rige. Esto no es cierto.
Para comenzar el Congreso bicameral como tal tiene las mismas atribuciones que el unicameral en relación con el Ejecutivo, pero, además, por definición, tiene menos poder que el unicameral. El poder se parte en dos, no se multiplica por dos.
Es cierto que el Ejecutivo puede disolver solo la cámara de diputados (no la de senadores) cuando aquella haya denegado la confianza a un gabinete o este haya sido censurado dos veces. Pero el Senado subsistente no puede aprobar leyes mientras se elige una nueva cámara de diputados, ni tampoco puede interpelar ni censurar ministros ni investigar, porque esas son funciones de la Cámara de Diputados. El Congreso entonces carece de poder legislativo y fiscalizador durante ese periodo. El Senado funciona en ese interregno con atribuciones incluso menores a las de la Comisión Permanente en la unicameralidad.
Se argumenta que la ley de desarrollo de la cuestión de confianza vació de contenido esa institución y por lo tanto ha dejado de ser eficaz. Pero esto no es cierto. El Ejecutivo puede hacer cuestión de confianza por leyes o políticas relativas a asuntos propios del Poder Ejecutivo, como debe ser. No puede hacer cuestión de confianza sobre materias que son de responsabilidad exclusiva y excluyente del Congreso, como la elección de los miembros del Tribunal Constitucional, por ejemplo.
Se argumenta que, así como se ha precisado el ámbito de la cuestión de confianza, no se tipificado la vacancia presidencial, que sigue siendo una figura abierta, básicamente política. Es cierto. Y así debe permanecer como un recurso para resolver situaciones de impasse o de grave deterioro de la conducta presidencial. Es el impeachment norteamericano. Es verdad que se ha abusado de la vacancia presidencial, pero hay que notar que en el caso del expresidente Jerí ni siquiera de aplicó esa figura sino la simple censura de la mesa directiva, que requería mucho menos votos.
Lo que no se dice es que con la bicameralidad la vacancia presidencial es más difícil de aprobar porque tiene que ser aprobada por las dos cámaras.
Y allí vamos al fondo del asunto:
El Congreso bicameral es por definición, como decíamos, menos poderoso que el unicameral porque al tener dos cámaras una controla a la otra. La bicameralidad limita el poder del congreso. Leyes excesivas o contraproducentes son revisadas y modificadas o rechazadas por el Senado, por ejemplo. La Cámara de diputados puede investigar, pero solo Senadores puede inhabilitar. La propia vacancia presidencial, como hemos dicho, es más difícil de aprobar.
Dentro del Congreso el Senado tiene más poder con el diseño aprobado porque puede modificar o archivar leyes aprobadas por diputados sin que la modificación regrese a diputados para conciliación. Pero esta configuración no afecta el poder del Congreso como tal y más bien facilita el control de excesos legislativos. Por lo demás, el Senado no tiene iniciativa en la formulación de leyes.
Lo que se mantiene igual desde que se promulgó la constitución del 93 es que el congreso puede insistir en una ley observada por el Ejecutivo solo con la mayoría absoluta (la mitad más uno del número legal de miembros) y no con 3/5 o 2/3 como debería ser para que el presidente tenga verdadero poder de veto. Sin embargo, nuevamente, con la bicameralidad la insistencia es algo más difícil porque tiene que ser aprobada por las dos cámaras.
En síntesis: no es verdad que Congreso bicameral aprobado tenga ahora más poder que el unicameral que dejamos atrás. Tiene menos poder.
Lampadia






