Fausto Salinas Lovón
Para Lampadia
Hace 28 años un payaso con uniforme militar creó el circo más macabro de la historia latinoamericana: Hugo Chávez.
Dirigió sus mejores funciones donde hizo malabares con la riqueza petrolera y la bonanza de una nación. Regaló a los espectadores todo lo que pudo y quiso para tenerlos contentos y puso en jaulas a quienes lo cuestionaron. Embelesó a sus adulones de la Región con maletas de dólares. Cuando las funciones decayeron hizo más malabares para seguir teniendo audiencia. Cuando el público estuvo descontento lo reprimió. No vio la decadencia de su circo, la muerte que muchas veces arregla lo que la vida no puede hacer, se lo impidió.
Como la función tenía que continuar, nos dejó otro payaso: Nicolás Maduro, que continuó con la macabra función de 8 millones de desplazados, 5 millones de hectáreas de tierras improductivas, miles de presos políticos, pobreza del 90%, desapariciones y ejecuciones forzadas.
Gracias Mr. Trump por llevarte a este payaso.
Millones de venezolanos y latinoamericanos celebran que el payaso del macabro circo chavista y su mujer y cómplice fueran arrestados.

Sin embargo, el circo chavista sigue en funciones. Se quedaron la vedette, el domador de leones, los trapecistas, los malabaristas, los guachimanes y muchos otros más que siguen poniendo en escena las macabras funciones de este circo de terror.
Para terminar con este circo de terror no basta librarse del payaso. Cualquiera de los que queda puede convertirse en el nuevo payaso y dirigir la función. De hecho, la vedette ha tomado el mando y ahora, con traje de 18,000 USD, dirige este macabro circo.
No será suficiente, ni importa que los nuevos conductores del circo chavista compartan la taquilla (entreguen el petróleo), tampoco será suficiente que entreguen a los leones a algunos de su elenco (destitución del general Marcano Tábata), ni mucho menos que liberen a unos cuantos presos políticos (ya lo hicieron para congraciarse con Obama y Biden), porque luego capturarán a otros y seguirán llenando sus cárceles de opositores.
No basta que anuncien el cierre del Sebin, el centro de tortura, porque podrán torturar y desaparecer opositores en otro lugar. No basta que liberen unos cuantos chavales para darle más razones de apoyo a Pedro Sánchez o al alcahuete de Zapatero desde Madrid. Nada de lo que estamos viendo estos días luego de la captura de Maduro será suficiente si el circo chavista sigue en funciones.
Es verdad que la extracción de Maduro tiene sus límites legales y políticos en el tablero americano y que la democracia y libertad de los pueblos latinoamericanos no es ni la prioridad, ni el tema de agenda de la administración norteamericana. El parámetro de acción legal es la captura de un procesado por su justicia. Eso lo sabemos. Sin embargo, tal hecho es más que un hecho judicial o policial. Es y ha sido un acto político y debe ser entendido en ese contexto. Justificarlo en una decisión judicial y edulcorarlo con los beneficios económicos que genera puede contentar a los electores americanos para las próximas elecciones de medio término, pero deja muy mal herida la imagen de una nación y su rol en la Región.
La convivencia con el circo chavista se convierte en el peor escenario posible.
La sociedad con él en una vergüenza. El desconocimiento del rol de los legítimos conductores elegidos por ese pueblo y desconocidos por el chavismo (Edmundo Gonzales y María Corina Machado) es aún más errado.
La única alternativa que queda entonces es terminar la función del macabro circo de terror chavista. Lampadia






