Jaime de Althaus
Para Lampadia
Hace meses que venimos argumentando que es muy difícil que en estas elecciones se repita el fenómeno del 2021: que pase a la segunda vuelta un outsider de izquierda radical. Y por varias razones.
El 2021 salíamos de la pandemia con una situación económica destruida para muchos peruanos.
Ahora el problema principal no es la economía, que ha mejorado mucho pese al incremento de precios por la guerra en Irán.
El problema principal es la inseguridad, lo que tiende a favorecer a candidatos de derecha.
En el 2021 Evo Morales era un actor relevante en el sur. Ahora Morales ha desaparecido y el socialista “modelo boliviano” ya no es modelo de nada porque simplemente colapsó.
Y, por añadidura, hay una ola de elecciones derechistas en la región, incluyendo la de Rodrigo Paz en la propia Bolivia.

A menos de dos semanas de las elecciones vemos que las candidaturas de izquierda no pasan de 5 o 6%, mientras que los dos punteros, Keiko Fujimori -que viene subiendo- y Rafael López Aliaga -estancado- están por encima del 10%.
En la elección del 2021 hubo un 19% de votos blancos o viciados. Según los últimos simulacros de IPSOS y de DATUM, esa cifra es ahora 29%.
Es decir, en teoría, habría 10 puntos por distribuir entre los candidatos. De esos 10 puntos, 5 o 6 tendrían que ir a uno solo de los candidatos de izquierda para que pudiera pasar a la segunda vuelta, suponiendo que López Aliaga se mantenga en ese 10%.
Parece difícil. La alternativa es que Roberto Sánchez, por ejemplo, quien ha venido creciendo y tiene su mayor intención de voto en el norte, canibalice a Alfonso López Chau y Yonhy Lescano en el sur, lo que también parece difícil.
Roberto Sánchez podrá seguir subiendo acaso dos o tres puntos, pero no le alcanzará para pasar a segunda vuelta.
Su estrategia consiste en reencarnar a Pedro Castillo, pero su naturaleza impostora se va revelando.
Aunque una carga excesiva contra él de los medios y sectores limeños puede resultar contraproducente.
Más bien quien ha repuntado por encima de los candidatos de izquierda es Carlos Álvarez, que ya está en 7%. Quizá la gente esté viendo finalmente en él el outsider (de la política) que está buscando.
Su posición dura contra la delincuencia y la corrupción, claramente expresada sobre todo en el primer debate, sin duda le ha ayudado.
Podría seguir subiendo y tendría más posibilidades que alguien de izquierda de pasar a la segunda vuelta.
Es posible que el segundo debate entre candidatos presidenciales del lunes último, donde tuvo una buena performance, le sume más apoyo electoral.
Lo mismo en el caso de Keiko Fujimori, con el mensaje de orden, que va más allá del tema de inseguridad. Pues lo que se esperaba luego de la cantidad de ataques que recibió es la que la intención de voto por ella cayera, pero ocurrió lo contrario o mantuvo su intención de voto.
Quizá la victimizaron. Y podría ser una señal de que el anti-fujimorismo o anti keikismo -que no son lo mismo- podrían estar empezando a ceder en alguna medida.
Jorge Nieto, por ejemplo, detuvo su crecimiento luego del primer debate según IPSOS. A mi juicio, desaprovechó en ataques a Keiko Fujimori y a la “coalición de impunidad” su ventaja competitiva sobre la mayor parte de candidatos: su capacidad de expresar propuestas.
A quien sí le habría beneficiado la táctica de atacar ha sido a Fernando Olivera, que salió de “otros” luego del primer debate y ahora figura con 2% en ambas encuestadoras. Pero a quien atacó fue principalmente a César Acuña.
Veremos si la segunda ronda de debates en curso produce algún cambio.
Lampadia






