La Visión de Occidente de Milei difiere de la de Rubio
Jaime de Althaus
Para Lampadia
Es increíble como se está cumpliendo el pronóstico de Samuel Huntington en su libro “El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial” publicado en 1996 y ya adelantado en un artículo de 1993.

Huntington refutaba a Francis Fukuyama, que en 1992 había publicado el célebre libro en el que anunciaba el fin de la historia luego de la caída de muro de Berlín y el triunfo definitivo y para siempre del capitalismo democrático y la democracia liberal.
Para Huntington las diferencias civilizacionales y religiosas son más sustanciales que las ideológicas. Advertía, por ejemplo, una fuerte rivalidad entre la civilización occidental y la islámica y sínica (china), y avizoraba una posible tercera guerra mundial entre la civilización occidental de un lado y Rusia y China de otro.
Ese cuadro no se había manifestado de manera explícita con claridad hasta hace dos años.
Si revisamos los tres discursos de Javier Milei en Davos, algunas intervenciones de Donal Trump y el reciente discurso de Marco Rubio en la conferencia de seguridad de Munich, lo que vemos es un llamado muy fuerte a recuperar los valores fundamentales de la civilización occidental para reconstruir su fortaleza frente al avance de la civilización china, la migración islámica y a la amenaza rusa, aliada de China.
Esta batalla política o geopolítica de base identitaria se ha manifestado incluso en nuestro país, cuando el departamento de Estado y el propio embajador norteamericano califican a las empresas chinas en el Perú de “depredadoras”. Algo sin precedentes.
Estados Unidos ha transitado en algo más de un año del “Make America Great Again” de Donald Trump al “Make the West Great Again” que le reclamó hace varios meses Georgia Meloni en una reunión en la Casa Blanca. Y el encargado de hacerlo ha sido Marco Rubio.
Pero quien comenzó fue Javier Milei en su discurso en Davos el 2024, donde sostuvo, con argumentos que recogían 2 mil años de historia, que Occidente había empezado a declinar desde que abandonó o restringió el capitalismo de libre empresa y una tradición que viene desde la época greco-romana y judeo-cristiana basada en el respeto a la familia, a la vida, la libertad individual, la propiedad y la igualdad ante la ley.
De allí se deriva la defensa de la democracia liberal como separación de poderes, la libertad de expresión, el Estado limitado y un mercado libre y abierto sin proteccionismo.
Pero hay diferencias entre la visión mileista de Occidente y la de Trump-Rubio.
De alguna manera Milei defiende una geopolítica basada en la libertad como valor fundamental de Occidente, que en cierta medida replica la geopolítica post segunda guerra mundial entre el mundo libre y los países comunistas. Occidente se define por su apego a la libertad individual, la democracia liberal y la libertad económica.
Trump y Rubio, en cambio, ponen énfasis en reconstruir la capacidad industrial y el control de las cadenas de suministro de insumos críticos de Occidente (Estados Unidos y Europa), y critican las tesis del cambio climático. Occidente tiende a declinar no por haber abandonado las ideas básicas del capitalismo de libre mercado sino por haber deslocalizado sus industrias y perdido su capacidad de generación energética a manos de los ambientalistas. Entonces el Estado debe intervenir poniendo aranceles e incentivos para recuperar esas industrias y esa potencia energética. La vocación es autárquica, proteccionista. Una versión moderna del mercantilismo de los siglos XVII y XVIII.
Es clara la divergencia con la visión de Milei.
El Perú debe alinearse con esta última. Es obvio que una política autárquica en el norte deja a los países emergentes sin un rol claro en la división internacional del trabajo.
Tenemos que generar nuestra propia red de naciones con las que intercambiemos libremente, como ya anunció y está haciendo Canadá, y como veníamos haciendo nosotros por medio de tratados de libre comercio con la mayor parte de economías del mundo.
Lampadia






