Fernando Cillóniz B.
CILLONIZ.PE
Ica, 2 de febrero de 2026
Para Lampadia
Ahora que estamos en pleno proceso electoral – como siempre – reaparecen las encuestadoras de toda la vida. Y con ellas, las mil y una encuestas de opinión ciudadana.
¿Quién lidera la intención de votos para el próximo proceso electoral?
¿Por quién votarán las mujeres?
¿Por quién votarán los jóvenes?
¿Por quién votarán los puneños?
Entre paréntesis; a mí me encanta Puno, su gente, su Mamacha Candelaria… y demás. Pero no entiendo ¿por qué se le da tanta importancia a la votación puneña? En fin…
El hecho es que estamos ante mil encuestadoras de opinión, mil preguntas de coyuntura, mil interpretaciones socioeconómicas, y mil predicciones electorales, cada cual más desacertada que la otra; tal como siempre se demuestra luego de terminadas las elecciones políticas.
A ese respecto, me sorprende la poca capacidad de análisis que tiene mucha gente – la mayoría, en realidad – respecto de los principales problemas que afrontamos los peruanos, donde sistemática y recurrentemente aparece la “Inseguridad Ciudadana”, como el Problema No. 1 del país.
Entonces, aparecen los “Bukele’s Peruanos” como los favoritos para ganar las elecciones presidenciales. Y – ¡cómo no! – la consabida propuesta de “Pena de Muerte”, no sólo para los delincuentes criminales, sino también para los jueces y fiscales que no impongan la pena capital a sus procesados.
Las encuestas de opinión consignan también – aunque siempre por debajo de la inseguridad ciudadana – los problemas económicos (desempleo e informalidad), de salud pública, de educación, y de infraestructura (de agua potable, principalmente).
Pregunto nomás:
¿Por qué creen que la delincuencia, las extorsiones y el sicariato están fuera de control?
¿Por qué hay tanta pobreza e informalidad en nuestro país?
¿A qué se deben los pésimos servicios estatales de salud y educación?
¿Por qué la gente no tiene agua potable continua en sus casas, y tiene que someterse a los vendedores de agua en camiones cisterna?
¿Por qué?

Bueno pues… todos los problemas antes mencionados – y que las encuestadoras repiten y repiten como disco rayado – son todos efectos de una sola causa. Y la causa de todos esos problemas, es la perniciosa corrupción estatal.
Para que se entienda bien, “causa y efecto” se refiere a la relación entre dos eventos, donde uno es la causa y el otro es el efecto. La causa es el motivo o razón que origina un evento, mientras que el efecto es el resultado o consecuencia de esa causa.
En términos simples, cuando ocurre un evento (causa), provoca otro evento (efecto). Esta relación es fundamental para entender cómo las acciones y decisiones pueden influir en los resultados en diversas situaciones.
¿Intindiquichu manachu?
Aclarado el concepto de “causa y efecto”, la inseguridad ciudadana es el efecto de una causa. Y la causa – en este caso – es la corrupción en el Estado. Concretamente, en el Ministerio del Interior, en la Policía Nacional del Perú, (PNP), en el Instituto Nacional Penitenciario (INPE), y en el Ministerio Público y Poder Judicial de nuestro país.
El desempleo y la informalidad laboral son el efecto de la corrupción en las municipalidades y ministerios, atiborrados de funcionarios y burócratas corruptos, que – adrede – enredan a más no poder los trámites y procedimientos de los procesos de inversión y generación de empleos formales; precisamente para extorsionar a los emprendedores.
Las colas de amanecida de los pacientes pobres y la falta de medicamentos y equipos en los hospitales y centros de salud estatales son el efecto de la corrupción en el Ministerio de Salud, en EsSalud, en los Hospitales de las Fuerzas Armadas y Policiales, y en los Gobiernos Regionales encargados de la salud pública en el interior del país.
La pésima educación superior en nuestro país es el efecto de la corrupción en el Congreso de la República – y en el Estado, en general – plagado de políticos involucrados en universidades de pésima calidad educativa. Aquí el problema se agrava porque – además de la estafa académica a millones de jóvenes peruanos – los dueños de dichas universidades tienen sometidos al Ministerio Público y al Poder Judicial, mediante la docencia remunerada de muchos magistrados, que no saben ni lo que hablan.
Peor aún son los “convenios de cooperación interinstitucional” entre dichas universidades y el Ministerio Público y el Poder judicial, mediante los cuales, los jueces y fiscales (y sus familiares) obtienen maestrías y doctorados – sin ningún sustento académico – en “condiciones económicas ventajosas”. Mejor dicho, gratis. ¡Ya pues… qué quieren que les diga!
La corrupción estatal en el sector universitario, también alcanza al propio Ministerio de Educación, y a la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (SUNEDU). ¡Un asco!
La falta de agua potable para millones de familias peruanas es el efecto de la corrupción en el Ministerio de Vivienda y en la mayoría de distritos y provincias de nuestro país, cuyos alcaldes y regidores – la gran mayoría – están involucrados en el vil negocio de la venta de agua en camiones cisterna. ¡Otro asco!
Como puede verse, en todos esos casos, la corrupción estatal es la causa… y todos los problemas son los efectos.
En el Gobierno Regional de Ica (en el período 2015 – 2018) fuimos de frente a la yugular de la diosa corrupción. Y nos fue muy bien. Los directores de los hospitales que maltrataban cruelmente a los pacientes fueron sancionados. Y los corruptos fueron destituidos.
Los gerentes públicos, provenientes de la Autoridad Nacional del Servicio Civil (SERVIR) fueron determinantes en el éxito de nuestra lucha contra la corrupción en el sector salud. Y corregida la causa (la corrupción) todo lo demás vino por añadidura: mejoramos significativamente la calidad de la atención a los pacientes, cuadruplicamos las atenciones, y eliminamos las colas de amanecida… ¡increíble!
Lo mismo sucedió en las demás direcciones regionales, luego de sancionar y destituir a cerca de 500 funcionarios corruptos.
En el sector educación, además de la notable mejora en los aprendizajes de los estudiantes (medido a través de las pruebas PISA), nuestros programas extracurriculares fueron ampliamente valorados por los iqueños: el Coro Sinfónica con cerca de 2,000 niños, la Biblioteca Rodante que recorría toda la región, el Gran Amauta que juntaba a adultos mayores con niños, la Bala Chinchana que promovió la práctica del atletismo, el Centro de Alto Rendimiento de fútbol escolar que nos llevó a lo más alto a nivel nacional en esa categoría, la incubadora TecnológICA que apoyó y descubrió decenas de jóvenes innovadores brillantes… ¡una maravilla!
Pero ahí no quedó la cosa. La “Hermandad del Agua” entre Ica y Huancavelica – liderada por la Dirección Regional Agraria – fue muy beneficiosa para ambas regiones. El golpe mortal que le dimos a la mafia de los brevetes fue ejemplar (Dinámicos del Centro como los de Vladimir Cerrón en Junín, hay en todos lados). Y así, muchos grandes logros fueron conseguidos, luego de corregir la causa (la corrupción en el Gobierno Regional de Ica).
Es verdad. Todo se vino abajo apenas ingresó el nuevo Gobierno Regional – liderado por Javier Gallegos – a partir del 2019. Situación que se mantiene en la actual gestión, liderada por Rocky Hurtado. Pero todo se vino abajo – precisamente – porque volvió la corrupción.
Entonces, repito. La corrupción en el Estado es la causa de todos nuestros males. La inseguridad ciudadana, y todos los demás males, son los efectos de esa causa. Ergo, eliminando la corrupción en el Estado – tal como hicimos en Ica, en el período 2015 al 2018 – ¡santo remedio!
¿Intindiquichu manachu?
Lampadia






