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Lima-Perú, 03/04/2020 a las 09:04am. por Lampadia

Una creciente cuota de poder en ciernes

Los Estados frente al covid 19

Conforme los Estados en el mundo, incluyendo el del Perú, empiezan a desplegar un sinfín de iniciativas monetaria y fiscales para inyectar liquidez en los bolsillos de las personas y de las empresas para mitigar el impacto social del covid 19, sus cuotas de poder en las economías empiezan a escalar a niveles históricos inusitados, nunca antes vistos probablemente desde las guerras mundiales.

Como es de esperar, esta peligrosa transformación del mundo ha pasado desapercibida para la mayoría de los medios internacionales, dada la gravedad de la presente crisis sanitaria, puesto que se han enfocado en informar sobre la efectividad de las políticas anteriormente mencionadas, además de las de contención (ver Lampadia: El mundo está parado), en el corto mediano plazo.

Poco a nada han dedicado sus contenidos a analizar las implicancias que tendría para las sociedades tener a gobiernos cada vez más intrusivos en la vida económica y social de la gente si es que, pasada la pandemia, no se desligan de este enorme peso que aún podrían tener sobre las libertades individuales. El caso más peligroso podría ser pues de que algunos países de corte autoritario abusen de las políticas de vigilancia en las calles y el acceso a los datos personales una vez que se hayan levantado los estados de emergencia, extremando la política emprendida por China para parar en seco el contagio.

The Economist, sin embargo, es de los pocos medios que muestra sus reflexiones al respecto en un reciente artículo que compartimos líneas abajo. En él, deja entrever su preocupación sobre cómo en los próximos años podrían perder terreno las ideas de la libertad frente a las ideas del estatismo en el mundo, si es que se consolidase esta permanencia de poder de los estados.

Es importante notar cómo evolucionará este particular proceso en el Perú en los próximos meses, a propósito de las recientes medidas que ha acometido el presente gobierno para mitigar el impacto del covid 19, como son la entrega del bono de S/. 380 primero a las familias más vulnerables y a 800 mil trabajadores independientes, el fondo de apoyo empresarial por S/. 2,000 a las mypes, por destacar las más importantes. Se debe concientizar a la población que estas medidas son paliativas y temporales, en tanto la actividad económica aún muestre afecciones por los paros, producto de los estados de emergencia.

Como hemos comentado en Lampadia: Más Estado y más libertad económica, es necesario que, una vez que se supere este impasse, el Estado dé  paso a políticas liberales que permitan apuntalar el crecimiento económico y fomentar la recuperación que todos los peruanos esperamos. Estas medidas deben incluir por ejemplo la flexibilidad laboral, en particular, reducir el altísimo costo de la contratación y el despido y simplificar la excesiva normativa laboral que se requiere seguir para erigirse como empresa formal en el Perú. Asimismo, podar de una vez por todas esa maraña regulatoria que imposibilita el crecimiento de las mypes y que actualmente entrampa a sectores tan estratégicos y generadores de empleo al interior del país como la minería.

A igual que The Economist, desde Lampadia somos conscientes que en los próximos años se va a configurar un ataque persistente hacia las ideas de la libertad en el mundo, a propósito de esta crisis sanitaria, que ya vienen venidas a menos en el Perú por los constantes ataques a nuestro modelo económico y la ciega fe que la gente tiene al Estado interventor. Esta fe puede estar justificada en estos tiempos de pandemia, pero en circunstancias normales se ha probado que es desastrosa para la economía. Por ello, seguiremos defendiendo la filosofía liberal a pesar de los contextos cambiantes y retadores que condicionan la economía mundial a esta discusión permanente en el quehacer de la política pública. Lampadia

Todo está bajo control
El estado en el tiempo de covid-19

Se necesita un gran gobierno para combatir la pandemia. Lo que importa es cómo se reduce de nuevo después

The Economist
26 de marzo, 2020
Traducida y comentada por Lampadia

En solo unas pocas semanas, un virus de diez milésimas de milímetro de diámetro transformó las democracias occidentales. Los estados han cerrado negocios y sellado a personas adentro. Prometieron trillones de dólares para mantener la economía con soporte vital. Si Corea del Sur y Singapur son una guía, la privacidad médica y electrónica está a punto de descartarse. Es la extensión más dramática del poder estatal desde la Segunda Guerra Mundial.

Un tabú tras otro se ha roto. No solo en la amenaza de multas o prisión para la gente común que hace cosas comunes, sino también en el tamaño y el alcance del papel del gobierno en la economía. En EEUU, el Congreso está listo para aprobar un paquete que vale casi US$ 2 trillones, el 10% del PBI, el doble de lo prometido en 2007-09. Las garantías de crédito de Gran Bretaña, Francia y otros países valen el 15% del PBI. Los bancos centrales están imprimiendo dinero y usándolo para comprar activos que solían despreciar. Por un tiempo, al menos, los gobiernos buscan prohibir la bancarrota.

Para los creyentes en un gobierno limitado y mercados abiertos, el covid-19 plantea un problema. El estado debe actuar con decisión. Pero la historia sugiere que después de las crisis el estado no cede todo el terreno que ha tomado. Hoy eso tiene implicaciones no solo para la economía, sino también para la vigilancia de las personas.

No es casualidad que el estado crezca durante las crisis. Los gobiernos pueden haber tropezado en la pandemia, pero solo ellos pueden coaccionar y movilizar vastos recursos rápidamente. Hoy son necesarios para imponer cierres comerciales y aislamiento para detener el virus. Solo ellos pueden ayudar a compensar el colapso económico resultante. En EEUU y la zona del euro, el PBI podría caer un 5-10% interanual, quizás más.

Una razón por la cual el papel del estado ha cambiado tan rápidamente es que el covid-19 se propaga como un incendio forestal. En menos de cuatro meses, pasó de un mercado en Wuhan a casi todos los países del mundo. La semana pasada se registraron 253,000 casos nuevos. La gente tiene miedo del ejemplo de Italia, donde casi 74,000 casos registrados han abrumado un sistema de salud de clase mundial, lo que ha provocado más de 7,500 muertes.

Ese miedo es la otra razón para un cambio rápido. Cuando el gobierno de Gran Bretaña trató de retroceder para minimizar la interferencia del estado, fue acusado de hacer muy poco, demasiado tarde. Francia, por el contrario, aprobó una ley esta semana que le otorga al gobierno el poder no solo para controlar los movimientos de las personas, sino también para administrar los precios y requisar bienes. Durante la crisis, su presidente, Emmanuel Macron, ha visto elevarse sus índices de aprobación.

En la mayor parte del mundo, el Estado hasta ahora ha respondido al covid-19 con una mezcla de coerción y peso económico. A medida que avanza la pandemia, también es probable que explote su poder único para monitorear a las personas que usan sus datos. Hong Kong utiliza aplicaciones en teléfonos que muestran dónde se encuentra para imponer cuarentenas. China tiene un sistema de pasaportes para registrar quién es seguro para salir. Los modeladores de datos telefónicos ayudan a predecir la propagación de la enfermedad. Y si un gobierno suprime el covid-19, como lo ha hecho China, tendrá que evitar una segunda ola entre los muchos que aún son susceptibles, atacando a cada nuevo grupo. Corea del Sur dice que el rastreo automático de los contactos de infecciones recientes, utilizando tecnología móvil, obtiene resultados en diez minutos en lugar de 24 horas.

Este gran aumento en el poder del Estado ha tenido lugar casi sin tiempo para el debate. Algunos se asegurarán de que es solo temporal y que casi no dejará huella, como ocurrió con la gripe española hace un siglo. Sin embargo, la escala de la respuesta hace que covid-19 se parezca más a una guerra o la Depresión. Y aquí el registro sugiere que las crisis conducen a un estado permanentemente más grande con muchos más poderes y responsabilidades y los impuestos para pagarlos. El Estado de Bienestar, el impuesto sobre la renta, la nacionalización, todo surgió del conflicto y la crisis.

Como sugiere esa lista, algunos de los cambios de hoy serán deseables. Sería bueno si los gobiernos estuvieran mejor preparados para la próxima pandemia; así también, si invirtieron en salud pública, incluso en EEUU, donde la reforma es muy necesaria. Algunos países necesitan un subsidio digno por enfermedad.

Otros cambios pueden ser menos claros, pero serán difíciles de deshacer porque fueron respaldados por grupos poderosos incluso antes de la pandemia. Un ejemplo es la retirada del pacto de la zona euro que se supone que impondrá disciplina a los préstamos de los estados miembros. Del mismo modo, Gran Bretaña ha tomado sus ferrocarriles bajo el control del Estado, un paso que se supone que es temporal pero que nunca puede retractarse.

Más preocupante es la propagación de los malos hábitos. Los gobiernos pueden retirarse a la autarquía. Algunos temen quedarse sin los ingredientes de los medicamentos, muchos de los cuales se fabrican en China. Rusia ha impuesto una prohibición temporal a la exportación de granos. Los industriales y los políticos han perdido la confianza en las cadenas de suministro. Es solo un pequeño paso desde allí hacia el apoyo estatal a largo plazo para los campeones nacionales que los contribuyentes habrán rescatado. Las perspectivas comerciales ya son escasas; todo esto los nublaría aún más, y la recuperación. Y a largo plazo, una expansión vasta y duradera del estado junto con una deuda pública dramáticamente más alta probablemente conducirá a un tipo de capitalismo más pesado y menos dinámico.

Pero ese no es el mayor problema. Las mayores preocupaciones se encuentran en otra parte, en el abuso del cargo y las amenazas a la libertad. Algunos políticos ya están tomando el poder, como en Hungría, donde el gobierno busca un estado de emergencia indefinido. El primer ministro de Israel, Benyamin Netanyahu, parece ver la crisis como una oportunidad para evadir un juicio por corrupción.

Lo más preocupante es la difusión de la vigilancia intrusiva. La recopilación y el procesamiento de datos invasivos se extenderán porque ofrece una ventaja real en el manejo de la enfermedad. Pero también requieren que el estado tenga acceso de rutina a los registros médicos y electrónicos de los ciudadanos. La tentación será usar la vigilancia después de la pandemia, al igual que la legislación antiterrorista se extendió después del 11 de septiembre. Esto podría comenzar con el rastreo de casos de TB o traficantes de drogas. Nadie sabe dónde terminaría, especialmente si, después de haber tratado con el covid-19, la China loca por la vigilancia es vista como un modelo.

Es posible que se necesite vigilancia para hacer frente al covid-19. Las reglas con cláusulas de extinción y escrutinio incorporados pueden ayudar a detenerlo. Pero la principal defensa contra el estado excesivamente poderoso, en tecnología y economía, serán los propios ciudadanos. Deben recordar que un gobierno pandémico no es apto para la vida cotidiana. Lampadia

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