11 tremendos retos
Pablo Bustamante Pardo
Expresidente de IPAE
Director de Lampadia
Acabamos de terminar un año en el que los peruanos hemos sentido algunas mejoras, tanto en lo económico como en las expectativas de futuro.
Como explica Urpi Torrado de Datum (Una mirada al nuevo año):
“Los peruanos aún mantienen la expectativa de que las cosas pueden mejorar”.
La encuesta global de fin de año (EOY, End of Year) de GIA, en la que participa Datum, mide tres indicadores claves: esperanza, expectativas económicas y la opinión en torno a la paz mundial. Mientras algunas sociedades avanzadas parecen haber entrado en una fase de expectativas planas, el Perú sigue siendo un país donde el futuro se percibe como abierto e incierto.
A escala global, el indicador de esperanza cae de manera clara frente al año anterior, mientras que el Perú destaca con un aumento significativo, ubicándose muy por encima del promedio mundial.
Esta brecha también se replica en el plano económico. El Perú se encuentra entre el reducido grupo de países que aún mantiene una expectativa económica netamente positiva, lo que refuerza la idea de un optimismo moderado pero persistente, incluso en un escenario internacional complejo.
El indicador más crítico es el geopolítico. A escala global, la expectativa predominante es que el mundo será un lugar más conflictivo en el 2026, convirtiéndose en el indicador más pesimista de los tres. Frente a este panorama, el Perú vuelve a desmarcarse: se ubica entre los cinco países más optimistas respecto a la paz mundial.
Fuente: El Comercio, 1 de enero de 2026
IPSOS también muestra algunos indicadores favorables:

- 65% de los jóvenes considera que en general están mejor que sus padres a la misma edad
- 51% considera que tiene mayor seguridad/estabilidad
- 73% considera que tiene un mejor nivel educativo
Fuente: Perú21, 29 de diciembre, 2025
Mirando más allá
Pero lo último que debemos hacer es, como hemos hecho tantas veces, conformarnos, relajarnos, y no mantener, con realismo, el piso caliente, poniendo en nuestras pupilas y pantallas aquellos indicadores que marquen con claridad nuestra ubicación en el concierto internacional.
Debemos dejar de compararnos con los países vecinos, o con los países en desarrollo. El Perú, con sus múltiples y abundantes recursos naturales, su espléndida geografía, y la naturaleza resiliente y emprendedora de su población, tiene todas las capacidades para ranquearse con los referentes significativos de desarrollo, como Singapur, Nueva Zelanda, Corea del Sur e Irlanda.
Afortunadamente, una reciente publicación del Consejo Privado de Competitividad (El Comercio, 30 de diciembre, 2025), que explica las brechas de competitividad entre nuestras regiones, incluye también un cuadro extraordinario para marcar nuestra ubicación relativa versus el mejor de la región y el mejor del mundo, según 11 muy importantes indicadores.

Reflexionen unos segundos sobre el significado e impacto de cada indicador.
……….
Como pueden ver, nuestra posición es pobrísima. Da vergüenza que con todo nuestro potencial hayamos hecho tremendo papelón, manteniendo a nuestra población en condición de ciudadanos disminuidos del mundo.
No voy a repetir todo lo que tenemos que hacer para estar mucho mejor, como corresponde, pero si voy a repetir el daño con el que nos lastraron pésimos gobiernos:
- 30 años perdidos en los 60, 70 y 80s con el socialismo de la dictadura velasquista y los gobiernos de Belaunde II y García I, alejados del mundo del desarrollo y con facturas que todavía seguimos pagando.
- 15 años perdidos desde el 2011 con Humala, PPK, Vizcarra, Sagasti, Castillo y Boluarte, cuando los enemigos de la economía de mercado encontraron un padrino (Mario Vargas Llosa) confundido, con el que lograron parar la inversión privada, frenar el crecimiento de la clase media (odiada por las izquierdas latinoamericanas), y confundir la mente de los peruanos con el germen del socialismo empobrecedor.
El daño hecho al país, las oportunidades perdidas, y la desorientación consecuente sobre el camino de la prosperidad, requieren ahora ciudadanos valientes, que digan la verdad, que se comprometan en poner el hombro para apurar un proceso intenso y sostenido de desarrollo integral.
No podemos seguir manteniendo esas brechas de infraestructuras, de crecimiento, seguridad, educación, salud, ciencia y justicia.
No podemos seguir con el divorcio entre el Estado y el sector empresarial.
No podemos seguir con una clase dirigente, política, académica y mediática, impregnada de agendas perversas, torpes o interesadas.
Y tampoco podemos seguir con una clase empresarial que se conforme con el rendimiento de sus negocios y no se involucre en la búsqueda de la modernización efectiva del país, el crecimiento de la economía, la transformación de los servicios públicos, la seguridad ciudadana y la acción política, directa o indirecta.
Ahora nos la jugamos de verdad.
El reto del desarrollo no es como tratar de clasificar a la próxima copa de futbol.
El reto del desarrollo es un compromiso de vida, una acción continua para hacer con el regalo divino de la peruanidad, uno de los mejores países de Hispanoamérica y del mundo para formar nuestras familias y nuestras empresas.
Nuestro reto para relanzar el Perú, no es poca cosa. Foco y perseverancia.
¡Nuestros mejores deseos para este muy importante año 2026!!!
¡Viva Venezuela Libre!!!
¡Viva el Perú!!!
Lampadia






