Jaime de Althaus
El Comercio, 11 de abril del 2026
“No podemos seguir cayendo en el mismo pozo una y otra vez, teniendo un futuro brillante por delante”.
Es increíble que existiendo todas las condiciones para que pasen a la segunda vuelta dos opciones de derecha o de centro-derecha, exista ahora la posibilidad de repetir algo parecido al escenario del 2021. Evo Morales no hace campaña en el sur, el “modelo boliviano” se hundió, la economía está ahora bastante mejor y el problema agudo es más bien la inseguridad, todo lo cual debería favorecer a una opción de derecha. La propia sociedad se ha derechizado, según un estudio de Carlos Meléndez a partir de encuestas de autoidentificación ideológica realizadas el 2021 y el 2026.
Que pueda ocurrir que el país no aproveche su propio movimiento a la derecha para volver a crecer a tasas altas y derrotar a la criminalidad es consecuencia, entre otras cosas, de la excesiva fragmentación de la oferta electoral en general y de la derecha en particular. La reforma del 2019 permitió la inscripción de partidos con solo 24 mil firmas, pero había un filtro de modo que luego de las primarias obligatorias (PASO) solo pasaban a la elección general unos pocos partidos. El Congreso derogó las PASO, pero no puso ningún filtro. Nos quedamos con más de 40 partidos y 36 candidatos presidenciales, incrementando el sentimiento de anomia y de rechazo de la gente a los políticos y a la política, rechazo agravado por una campaña negativa masiva (#PorEstosNo) orquestada por los mismos que polarizaron y alimentaron el descrédito de la clase política aplaudiendo la disolución del Congreso por Vizcarra y la persecución política ejecutada por el equipo Lava Jato.
Entonces en ese páramo autogenerado emerge una opción del mundo del entretenimiento y las comunicaciones como Belmont, preñado de un izquierdismo letal asolapado. Es la lotería. También hay responsabilidad de la derecha, que no fue capaz de unirse en su momento y ahora algunos hablan de voto estratégico en favor de Álvarez y otros de consolidar el voto por Keiko.
Estos cinco años que vienen son la oportunidad para volver a dar el gran salto de crecimiento y desarrollo, si es que recuperamos la estabilidad política poniendo fin al ciclo anárquico de vacancias, renuncias y disoluciones congresales y hacemos las reformas estructurales que hay que hacer. Con los precios internacionales de los minerales, superiores aun a los que tuvo Alan García, deberíamos estar creciendo a las tasas que consiguió García, de 8 o 9%, reduciendo la pobreza a razón de cuatro o más puntos por año. Pero eso solo se lograría con estabilidad y con reformas estructurales que tendrían que ser aprobadas por un Congreso en el que el gobierno reformista tenga mayoría, propia o por coalición.
Alguien como Belmont anularía todo ese potencial. Se presenta como marginado y perseguido por el sistema, propone regresar a la Constitución del 79, “revisar y renegociar los contratos sobre recursos naturales”, critica los tratados de libre comercio y defiende el proteccionismo velasquista. La receta para el empobrecimiento colectivo, que ya sufrimos y no aprendemos.
Ojalá Dios nos ilumine mañana. No podemos seguir cayendo en el mismo pozo una y otra vez, teniendo un futuro brillante por delante.






