Felipe Cantuarias
El Comercio, 9 de abril del 2026
“El desafío es construir un sistema más resiliente, con mayor diversificación de fuentes de gas y mejor preparado para contingencias”.
La contingencia de marzo ha puesto en evidencia la importancia del gas natural para el Perú y abre una oportunidad para fortalecer el sistema energético nacional. Su rol en la generación eléctrica, la industria, el transporte y el consumo doméstico confirma que es un recurso clave para la competitividad y el desarrollo del país.
Tras la última emergencia energética, entender las responsabilidades puntuales resulta necesario, pero insuficiente si se pretende abordar una pregunta más estructural: ¿por qué el Perú no ha construido una estrategia sólida de seguridad energética?
Cuando una contingencia logra tensionar el abastecimiento de un recurso que contribuye a generar el 40% de la electricidad que consume el país, impacta los precios (también influidos por factores internacionales) y genera incertidumbre en la economía, lo que queda en evidencia no es únicamente un problema operativo, sino una vulnerabilidad sistémica.
La seguridad energética no depende de un solo eslabón, sino del funcionamiento articulado de la cadena: exploración, producción, transporte, almacenamiento, distribución, mecanismos de respaldo y de un Estado que incentive el desarrollo del sector.
Recientemente se ha planteado la necesidad de infraestructura redundante, como un ducto adicional. Sin embargo, una revisión técnica muestra que el estándar no es duplicar la infraestructura, sino diseñar sistemas con capacidad de respaldo, redundancia operativa y mantenimiento que aseguren altos niveles de disponibilidad.
Hoy, esa mirada integral está ausente. La principal debilidad es el limitado dinamismo en la exploración y en la incorporación de nuevas reservas. Sin una base de recursos más amplia, cualquier esfuerzo por fortalecer la infraestructura será incompleto. En la práctica, esto se traduce en la ausencia de una verdadera diversificación de fuentes de suministro de gas.
La experiencia internacional muestra que los sistemas más robustos combinan infraestructura, recursos y reglas estables. Sin ese marco, la seguridad energética queda expuesta a la incertidumbre y se postergan decisiones claves.
El desafío es construir un sistema más resiliente, con mayor diversificación de fuentes de gas y mejor preparado para contingencias. No se trata de copiar modelos externos ni de apostar por esquemas inviables. La seguridad energética exige decisiones técnicamente sólidas, pero también eficientes en términos de costo-beneficio.
El Perú ha avanzado en masificar el gas natural, pero no ha desarrollado una estrategia integral para asegurar su sostenibilidad. Esa es la brecha que hoy queda expuesta y que el país no puede seguir postergando.






