Anibal Quiroga
Perú21, 14 de febrero del 2026
«Al final de cuentas es el elector quien debe estar informado. El elector es quien debe votar conscientemente sin ser sujeto de una mayor o menor propaganda… La propaganda jamás podrá suplir a la realidad».
Los economistas dicen, con la crudeza que arrojan los números, que no hay “lonche gratis”. En el mundo real nada es gratis ni fluye por sí mismo. Todo tiene un costo. Y el costo se paga. Lo que se consume cuesta debiéndose generar los recursos para pagarlo. Cuando lo primero supera a lo segundo entramos en “déficit”. Gastar más de lo que se tiene.
El “Estado de Bienestar” es una política pública de antaño, generada en la posguerra para enfrentar al ideal socialista. Si bien no postula la igualdad absoluta en la sociedad, promueve la participación de un Estado tuitivo para compensar las “asimetrías” generadas por el disímil funcionamiento de la economía. Ya avanzados en el siglo XXI está claro que el Estado de Bienestar ha llegado a su fin. Ha generado graves desequilibrios que todos terminan pagando, como hoy ocurre en la vieja Europa.
Las políticas públicas no soportan el protagonismo estatal en reemplazo de las reglas de la economía. La economía social de mercado es un modelo más justo y equitativo para compensar las necesidades básicas de una sociedad, a diferencia del Estado de Bienestar en donde esas compensaciones en un esquema redistributivo solo provendrán de los impuestos.
Vivimos el tránsito del Estado de Bienestar hacia el Estado social de mercado en el que las reglas económicas deben compensar las dificultades. Solo cuando claramente el mercado no cubra las necesidades sociales, el Estado deberá participar en forma subsidiaria echando mano a los impuestos.
El Perú tiene un modelo híbrido. Su fortaleza económica se encuentra soportada en la informalidad. Somos un país semiformal. Tenemos un Estado semiprotector del bienestar. Algunos aspectos se rigen por la economía social de mercado y otros por la intervención directa del Estado. No hemos alcanzado un adecuado equilibrio. Por eso los serios déficits en el apoyo social del Estado y en la respuesta de la economía hacia la sociedad.
Lo que ha ocurrido con la franja electoral constituye una prueba del fracaso del Estado de Bienestar. Se suponía que, para igualar la competencia electoral, los genios de su reforma de la época de Vizcarra decidieron prescindir de la subvención privada y que se fuera al apoyo estatal igualitario para todos los candidatos. En el papel parecía maravilloso y equitativo. En la realidad no.
Proliferaron seudomovimientos de “cartón piedra” solo para obtener los beneficios del Estado de Bienestar. Para “autoproveerse” un ingreso irregular. La participación del Estado en la propaganda electoral ha fracasado. Debería ser retirada permitiendo que cada candidato se la provea lícitamente y del mejor modo.
Al final de cuentas es el elector quien debe estar informado. El elector es quien debe votar conscientemente sin ser sujeto de una mayor o menor propaganda. No hemos aprendido del fracaso electoral del Fredemo en los 90. La propaganda jamás podrá suplir a la realidad.






